Venezuela

La dolarización es otro viacrucis que atraviesan pacientes con cáncer

Migrantes apoyan a familiares que padecen enfermedades / Fotos: Cortesía

Un dolor en la espalda baja mantuvo a Armando Díaz indispuesto. A sus 68 años la vitalidad que lo caracterizaba se había esfumado y para su familia esas largas horas en cama sólo podían ser una depresión. Pero no era así. Al desgano se le sumaba una pérdida de peso de 10 kilos y por eso prefirieron acudir al médico.

La próstata llevaba más de una década molestándolo, producto de una hiperplasia que le provocaba problemas al orinar. No obstante, en los tres años previos, Díaz no acudió a consulta. La última vez le dijeron que si los valores del antígeno prostático específico (PSA, por sus siglas en inglés) pasaban a 6 ng/ml le harían una biopsia y eso lo asustó.

En ese entonces ya pensaba en dinero, en lo mucho que gastaría y por eso se alejó.

Pero cuando el examen del antígeno se hizo inevitable y arrojó un valor alto se encendieron las alarmas. Era un indicativo de cáncer. Por tanto, el urólogo le ordenó realizarse una tomografía de abdomen y pelvis, un gammagrama óseo y una biopsia. De inmediato comprendió que debía luchar para sobrevivir y con esto encontrar el dinero para lograrlo, lo que se traduce en muchos dólares.

Díaz, quien trabaja como gerente en una almacenadora de contenedores en Puerto Cabello, sufre constantemente de estrés y la falta de dinero aviva su preocupación. No obstante afirma: “Para mí el cáncer es una gripe de la que me voy a curar, pero para eso necesito el dinero y eso no está tan fácil.

Pienso en mi esposa y mis hijos y ahí digo que no me puedo permitir dejarlos solos, siempre he sido el soporte de la casa. Debo curarme”.

Díaz, inclusive, ha pensado en vender su vehículo, mientras su esposa opina que si hay que vender el apartamento lo harán.

Por el vehículo pueden pedir unos cuatro mil dolares y por su apartamento hasta $30 mil, pero luego de más de un año en tratamiento ha gastado aproximadamente $4 mil 500, con una total certeza de que este monto subirá, en vista de que aún debe realizarse una tomografía y acudir a su oncólogo para que le diga si es momento de realizarse quimioterapias y radioterapias.

Foto: Tairy Gamboa

Gracias a su exmujer e hijos ha podido recolectar el dinero, pero la realidad de gran parte de los venezolanos es diferente. Muchos no tienen dinero para cubrir los costosos tratamientos.

Ha sido mucho lo que ha hecho para cubrir los gastos: ventas de propiedades, dedicarse al comercio informal (bachaqueo) y pedir dinero prestado, entre otras cosas. Todo esto siempre en moneda extranjera para evitar que el dinero se devalúe con el paso de los días.

El activista de DD.HH., Feliciano Reyna, quien también dirige el Centro de prevención y tratamiento contra el VIH/Sida, Acción Solidaria, dice que es bastante duro lidiar actualmente con los costos de las enfermedades en Venezuela.

“Recientemente tuvimos un caso en donde apoyamos a un paciente que necesitaba completar un ciclo correspondiente al tratamiento (por cáncer de mama) y solamente ahí representó 800 dólares”.

Detalla que el hecho de que haya empezado a conseguir productos ha sido importante, tomando en cuenta que el país experimentó un período en el que no hubo absolutamente nada “y no existía la posibilidad para nadie de conseguir medicinas e insumos”; aunque lamenta la exclusión que trajo consigo el proceso de dolarización.

“Producto de la dolarización y todas las distorsiones existentes en la economía, se han liberado de una forma poco estructurada ciertos sectores, y se está creando una brecha enorme entre los que tienen capacidades para asumir el reto de una enfermedad, bien sea por sus propios medios o por un familiar afuera, y los que no poseen los recursos por ninguna vía para hacerlo”.

Apoyo externo
Asegura que hasta el centro han llegado pacientes que son apoyados por familiares que se han ido del país, pero que aun así lo que se les envía resulta ser insuficiente para asumir los gastos inherentes a la enfermedad.

“Tenemos historias de migrantes que apoyan a sus familias ante alguna enfermedad pero llegan a un punto donde aseguran que no tienen recursos para enviar más, o lo que continúan mandando alcanza menos. Muchos enfermos relatan que tienen que decidir entre comer o buscar medicamentos hasta donde les alcance la salud. Esta situación reafirma que seguimos en una emergencia humanitaria compleja”.

Según sus propias incidencias, las mujeres mayores de 60 años representan uno de los grupos más vulnerables que asisten a sus instalaciones.
“Nos preocupa mucho porque cada vez hay más colas de personas que buscan tratamiento para enfermedades crónicas a través de Acción Solidaria, y es algo que se repite en nuestras organizaciones aliadas en otros estados. Por un lado, la mayoría de los que necesitan cumplir con tratamiento son personas mayores que pasan los 60 años, siendo las mujeres las más afectadas con un 65%”.

Manifiesta que existen una serie de medicinas que, por su alto costo, son casi imposibles de conseguir, pese a la necesidad existente.

