Columnistas

Es momento de los sensatos (el resto, “hacerse a un lado”)

Jonathan Haidt (19/10/63) psicólogo social estadounidense, profesor de Liderazgo Ético e investigador de la psicología de la moralidad, explica en su libro “La Mente de los Justos”, el por qué la política y la religión terminan siempre “dividiendo” a la gente sensata de “un resto en conflicto y de moralidad vacilante”.

Pero… ¿Qué es ser sensato? Una persona sensata es aquella que no sólo dice la verdad de manera honesta y correctamente, sino que además se maneja en su vida de acuerdo al sentido común y sin dejarse arrastrar por emociones incontrolables como el odio, la amargura, la revancha o la violencia.

La persona sensata actúa buscando la verdad y el bien general. Cuando es necesario, asume una actitud mediadora buscando el entendimiento de las partes, la resolución del conflicto, el finiquito de la controversia, el final de la disputa innecesaria o estéril. El sensato actúa y se comporta con inteligencia emocional, respeta a los demás, acciona con moderación, es prudente, es paciente, no se enfada con facilidad por las ofensas recibidas, y posee la habilidad de ofrecer un buen juicio con templanza.

El sensato se toma las situaciones con calma, evitando caer en la desproporción, el descontrol, el desenfreno o el desafuero, posee una conciencia tranquila y siempre podrá mejorar aquello que hace, pues está presto a corregir lo hecho si merece una rectificación.

En los actuales momentos, la sensatez pareciera estar ausente de nuestro suelo patrio… En esta coyuntura, cuando la sociedad está sometida a una pandemia de infinitas proporciones, a un colapso socio económico profundo, al más grande “vértigo existencial” de los últimos tiempos, y en un marco de desorientación, falta de rumbo y determinación; el accionar del liderazgo democrático ha sido errático, incierto, ausente de sensatez, y sumido en una avalancha de acciones contradictorias, encrucijadas insuperables y dilemas insalvables.

Soy del pensar entonces, que este es el momento de los venezolanos sensatos; esos que proponen cosas con sentido, que actúan con desprendimiento y humildad, que aportan soluciones fundamentadas en la lógica y el buen juicio… Son ellos los que deben asumir el protagonismo en este momento e inclinar la balanza a favor del sentido común, a favor de la salida de esta crisis, que más que económica es una crisis de decencia, de compromiso, de valores, de ética, de moral.

Entendamos entonces, que así como la sensatez, “esa capacidad propia de los seres humanos para conducir sus actos, obras y pensamientos guiados por el sentido común” busca el bien general; la insensatez siempre terminará arrastrándonos hacia el chantaje, la corrupción, la devastación, la ruina, el estrago, la desgracia.

La prudencia, moderación, mesura, ponderación, juicio y sensatez son virtudes que se pueden desarrollar, tanto desde la perspectiva individual como en nuestra relación con los demás y con la sociedad, y al ver cómo han sido estas virtudes prácticamente omitidas, dejadas de lado, por quienes toman las decisiones trascendentes, nos preguntamos:

¿Cuánta gente verdaderamente sensata tiene poder de decisión en estos momentos y hace buen uso de ella? ¿Cuántos sensatos hay en Miraflores?

¿Cuántos, en el sector opositor? Y la pregunta más importante: ¿Retornará la sensatez al país?

Amigo lector, si realmente queremos salir de esta vorágine de calamidades, este momento crucial de la historia patria debe ser manejado por gente sensata.

Los extremistas, los radicales, los fanáticos, los obtusos, los que se venden al mejor postor, y los llenos de odio, deben hacerse a un lado. Así de simple.

Desde Lechería / Antonio Ricóveri

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