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Brasil: Gobierno, estados luchan por suministros en pandemia

Algunos estados compiten con el gobierno del presidente Jair Bolsonaro, / Foto: AP

El mes pasado, la doctora Riane Azevedo se apuntó un golpe maestro. La directora del mayor hospital público en el empobrecido estado brasileño de Ceará logró obtener un lote de cotizados respiradores para tratar a los pacientes infectados de coronavirus en su atestada unidad de cuidados intensivos.

Pero unas semanas antes de que llegaran, recibió malas noticias. Su proveedor local ya no podría cumplir el acuerdo. En lugar de mandárselos, le dijeron que los equipos iban al gobierno federal de Brasil.

“El Ministerio de Salud confiscó los respiradores para nuestro hospital”, dijo Azevedo, del hospital del Instituto Dr. José Frota, donde tenía previsto instalar otras 40 camas de cuidados intensivos en mayo. “No tiene sentido… Es como trabajar en contra de uno mismo”.

En plena pandemia, los equipos necesarios para tratar a los pacientes con COVID-19 y los materiales para proteger a los trabajadores de salud se han convertido en un elemento codiciado, y los países de todo el mundo compiten para conseguir suministros cruciales.

En Brasil, en un escenario que se repite también en Estados Unidos, la lucha también es interna. Algunos estados compiten con el gobierno del presidente Jair Bolsonaro, quien ya se ha enfrentado con muchos gobernadores por sus medidas para contener la enfermedad. El Supremo Tribunal Federal ha defendido la compra de respiradores efectuada por el estado de Maranhao.

Los expertos temen que esas rivalidades políticas puedan afectar las labores para luchar contra el virus en el país, que tiene el mayor número de casos confirmados y fallecidos de Latinoamérica, con 45.757 contagios y 2.906 decesos. Se cree que la cantidad de infecciones es mucho mayor debido a que mucha gente no se ha sometido a una prueba.

“Parece que hay una falta de confianza entre el gobierno federal y los gobernadores”, dijo Walter Cintra Ferreira Jr., profesor de gestión médica en la Universidad Fundaçao Getulio Vargas de Sao Paulo. “Lo que esperamos del Ministerio de Salud es una rápida distribución de los recursos”.

En Maranhao, un estado del noreste del país limítrofe con Ceará, el gobierno local ha enfrentado múltiples contratiempos en la compra de los equipos que necesita. El secretario de Industria, Comercio y Energía del estado, Simplício Araújo, dijo que el 19 de marzo el Ministerio de Salud federal incautó un pedido de 150 respiradores de un proveedor brasileño que el estado había solicitado. Un segundo envío procedente de China se quedó varado en Alemania, mientras que un tercero nunca salió de Estados Unidos, explicó.

Sin desalentarse, Araújo recurrió a un plan menos ortodoxo. Con sus contactos chinos, orquestó una compleja trama para llevar el valioso material médico en un carguero vía Etiopía. La operación, en la que participaron unas 30 personas en Brasil y China durante casi tres semanas, evitó nuevas demoras al esquivar la aduana en el vasto aeropuerto de Sao Paulo, y sólo declaró el contenido en el de Maranhao.

En respuesta, la Secretaría de Ingresos Federales anunció que emprendería acciones legales, alegando que los bienes fueron importados sin el permiso de las autoridades.

“La presidencia debería respaldar este tipo de operación, no lo contrario”, dijo Araújo.

Esta semana, el magistrado Celso de Mello del Supremo Tribunal Federal falló que el Ministerio de Salud no puede confiscar una orden separada de Maranhao para obtener 68 respiradores, y le dio al proveedor local un plazo de 48 horas para entregar los equipos.

Las disputas están ocurriendo mientras Bolsonaro, que ha comparado el COVID-19 con “un pequeña gripe”, critica duramente a los gobernadores que aprobaron medidas de confinamiento para limitar su propagación y recientemente despidió a su ministro de Salud, partidario de este tipo de políticas, diciendo que causarán un desastre económico.

Expertos y directivos de salud que laboran en el frente de lucha temen que el nuevo ministro sea influenciado por los enfrentamientos entre Bolsonaro y los gobernadores.

En un comunicado enviado a The Associated Press el martes, el Ministerio de Salud defendió su estrategia general. Apuntó que en su papel de regulador de la respuesta a la pandemia, necesitaba asegurar que “todos los estados en el país están abastecidos con los equipos y suministros necesarios para enfrentar la enfermedad”. Desde que empezó la crisis, el ministerio dijo que ha entregado 253 respiradores a nueve estados y 71 millones de mascarillas.

En la primera línea de la lucha contra el coronavirus, los trabajadores de salud pública, los directores de hospitales y los sindicatos médicos están molestos por la escasez de respiradores y equipos de protección. Señalan que la falta de mascarillas y guantes expone a los doctores al letal virus, así como a sus familias y a los pacientes de los hospitales.

En la mayoría de los casos, el nuevo coronavirus causa síntomas leves o moderados, como fiebre y tos que desaparecen de dos a tres semanas. Pero en algunos, especialmente en gente mayor o con patologías previas, puede derivar en cuadros más graves, como neumonía o incluso la muerte.

En el estado de Ceará, un médico de urgencias, que pidió no ser identificado por temor a ser despedido, compró su propio equipo de protección con antelación. Las reservas en su hospital, un centro privado al que las autoridades estatales pidieron recientemente que trate a pacientes con COVID-19, se están agotando, apuntó.

Cada mañana, trata de no comer ni tomar líquidos para evitar ir al baño durante sus turnos de seis horas en el hospital Leonardo Da Vinci.

“De lo contrario tendría que cambiar mi equipo de protección, y sé que se acabará”, dijo el doctor por teléfono en su día libre, un descanso breve pero muy necesario.

Desde que empezó la crisis, ha pasado un promedio de 76 horas semanales en la saturada unidad de cuidados intensivos del hospital, rezando para que no contraiga el virus. A su alrededor, sus compañeros están enfermando.

“Va a haber un momento en que el doctor tenga que decidir entre salvarse o contaminarse”, señaló.

Brasil / AP

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