Tiempo Libre

De la fotografía nace un proyecto que brinda esperanza a los niños

Samir Aponte enseña a los niños a tomar fotografías / Foto: Cortesía Samir Aponte

Niños Reporteros. Ese es el nombre del aporte social que realiza en Barcelona el reportero gráfico Samir Aponte.

Desde hace aproximadamente cinco años instruye y comparte con los niños de Las Bateas de Maurica, una comunidad humilde, ubicada al final de la autopista Fabricio Ojeda en la capital anzoatiguense.

Mediante este proyecto, Aponte ha podido colaborarles con alimentos, ropa y juguetes. No obstante, su norte es educarlos a través de su profesión: la fotografía.

Inicios
Samir Aponte trabajó cubriendo a los indigentes de la zona norte de Anzoátegui para un medio de comunicación local.

La cercanía que tuvo con estas personas “lo sensibilizó” a tal punto que no sólo quiso denunciar su precaria situación, sino también contar las historias de ellos de una forma más humana para la concientización de la sociedad.

“La mayoría de la gente ve adultos y menores de edad en situación de calle, se lamenta pero no hace más nada”, expresó.

Por tal motivo, Aponte quiso dar un paso hacia adelante y comenzar a ofrecer sus conocimientos y su trabajo a los más pequeños, ya que a su juicio, son los más afectados socialmente.

Vecinos
Al frente de la urbanización donde reside el fotógrafo, se halla Las Bateas de Maurica, una localidad donde viven personas en extrema pobreza.
“Muchos (individuos) pasan por allí. Cercano al lugar están el aeropuerto internacional José Antonio Anzoátegui, un importante complejo turístico y el criogénico de Jose” detalló.

Aseguró que “ven el terreno, pero nadie se detiene”.
Aponte se acercó en el año 2015. Cuenta que en el sitio viven unos 100 niños a los cuales ha podido conocer y tratar.

Desde entonces los retrata con sus equipos de fotografía y también les ha enseñado todo lo referente a su oficio. “Trato de mostrarles cómo agarrar una cámara, cómo enfocar y qué detalles tomar”, comentó.

Explica que el fin de su proyecto, que empezó solo y mantiene en la actualidad como algo muy personal, se centra en que a futuro los jóvenes se conviertan también en denunciantes de lo que sucede en su entorno.
Además espera que puedan desarrollar habilidades y pasiones a seguir, desde ahora y de cara al futuro.

“También los incentivo a que trabajen para ganarse las cosas, no a esperar a que alguien se las regale”, aseveró.

Receptividad
A pesar de que muchos de los menores quisieran participar en las actividades que Aponte organiza en sus visitas, dice que alrededor de 10 son los que sobresalen por su constante interés y los que siempre están en sus “clases”.

Los niños se emocionan al verlo. Lo llaman “El barbudo” a causa de su larga y abundante barba. También le piden que no los abandone. “Ellos quieren que yo vaya más seguido y que les lleve cosas, pero en realidad hago lo que puedo con lo que está a mi alcance”, confiesa.

A través de su cuenta de Instagram (@samiraponteve) expone los retratos que le hace a los pequeños, además de publicar las imágenes tomadas por ellos mismos.

Los materiales audiovisuales evidencian las necesidades y el mal estado que presenta este sector, pero contrastan con la esperanza emanada de los rostros de los más inocentes: los niños.

Barcelona / Andrea Aroca

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