Locales

Hay ciudadanos que prefieren caminar y no esperar horas por el transporte

Para las caminatas obligatorias, los anzoatiguenses llevan sus botellas de agua y ropa ligera / Foto: Rafael Salazar

La escasez de combustible y, por consiguiente, la disminución del número de unidades del transporte público, así como la falta de efectivo no han impedido que los anzoatiguenses salgan a abastecerse de alimentos,   trabajar y hacer otras diligencias  en medio de la cuarentena por el Covid-19.

Gente que vive en la zona metropolitana prefiere caminar antes que esperar muchas horas por un autobús repleto de pasajeros. Y no faltan quienes le ven el lado positivo. 

En las calles de Barcelona, por ejemplo, hay  personas que aprovechan “la desaparición del medio de transporte” para ejercitarse y distraerse del encierro.

Vestido de ropa deportiva y con una botella de agua congelada en la mano, Oliver Acosta, habitante  de Barrio Sucre, se traslada al centro de la ciudad a comprar comida.

“Los venezolanos somos joviales y los malos momentos los convertimos en nuevas oportunidades. Como conseguir carro está difícil, yo alterno mi caminata de aproximadamente 15 minutos con rutinas de trote”, comentó el ciudadano, entre risas, mientras se desplazaba por el parque de Los Enamorados.

Con zapatos deportivos, ropa ligera, cabello recogido y gorra, el ama de casa María Jiménez sale para comprar   alimentos en el bulevar 5 de Julio. Señaló que ha optado por movilizarse a pie con el fin de evadir los 30 minutos de espera por un carrito para salir de la Fundación Mendoza. Agrega que de esta manera también se ahorra el efectivo para posibles emergencias.

“Así rebajo los kilos que he ganado estando en casa y saco músculos con el peso que tengo que cargar cuando regrese”, expresó con tono humorístico.

A dos ruedas

Alirio Espinoza no enfrenta la falta de transporte a pie ni con largas esperas, lo hace con ayuda de su bicicleta. Indica que cada tres días debe llevar el almuerzo de su padre hasta un conjunto residencial en la avenida Juan de Urpín.

El joven, quien vive en el sector El Tamarindo, zona sur de Barcelona, refirió que para movilizarse en transporte público debería disponer de al menos 60 mil bolívares para ir y regresar.

Milena Pérez / Barcelona

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