“Hay una serie de condiciones crónicas que demandan medicamentos, los cuales, en líneas generales, son muy costosos y de los que poco se habla en el país: Parkinson, esclerosis múltiple, anticonvulsionantes, inhaladores para problemas respiratorios, ansiolíticos y antidepresivos; medicina para el dolor crónico, incluso el usado para personas con etapas muy avanzadas del cáncer y lamentablemente no tenemos casi ninguna posibilidad de encontrarlas, ya que muchas son inyectadas y además necesita respetarse la cadena de frío”.

Insiste en que la realidad demanda un sistema eficiente de salud pública que dé respuesta oportuna a los pacientes.
“Si no hay una solución de fondo en el sistema de salud pública vamos a continuar viendo cosas terribles (…) Recibimos cantidad de solicitudes diariamente, pero lamentablemente no tenemos manera de responderles.

La dimensión de la necesidad requiere la atención de un sistema eficiente de salud. Nosotros estamos distribuyendo al menos 24.000 tratamientos al mes de diversas patologías crónicas, por organizaciones aliadas más nuestro propio centro, y nosotros sabemos que hay al menos 400 mil personas que necesitan de estos tratamientos”.

En busca de medicamentos
No es de extrañar que para conseguir fármacos para quimioterapias y algunas otros los gastos deben ser asumidos en dólares, según lo dicta el mercado internacional. Por ello Lisbeth Áñez, activista social y cabeza de la Fundación Mamá Lis, una organización cuya labor principal se enfoca en diferentes hospitales de Caracas, intenta mantenerse muy activa en redes para solicitar la ayuda necesaria.

Hay ampollas que pueden costar cada una 50 dólares y ciclos completos pueden ascender a 2 mil 500 dólares

“Hay ampollas que pueden costar cada una 50 dólares y ciclos completos pueden ascender a 2 mil 500 dólares. Costos que el Estado ya no asume y que un venezolano promedio no puede cubrir bajo ningún medio. Por ello hemos hecho cadenas de aliados para lograr conseguir los medicamentos que se requieren con donaciones que afortunadamente se han logrado captar”.

Detalla que en este momento se están usando dos medicamentos importantes que por su alto costo prácticamente no existen en el país, que son Ciplastino e Ifosfamida. Estos fármacos anticancerosos se usan en combinación para tratar a los pacientes con osteosarcoma y retinoblastoma, dos enfermedades que tienen una alta incidencia en los pacientes del oncológico Luis Razetti.

“Hemos logrado captar más de 30 ampollas de cada uno para garantizar por algunos meses el tratamiento. Se dice fácil, pero es una tarea titánica”.
Manifiesta que otro fármaco usado para la hidratación de los pacientes es el bicarbonato de sodio líquido al 5% y el precio de cada botella puede ascender a 100 dólares.

“Otro medicamento esencial en el esquema es el Carboplatino y Mesna. Además de la morfina que tiene regulaciones especiales que impiden importarla, medicamento esencial para aliviar el dolor en etapas terminales”.

Los centros que cubre la organización son el hospital Luis Razetti, Militar y San Juan de Dios. La fundación informó que dos menores de edad con cáncer murieron en los últimos días por falta de tratamientos.
“Nuestros niños con cáncer se mueren sin misil, sin guerra, sin intervención. Se mueren porque nadie los mira, porque no son prioridad para los que luchan por el poder”.

Uno de los casos es el de Israel, quien hace pocos días había logrado recaudar el dinero para unas placas, pero igualmente no soportó la falta de tratamientos, al igual que la segunda víctima de la crisis venezolana, la niña Sofía.

Ambos sufrieron las consecuencias de un país en emergencia humanitaria que tiene hospitales bajo altos niveles de precariedad y falta de insumos.

“Tener un niño con cáncer es igual a tratar una bomba de tiempo. Es una enfermedad que para poder prolongar la vida al paciente tienes que hacer tratamiento estrictamente y al pie de la letra, como lo indica el médico, y eso acá en Venezuela es muy difícil (…) La complicación radica en que siempre te falta una medicina o los padres no tienen cómo pagar un estudio o los exámenes previos al ciclo de quimioterapia, y la verdad es que retrasar un ciclo influye considerablemente en que la enfermedad avance (…) Nosotros les acompañamos en la difícil travesía de hacerles un poco más liviana la carga. Darles un poco de calidad de vida ayudándoles a conseguir las medicinas. Es muy triste ver apagarse la vida de un niño con cáncer cuando no tienen el dinero para los medicamentos”, señala.

En el Instituto Oncológico Luis Razetti, agrega, poseen su propia farmacia de alto costo asignada, y debido a ello, los pacientes de ese centro no pueden asistir a otra unidad de alto costo del estado a solicitar medicinas porque así está estipulado por el Estado. “En ocasiones existe el medicamento fuera del Razetti y los pacientes no pueden acceder a ellos por esa limitación”.

“A veces, hay gente que me escribe de otros estados y me pide las medicinas y se las envío si las tengo, o alguien las busca para luego llevárselas. El objetivo de nosotros es, principalmente, niños con cáncer en Caracas. Esa es la misión ahora, pero el objetivo general es poder ayudar en todas partes, crecer y poder abarcar más, porque la capacidad actual no lo permite”.

Caracas / A. Díaz – R. Arias

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