Venezuela

Cesta alimentaria se disparó 4.853,7% en 2019 y el salario integral rondó los $6

En diciembre de 2019, la canasta alimentaria se ubicó en 15 millones 252 mil 586 bolívares / Foto: Cortesía

“Hemos dicho que el Gobierno está aquí para proteger al pueblo”, afirmó Nicolás Maduro durante la presentación de su memoria y cuenta el pasado 14 de enero ante la oficialista Asamblea Nacional Constituyente (ANC), donde una vez más aseguró que el Ejecutivo ha protegido a la población al hacer varios incrementos de sus ingresos.   

Sin embargo, pese a que durante el año pasado ajustó tres veces el salario integral –sueldo mínimo y bono de alimentación–, el poder adquisitivo de los venezolanos siguió pulverizándose como consecuencia del proceso hiperinflacionario que sufre el país desde finales del año 2017.   

Y eso se evidencia cuando se compara el ingreso con lo que cuesta cubrir las necesidades mínimas de alimentación, sin incluir otros gastos de una familia como salud, educación, vestido y calzado y servicios públicos. En enero de 2019, cuando el salario integral estaba en Bs 19 mil 800, se necesitaban 45,82 ingresos integrales para cubrir el costo de la canasta alimentaria familiar, referida a una familia de cinco miembros, que en ese mes se ubicó en Bs 907 mil 289,28, de acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).   

A finales de año y luego de dos alzas salariales más (a Bs 40 bolívares en abril y a Bs 150 mil en octubre, sin contar el cesta ticket), en diciembre se requirieron 50,84 salarios integrales para poder adquirir la cesta.   

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2019, el costo de la canasta alimentaria calculada por el Cendas pasó de Bs 307 mil 905,97 a Bs 15 millones 252 mil 586 bolívares, lo que significa un aumento de 4.853,7% en un año. Este incremento refleja la alta inflación que vivió el país durante 2019, que hizo polvo cada uno de los tres aumentos salariales.   

Al evaluar las cifras en su equivalente en dólares, se tiene que -tomando en cuenta la cotización paralela-, los ingresos integrales (salario más cestaticket) fluctuaron entre $2,5 y $11,57, lo que equivale a un promedio de $6,3 en el transcurso del año, mientras la canasta alimentaria  osciló entre $207,25 y $448,46 para arrojar un promedio de $318,07 a lo largo de los 12 meses.   

El diputado Ángel Alvarado, economista y miembro de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (AN), advierte que mientras no haya un cambio político, los trabajadores venezolanos seguirán teniendo salarios mínimos que oscilarán entre 2 y 3 dólares.   

 “Todos quisiéramos que un trabajador venezolano ganase como salario mínimo 500 dólares o 1.000 dólares o 7.000 dólares, pero eso no se logra con decreto, sino se logra con crecimiento económico, con inversión, con innovación, con una economía que se abra al mundo, y eso no es posible mientras no ocurra un cambio político, es decir, que el país se reinstitucionalice y que haya estado de derecho”.   

De los tres aumentos del sueldo base aprobados el año pasado, Maduro sólo anunció uno. Fue el 14 de enero, cuando dijo en su discurso ante la ANC que el sueldo base subiría de Bs 4 mil 500 a Bs 18 mil, un aumento de 300%. Los otros dos ajustes de 2019 los confirmó por Twitter el constituyente y exministro de Trabajo, Francisco Torrealba.   

Una sociedad desigual   

Según Alvarado, la inflación tan elevada que registra el país genera algo muy negativo en la sociedad: la exclusión. “Venezuela es el país más desigual del mundo, por encima de Sudáfrica”, pues en este momento hay un grupo que tiene acceso a dólares y una inmensa mayoría que no se puede proteger de la hiperinflación, lo cual “genera una sociedad con una gran desigualdad”.   

Luis Zambrano Sequín, doctor en Economía e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), coincide con Alvarado al asegurar que la economía se ha “dualizado”. “Hay una economía que opera con bolívares y otra con dólares y eso ha generado una enorme desigualdad y eso va a continuar. Mientras quienes se han ido se vayan consolidando en los países a los que llegaron, aumentará el ingreso de remesas y la dependencia de esas remesas”.   

Según un estudio realizado en octubre por la firma Ecoanalítica, sólo 15% de la población percibe dólares de manera permanente y 35% tiene acceso a divisas, pero no en cantidades suficientes como para cubrir sus gastos. El restante 50%, es decir, la mitad de la población, gana únicamente en bolívares y depende del Estado, por lo que es el grupo más vulnerable a la hiperinflación.   

El experto considera que la tasa de inflación probablemente va a seguir siendo muy alta, la má selevada del mundo, pero seguramente también va a ser bastante menor a la que se experimentó en 2019 “y eso es producto de la dolarización”. “En la medida en que el bolívar deja de ser usado y la economía se dolariza más, la tasa de hiperinflación también tiende a reducirse, pero seguirá siendo una tasa de inflación muy alta para los estándares internacionales. Con toda seguridad vamos a seguir siendo el país más inflacionario del mundo”.   

