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EEUU se prepara para más manifestaciones contra el racismo

Un manifestante corre mientras es perseguido por la policía / Foto: AP

Después de una semana de violentas protestas, localidades en todo Estados Unidos se preparaban el lunes para más manifestaciones contra la muerte de personas negras a manos de la policía.

Las movilizaciones comenzaron tras la muerte de George Floyd, un hombre negro que suplicó pidiendo aire mientras un policía le presionaba el cuello con la rodilla. Las tensiones ya habían subido en las semanas previas tras la detención de dos hombres blancos en mayo por matar a tiros a Ahmaud Arbery, un hombre negro que había salido a correr en Georgia, y la muerte en marzo de Breonna Taylor, baleada en su casa por la policía de Louisville.

Después de seis días de agitación, se desarrollaba una nueva rutina: los residentes se despertaban para ver vecindarios en ruinas, los comerciantes hacían inventarios en las tiendas saqueadas y policías y líderes políticos sopesaban cómo responder al enojo.

Si bien muchas de las manifestaciones en todo el país han sido protestas pacíficas de multitudes racialmente diversas, otras han caído en la violencia, a pesar de los toques de queda ordenados en las principales ciudades y el despliegue de miles de soldados de la Guardia Nacional en los últimos días.

El domingo, los manifestantes arrojaron piedras y cócteles molotov a la policía en Filadelfia, prendieron fuego cerca de la Casa Blanca y fueron alcanzados con gases lacrimógenos y gas pimienta en Austin, Texas y otras ciudades. Siete policías de Boston fueron hospitalizados.

Entretanto un policía en Fort Lauderdale fue suspendido al difundirse un video en que aparece lanzando al piso a una mujer arrodillada en las protestas del domingo. No se difundió el nombre del agente.

En Washington, se informó que el presidente Donald Trump le pidió a los gobernadores mano dura contra las protestas, diciéndoles: “La mayoría de ustedes son débiles”. Además, el mandatario retuiteó al comentarista conservador Buck Sexton, quien pidió “fuerza abrumadora” contra los manifestantes violentos.

Todo colisionó contra un país ya afectado por los más de 100.000 muertos de la pandemia del coronavirus, y un desempleo en niveles inauditos desde la Gran Depresión de los años de 1930.

El domingo cerró un accidentado fin de semana en el que las autoridades locales y estatales desplegaron a miles de soldados de la Guardia Nacional, impusieron estrictos toques de queda y cerraron sistemas de transporte público.

En algunas ciudades, los ladrones allanaron tiendas y se llevaron todo lo que pudieron cargar, dejando a los propietarios, muchos de los cuales estaban reabriendo sus negocios tras los cierres por el coronavirus, la tarea de limpiar los cristales rotos.

En otras, la policía intentó rebajar la tensión arrodillándose en solidaridad con los manifestantes, al tiempo que mantenía un amplio despliegue por seguridad.

“Siguen matando a nuestra gente”, dijo Mahira Louis, de 15 años, que acudió junto a su madre y cientos de personas a una manifestación en el centro de Boston. “Estoy harta de esto”.

Las protestas ante la Casa Blanca se recrudecieron el domingo después de tres días de manifestaciones. La policía empleó gas lacrimógeno y granadas aturdidoras contra una multitud de más de mil personas, que coreaban lemas al otro lado de la calle, en el Parque Lafayette. La multitud salió corriendo y apiló señales de tráfico y vallas de plástico para prender una gran hoguera en una calle cercana. Algunos quitaron una bandera estadounidense de un edificio y la lanzaron a las llamas.

Toda la Guardia Nacional de Washington D.C. —unos 1.700 soldados— fue desplegada para ayudar a controlar las protestas.

El ex vicepresidente Joe Biden, probable candidato demócrata a la presidencia, visitó una zona de protestas en su población natal en Wilmington, Delaware, y habló con algunos manifestantes. También escribió un post en Medium expresando su comprensión a los consternados por la muerte de Floyd.

Al menos 4.400 personas fueron detenidas en los días de protestas, según un conteo de The Associated Press. Los cargos iban desde robos y cortes de autopistas a incumplir toques de queda.

En Salt Lake City, un líder activista condenó la destrucción de la propiedad pero dijo que el duelo por los edificios dañados no debería estar al mismo nivel que el dolor por hombres negros como Floyd.

“Quizá este país reciba el mensaje de que estamos hartos de que la policía asesine a hombres negros desarmados”, dijo Lex Scott, fundador de Black Lives Matter Utah. “Quizá la próxima vez que un policía blanco decida apretar el gatillo, le venga la imagen de ciudades en llamas”.

Sin embargo, miles de personas siguieron marchando de forma pacífica en Phoenix, Albuquerque y otras ciudades, y algunos pidieron el final de los incendios, el vandalismo y los robos, afirmando que socavan sus demandas de justicia y reformas.

En el centro de Atlanta, las autoridades lanzaron gas lacrimógeno para dispersar a cientos de manifestantes. La alcaldesa, Keisha Lance Bottoms, dijo que dos agentes habían sido despedidos y tres relegados a labores administrativas tras la difusión de un video en el que se veía a agentes rodeando un auto el sábado y utilizando pistolas eléctricas contra el hombre y la mujer que iban dentro.

En el centro de Los Ángeles, una camioneta de la policía aceleró hacia varios manifestantes en una calle, derribando a dos personas. Los manifestantes se levantaron y corrieron hacia la vereda. En la cercana Santa Mónica, cerca de una manifestación pacífica, un grupo irrumpió en varias tiendas y robó objetos como zapatillas y sillas plegables. En un restaurante al otro lado de la calle se produjo un incendio.

En Minneapolis, el agente que presionó su rodilla sobre el cuello de Floyd por varios minutos ya fue acusado de asesinato, pero los manifestantes exigen que los otros tres policías involucrados en el caso sean procesados. Los cuatro ya fueron despedidos.

“No hemos acabado”, dijo Darnella Wade, organizadora de Black Lives Matter en la vecina ciudad de St. Paul, en donde miles de personas se reunieron pacíficamente frente al Capitolio estatal. “Nos enviaron al ejército y nosotros sólo les pedimos arrestos”.

La indignación por el racismo a través de muchas generaciones en un país fundado por esclavistas se sumó a una serie de muertes recientes para avivar el descontento. A eso se añadía la angustia por meses de confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus, que ha golpeado de forma desproporcionada a las comunidades de color, no solo en número de infectados, sino también en empleos destruidos y penurias económicas.

La escala de las protestas en todo el país era similar a las manifestaciones históricas del movimiento de los derechos civiles y en contra de la guerra de Vietnam.

Washington / AP

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