Venezuela

Bodegones se extienden en la economía como negocio con menos trámites burocráticos

Los precios de los artículos importados superan con creces los que estos tienen en sus sitios de origen / Foto: Cortesía

Una cola de langosta congelada en 45 dólares y un salmón en 59 dólares son algunas de las exquisiteces que se consiguen en el bodegón de Cine Citta, una heladería y restaurante ubicado en Bello Monte, en el este de Caracas, donde todos los productos son importados y sus precios están expresados en dólares. Es uno de los negocios más conocidos en la capital dentro del nuevo ramo en expansión.   

Cuatro cajas registradoras, seis largos pasillos, una charcutería, neveras y vidrieras surtidas de sofisticada mercencía forman el exclusivo establecimiento, uno de tantos que han abierto en medio de la peor crisis económica que ha atravesado el país, con seis años de contracción de casi un 60% de su producto interno bruto (PIB) y una hiperinflación de 4.580% en los primeros nueve meses del año, de acuerdo con el Banco Central de Venezuela (BCV).   

Los estantes de uno de los pasillos estaban repletos de diferentes marcas y presentaciones de cereales. Incluso de algunos que se fabricaban en el país hasta que las transnacionales decidieron irse de Venezuela. Una caja pequeña de Special K de Kellogg’s salía en 6 dólares, mientras que la etiqueta que marcaba el precio de un par de bolsas de Oreo O’s, de 907 gramos, decía que el producto costaba 12 dólares.   

La mayoría de los consumidores que estaban en la tienda sólo daba vueltas y observaba los productos.   

Lo que más se llevaba la gente que sí iba a comprar era panettones. “Nosotras nos llevamos tres cada una”, dijo una cliente que andaba con otra mujer. Ambas compartían una cesta donde habían metido seis cajas del pan dulce navideño. “Mucha gente viene para aprovechar algunas oportunidades. Venezuela es moda. Uno compra donde compra todo el mundo. Nosotras vinimos porque sabemos que hay oferta. Aquí el panettone nos cuesta 2,99 dólares cuando en otros sitios vale 5 dólares”.   

“Si uno tiene el dinero es chévere venir a estos sitios, si no, pasas rabia e incluso resentimiento”, añadió su compañera.   

Los otros pasillos estaban abastecidos de leches de almendras y de coco, cervezas italianas y alemanas, pastas, sopas instantáneas, salsas de tomate, latas de cacao en polvo para preparar merengadas, productos para la limpieza del hogar y chucherías. Las neveras estaban llenas de botellas de agua, cervezas importadas, latas de refresco y bebidas energizantes.   

A lo largo de una de las vidrieras había productos de higiene personal. Una presentación de 226 gramos de la crema dental de Colgate Palmolive costaba 6 dólares. Un desodorante roll-on (de bolita) para damas,  de 39,6 gramos, costaba 3 dólares, mientras que un frasco de spray de 200 ml para caballeros tenía un precio de 5 dólares.   

Lo único que sacaba de la burbuja a las personas que se encontraban en el lujoso bodegón era que de vez en cuando se iba la luz. En menos de una hora, después de la 1:00 pm de ese sábado, hubo dos fallas en el servicio, las cuales por unos segundos paralizaban la actividad del comercio y lo dejaban completamente oscuro, hasta que la planta eléctrica se activaba y las personas retornaban a la burbuja.   

“Esto parece un Makro. Casi nadie paga en bolívares. Aquí todo se responde en dólares”, expresó una de las trabajadoras del Cine Citta, donde sólo le pagan salario mínimo y 20 dólares quince y último a pesar de que venden costosos productos. “Eso no me rinde. Yo que tengo dos hijos y vivo alquilada a mí no me alcanza”.   

Uno de los productos que estaban a la vista al entrar en el establecimiento era un carrusel navideño de lujo, que según la etiqueta costaba 300 dólares sin IVA. También tenían árboles artificiales de Navidad de 2,2 y de 3,6 metros, que costaban 600 y 1.200 dólares, respectivamente.   

Negocio en expansión

Fue a mediados de 2018 que los bodegones emergieron con fuerza en el escenario comercial. Se iniciaron tímidamente en zonas con alto poder adquisitivo o en hoteles cinco estrellas. Luego poco a poco se fueron extendiendo en centros comerciales o formando parte de tiendas pertenecientes a otros ramos, y ya se han convertido en una oportunidad de negocio en medio de la hiperinflación.   

En estas ventas de productos de marcas importadas, los precios, la mayoría de las veces en dólares, superan con creces los de sus sitios de origen. El envío  desde Estados Unidos  hasta Caracas puede aumentar hasta en cinco veces el costo de la mercancía.   

El economista Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica, sostiene que tanto el rezago cambiario –que la inflación en bolívares vaya mucho más rápida que la devaluación del tipo de cambio– como la exoneración del pago de impuestos a varios productos importados, aprobada en julio de 2018 por el gobierno de Nicolás Maduro, son dos factores que explican el fenómeno.   

“El año pasado el Gobierno decretó una política de fronteras abiertas. Prácticamente le quitó todos los pagos arancelarios a más de siete mil productos que podían entrar con total libertad al país”.   

El especialista  señala que el tipo de cambio en Venezuela está muy por debajo si se compara con su valor de equilibrio, es decir, “con lo que debería estar en grados de competitividad”. “Dicho de otra manera, el producto importado es más fácil venderlo. Sale mejor traerlo que ponerse a fabricar acá con todas las trabas. Es un grave problema para la industria local”.   

