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Gracias a su talento y carisma, Galarraga dejó una huella en Grandes Ligas

Andrés Galarraga fue un pelotero que marcó una época en Grandes Ligas / Foto: MLB

Andrés Galarraga es uno de esos exjugadores carismáticos, cuyos nombres te hacen sonreír cuando lo escuchas. Sin duda, eso se debe en parte a su alegría que siempre iluminaba a todo un clubhouse de Grandes Ligas.

El venezolano es un personaje divertido, con una historia tan inspiradora que algunos olvidan el gran bateador que fue. En caso de que algunos no recuerden, “El Gato” una vez dio un batazo de 529 pies de distancia. Y tampoco se trata del mito de que “Mickey Mantle dio un jonrón de 700 pies”. El de Galarraga fue comprobado.

Curiosamente, Galarraga fue un jugador utility a inicios de su carrera como adolescente con los Leones del Caracas en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (Lvbp). (Jugó con Leones del Caracas por 15 años, mucho después de que se estableció como ligamayorista).

Aunque estaba algo de sobrepeso, al menos según Expos, el equipo de Montreal lo firmó. Se dieron cuenta inmediatamente de que, a pesar de su corpulencia, tenía una impresionante agilidad cuando jugaba en la primera base y por eso fue apodado “El Gato”. Sin embargo, tuvo problemas con el bate, lo que más adelante se atribuyó a que estaba lejos de casa y los obstáculos que tuvo jugando en un país donde no hablaba el idioma principal.

Eventualmente, Galarraga descifró Montreal un poco y tuvo un excelente año en 1988, liderando la Liga Nacional en imparables y total de bases alcanzadas para acompañar sus 29 cuadrangulares. (Como siempre, no negociaba tantos pasaportes: Galarraga no era muy selectivo con sus swings). Sin embargo, también se ponchaba demasiado y en 1991, después de una campaña poco productiva y plagada de lesiones (a los 30 años) y con una fanaticada perdiendo la paciencia, Expos lo cambió justo cuando estaba alcanzando otro nivel.

Momento clave

Las cosas para Galarraga con Cardenales de San Luis fueron un desastre, debido a una factura en la muñeca derecha a comienzos de la temporada de 1992, pero hubo un cambio positivo que cambiaría el rumbo de su carrera: Trabajó con el coach de bateo en San Luis, Don Baylor, quien ahora como dirigente de Rockies recomendó al equipo de expansión que firmara a Galarraga. El toletero encajó a la perfección en el Mile High Stadium y luego el Coors Field, donde sus ponches no importaban y su gran fuerza y contacto lo convirtieron en todo un monstruo.

En la temporada inaugural de los Rockies en 1993, Galarraga bateó .370 -el mayor promedio para un bateador derecho desde 1938- y fue reconocido como el Regreso del Año de la Liga Nacional. Pegó 22 vuelacercas en dicho año y con el paso de los años, aprendió a ser un bateador de poder en vez de contacto.

Para 1996, sacudió 47 bambinazos y empujó unas asombrosas 150 carreras. Esto fue en gran parte por la altitud de Colorado y algunos en el béisbol pensaban que los cañoneros de Rockies eran sólo una ilusión. Pero, ¿cuántos en la última década han pegado 47 jonrones y empujado 150 carreras en el Coors Field? ¿Cuántos han bateado .370?

Pero para Galarraga, seguían pasando los años y para el final de su contrato con Rockies, aunque fue convocado al Juego de Estrellas, ya tenía 36 años. Lo dejaron ir para hacerle espacio a Todd Helton, una decisión que resultó acertada, así que Galarraga decidió firmar con los Bravos, un club con bastantes estrellas jóvenes pero ansioso por contar con un bate veterano de impacto en la parte gruesa de la alineación.

En su primera campaña de 1998, el venezolano le brindó a Atlanta todo lo que el equipo esperaba: 44 jonrones, porcentaje de embasarse de .397 y un viaje a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional. (La única serie exitosa de postemporada en su carrera fue aquella Serie Divisional contra los Cachorros).

Enfermedad

Pero durante los Entrenamientos de Primavera del siguiente año, Galarraga comenzó a sufrir molestias en la espalda que surgieron de manera misteriosa. Después de que varios tratamientos no funcionaran, los médicos descubrieron el problema: Tenía un tumor en una vértebra. Inmediatamente, se sometió a una quimioterapia y se perdió toda la temporada de 1999. Sus compañeros del pasado y del presente expresaron su apoyo y cuando regresó para el Día Inaugural del 2000, recibió una bienvenida de héroe.

Galarraga ayudó a Bravos a volver a la postemporada en dicha cita, ganando otro premio al Regreso del Año, pero Atlanta no le renovó su contrato.

Luego se convirtió en el bate de trueno viajero que estaba destinado a ser. Jugó con Rangers de Texas y Gigantes de San Francisco en 2001, volvió a Expos por última vez en el 2002 y de nuevo a San Francisco en el 2003, donde jugó su último partido de postemporada. Luego su cáncer regresó, pero lo volvió a vencer, regresando para otra campaña en el 2004, disputando siete partidos con Angelinos de Anaheim y bateando su 399no – y último – cuadrangular.

Nueva York / Will Leitch / MLB.com

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