Columnistas

Mefistófeles también escribe (No pienses… Otros pensarán por ti)

La relajación moral existente no tiene retorno. Estamos a merced de “La Ley del Revólver”. El “nuevo orden” exige sumarse a la corrupción generalizada de la sociedad. La conciencia ciudadana está herida de muerte. El óbito de la ética y la moral son innegables. La extinción del “deber ser” es la norma. Ya no hay nada que hacer: “o matas o mueres”…

Al parecer, amigo lector, estamos a merced de un guion escrito por espectros del averno, desde el mismísimo inframundo, que están imponiendo “como verdad” lo peor del ser humano, con la clara intención de convertir nuestra existencia en un Gran Bazar donde sea lícito jugar con nuestras vidas, donde no existan reglas claras ni límites establecidos, donde reinen la confusión, la anarquía, el caos.

Estos mensajes de desbarajuste, incertidumbre, acracia, se vienen reforzando diariamente en redes sociales, en plataformas comunicacionales, en disímiles programas de radio y TV, y en muchas “puestas en escena” del cine mundial, donde creadores, productores y escritores vienen materializando este guion perverso que termina influyendo de manera avasallante y contundente en todo un conglomerado, pues su visión de las cosas se viene aceptando sin discusión. Su subjetividad se hace objetividad, su ideario, sea cual fuere, termina creando matrices de opinión, y su “libre interpretación” sobre hechos históricos, acontecimientos públicos, personajes diversos, actualidad política, se acepta y ya.

La recurrencia, por ejemplo, de temas donde aparecen líderes, artistas, científicos, empresarios, e incluso hombres de fe, dominados por la codicia, seducidos por el desenfreno, el afán de poder, la maldad, los antivalores, y las más bajas pasiones carnales, parecieran ser el plato principal del menú.

¿Será que la actual tendencia mediática nos recuerda los 11 principios de la propaganda nazi de Joseph Goebbels, pero de la mano de estos guionistas espectrales, quienes fríamente preparan mensajes de desesperación, angustia, desaliento, desánimo, abatimiento, pesimismo, amparados en sus propios intereses, provecho o beneficio?

¿Cuál postura resulta menos ética? ¿A quiénes “no les tiembla el pulso” a la hora de sacrificar el bienestar público en aras de ganancias y prebendas?

Lamentablemente, son muchos los que están “moviendo los hilos” comunicacionales inmersos en su propia paranoia, resentimiento, miseria humana, demonios y egos, prestos a corromper la mente de los ciudadanos, a fomentar la violencia, a promocionar la corrupción, a promover la irresponsabilidad en todas sus formas, en campañas que conducen a finales trágicos: misteriosas muertes, extrañas enfermedades, alcoholismo, drogadicción, prisión, suicidio. Con claros mensajes de: “No vivas”, “No pienses”, “esta vida es un asco”, “nada vale la pena”, “morirás sin pena ni gloria”… O peor aún: “Nosotros te diremos lo que es importante, lo que es noticia, lo que es divertido”… Enfoques para “mentes planas”, para personas sin capacidad de discernimiento, para seres con inteligencia emocional cercana a “cero”. Una paila del infierno, subjetiva y cruel, que ha terminado secuestrando el sistema emocional de millones de personas.

¿Y cuántos se suman a la contraofensiva? ¿Para cuando quedan los mensajes de esperanza, de redención, de confianza, de salvación? ¿Cuándo recrearemos lo mejor de nosotros mismos? ¿Cuándo le daremos articulación “sin costuras, sin bisagras y sin hilos” a mensajes que indiquen que SÍ es posible construir un mundo mejor, más honesto, más decente, y más ético? Esa es la meta. Así de simple.

Desde Lechería / Antonio Ricóveri

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