En agosto de 2018 la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), apropiándose competencias del parlamento nacional, derogó la Ley de Ilícitos Cambiarios, afirmando que el propósito era otorgar a las personas naturales y jurídicas “amplias garantías para el desempeño en el modelo de desarrollo socioeconómico productivo del país”. Semanas más tarde, en septiembre, el Banco Central de Venezuela (BCV) publicó un convenio cambiario que establece la “libre convertibilidad de la moneda extranjera” así como “un tipo de cambio de referencia de mercado único”. Los bodegones de la capital se guían por la tasa de cambio que promedian indicadores informales en las redes sociales.   

“Es contradictorio que exista un bloqueo y tengas tantos bodegones con productos importados de EE.UU.”, dice el economista Ángel Alvarado.   

“El gobierno de Nicolás Maduro ha creado una sociedad desigual, entre una élite con financiamiento en divisas y otra que tiene que mirar desde lejos los artículos ofertados en los bodegones”, explica el diputado de Primero Justicia.   

Desde 2013, el PIB de Venezuela se ha contraído más de  50%, según cifras del BCV, lo que deja en claro que la crisis no se ha superado.   

“La imposibilidad del sector comercial de acceder al crédito, fundamental como capital de trabajo, ha hecho que la economía se desacelere dramáticamente (…) en el tercer trimestre del año tenemos una contracción de 43%, esto es en lo que cayeron todas las economías europeas durante la segunda guerra mundial”.   

Alejandro Vivas, presidente de la Cámara Venezolana de Franquicias, expresa que recientemente los bodegones han tomado un auge importante en el mercado del país.

 “Hay una aparición de gran cantidad de bodegones, con gran ventaja preferencial en el precio de importación que compiten con los negocios establecidos”.   

Menos trabas burocráticas

“Ante la falta de alimentos procesados en el país se abrió paso a una oportunidad para traerlos y venderlos a quien no quisiera dejar de comerlos (…) Pero aquí en Venezuela el problema de desabastecimiento persiste. Que en un anaquel, supermercado o un establecimiento de lujo vendan un cereal de Oreo que cuesta 500 mil bolívares no resuelve para nada la falta de cereal normal de las marcas que el usuario estaba acostumbrado a comprar a un precio adecuado”, afirma el presidente de Consecomercio, Felipe Capozzolo.   

Al utilizarse  una metodología de importación distinta a la tradicional, se pone en clara desventaja y de manera perjudicial a los industriales que aún mantienen sus negocios en el país.   

“Es una competencia desleal, te lo pueden decir los industriales, pero también es una competencia desleal para los comerciantes formales”, dice en relación con los bodegones que no pagan impuestos y cuentan con ciertos permisos para importar.   

Capozzolo confirma que la importación de productos usando el método de “puerta a puerta” -importación y entrega personalizada- reduce drásticamente los trámites burocráticos para el ingreso al país, “contando con ciertas dispensas que les posibilita traer cualquier producto sin cumplir con los permisos”.   

Los “door to door” no requieren, por ejemplo, “del permiso sanitario indispensable para prevenir “los peligros para la inocuidad y salubridad que ocurren durante la elaboración, envasado, almacenamiento y transporte de los alimentos manufacturados para el consumo humano”, explica.   

Según el reglamento general de alimentos de 1996 del Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria en Venezuela, si la carga a importar no excede los 2 mil dólares en productos, el documento es innecesario. Sólo es una exigencia cuando el monto es superior y corresponde hacer trámites fiscales de importación de acuerdo con la resolución que regula los servicios de mensajería internacional courier publicada en la Gaceta Oficial Nº 36.127.   

“Las autoridades sanitarias son las que deben responder si se corre un riesgo o no. Se supone que si ellos están dando permiso y unas dispensas es porque no tiene ningún riesgo. Cabe destacar que estas leyes no amparan la importación de mercancía pirata, ni copias”, apunta Capozzolo.   

Al poner en contraste los números, resulta más costoso el monto de apertura de una sociedad mercantil, correspondiente a abastos y bodegas.   

En diciembre de 2018 se emitió el Decreto N° 3.733 en Gaceta Oficial Extraordinaria Nº 6.423 que establece  hasta el 31 de diciembre del 2019  la exoneración de pagos de Impuestos de Importación y Tasa por determinación del régimen aduanero a importaciones definitivas de productos de la industria de alimentos, productos de higiene personal, limpieza del hogar y medicamentos realizadas por personas naturales y jurídicas con recursos propios, así como por la administración pública nacional.

De esta forma, se legaliza y facilita la importación de artículos que ya no deben obtener otro tipo de registros ni permisos.

Según Ecoanalítica, en octubre de 2019  54% de las transacciones en Venezuela se hicieron con una moneda diferente al bolívar.   

“El Gobierno seguirá permitiendo la circulación de la moneda porque le bajará presión a la situación interna, esconde una ventaja política para Maduro”, dice Asdrúbal Oliveros, quien añade  que en la fórmula de los bodegones el envío de productos de EE.UU. a Caracas puede aumentar hasta en cinco veces el costo de la mercancía.   

“Hay unas fases antes de que ese producto llegue al consumidor final y en todas esas fases se van imputando costos y margen de ganancia”.

Caracas / Rafael Arias

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