“La dolarización ha permitido que algunas áreas se hayan reactivado porque simplemente se levantaron las restricciones que impedían a los sectores que se desempeñaran. Esto ha generado esa visión de que tuvimos una especie de recuperación, pero la realidad es que eso está circunscrito al área comercial y se ve sólo en grandes ciudades como Caracas”.   

Aclara que la dolarización no es producto de un proceso de recuperación, sino de un fracaso enorme en las políticas económicas que han terminado por hacer que el bolívar pierda completamente su significado. “Lo que sucede es que, ante el proceso hiperinflacionario y el deterioro institucional, el Gobierno ha perdido el control sobre sus políticas y sobre las medidas que ha venido tomando. De hecho, la economía ha terminado en una situación en la que los controles de precios, de tasas de interés y los controles en general han perdido cualquier significación”.   

Durante el año pasado, el Ejecutivo tomó algunas medidas en un intento por ralentizar el incremento de los precios, como la contención salarial y la restricción del crédito. No obstante, el país sigue sufriendo la inflación más alta del mundo. En diciembre la variación fue de 33,1%, lo que llevó a que Venezuela cerrara 2019 con una inflación de 7.374,4%, de acuerdo con la Comisión de Finanzas de la AN, que desde 2017 calcula su propio Índice Nacional de Precios al Consumidor (Inpc), dada la política de ocultamiento que mantuvo el Banco Central de Venezuela (BCV) desde 2015.   

“Nos mantenemos en una senda de alta inflación, por debajo de 50%, pero de alta inflación”, expresó Alvarado. Explicó que la política de contracción del crédito que ha aplicado el BCV a través del encaje bancario marginal, como parte un plan diseñado por el Gobierno para contener el precio del dólar y frenar la inflación, hizo que la variación de precios en 2019 fuera menor que en 2018, año que cerró con una inflación de 1.698.844,2%. Sin embargo, la administración de Maduro la ha controlado a costa de generar una mayor contracción de la economía, que en los últimos seis años ha caído casi un 60%, según el Banco Central.   

Asamblea Nacional reportó que el país cerró el 2019 con una inflación de 7.374,4% / Foto: Cortesía

Sin crédito   

 La Comisión de Finanzas del parlamento calcula que en 2019 la economía venezolana se contrajo 43%. Alvarado señaló que esa “gran caída” se debió en gran medida al encaje legal, que impide que el sistema financiero pueda prestar al sector agrícola e industrial, lo cual tiene un efecto importante sobre la producción de bienes. “El encaje legal paró la economía casi en seco”.   

En efecto, de acuerdo con la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria), uno de los factores que más perjudicó la producción en el país durante el tercer trimestre de 2019 fue la falta de acceso a financiamiento. Los resultados de la Encuesta de Coyuntura realizada por el gremio, correspondiente al tercer trimestre del año pasado, muestran que otros factores que afectaron al sector manufacturero fueron la incertidumbre en el escenario político e institucional, la competencia “desleal” de productos importados, la precariedad de los servicios básicos (electricidad, agua, teléfono e Internet) y la baja demanda nacional, aspecto que se ha mantenido en el último año como el principal problema que enfrenta la industria nacional, que opera apenas a 20,6% de su capacidad instalada.   

Según un informe de Primero Justicia (PJ), divulgado por el diputado y economista José Guerra, el crédito bancario prácticamente se ha extinguido, “tal como cabría esperar con una política de encaje tan estricta y por el efecto desplazamiento que hacen los bancos al ser obligados a prestarle al BCV en lugar de al sector privado”.   

 “Ello ha determinado que el multiplicador bancario en diciembre de 2019 se situó en 1,28 con lo cual, por cada bolívar emitido por el BCV, la banca apenas otorgó veintiocho centavos en crédito. En 2014 el multiplicador bancario alcanzó un valor de 2,70 y entre los años noventa y la década de 2000-2010, ese indicador osciló entre 3,5 y 4. Ello expresa la significativa reducción del crédito y sin este no hay crecimiento de la economía”.   

 Alvarado, también dirigente de Primero Justicia,  expresó: “Nosotros tenemos que decir que, aunque a final de año se vendió una sensación de normalidad, de recuperación, que el país estaba arrancando, la verdad es que todos los indicadores muestran que eso no ha ocurrido”.   

De acuerdo con su apreciación, 2019 puede ser “el peor año de la economía venezolana desde los tiempos de las guerras del siglo XIX”.

“Casi el peor año por mucho desde que se dan estadísticas en Venezuela, a pesar de medidas como la desaplicación de los controles de cambio y de precios y a la menor persecución al sector privado, la economía no se recupera porque no ha habido un cambio político”.   

Según el informe de PJ, en 2019 la actividad económica reflejó una contracción de 43% y las reservas internacionales del BCV “acusaron una declinación de 15,5% para situarse en US$ 7.462, al cierre del año”. “Como resultado de ello, las remuneraciones reales de los asalariados disminuyeron y el salario mínimo mensual se ubicó en US$ 3,00 al finalizar el año. Desapareció el crédito bancario y la dolarización informal de la economía ha profundizado la desigualdad social”.

Caracas / Carlos Seijas

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