DEPORTES  Artes marciales

Adriana Carmona: ‘‘No es sólo tener una medalla como atleta, sino como persona’’

Adriana Carmona celebra la obtención de la medalla de bronce en Atenas 2004 / Foto: Cortesía

Posiblemente Yulimar Rojas consiga su segunda medalla olímpica en los venideros Juegos de Tokio, que por ahora se desarrollarán el próximo año. No obstante, hasta el momento esa distinción sólo le pertenece a Adriana Carmona, única venezolana en lograr subirse al podio en par de oportunidades.

Ambas comparten el gentilicio anzoatiguense, y precisamente en las calles de este estado comenzó el amor deportivo de Carmona con el taekwondo, disciplina que la llevó a lo más alto que puede aspirar cualquier atleta.

Nacida en 1972, la joven Adriana se interesó desde temprana edad en las artes marciales gracias a un compañero de clases en el colegio donde estudiaba en Guanta, además del cine de acción, del que era aficionada.

‘‘A mí me gustaban mucho los deportes de combate por las películas de Bruce Lee y cada vez que daban publicidad hacía combates con mis primos. Pero lo que más me impactó fue que tenía un amigo en la escuela que siempre competía internacionalmente y un día salió en la portada de El
Tiempo practicando una patada. Eso me impactó mucho, así que un día me invitó a practicar e iba a verlo’’, recordó.

La aún estudiante de la escuela Sandalio Gómez, tenía 9 años de edad y estuvo varios meses yendo a ver los combates de su amigo hasta que un día decidió hablarlo con sus padres.

‘‘En ese momento ellos no tenían cómo inscribirme ni pagar una mensualidad. Pero les decía que me dejaran aunque fuese un mes. Yo tenía casi un año mirando por la ventana y había desarrollado algunas técnicas de defensa personal. Al final me complacieron y me inscribieron un mes de prueba. Después pasó el tiempo y me quedé. Lo único que no pudieron comprar fue mi uniforme’’, contó.

Carmona estuvo alrededor de tres años sin tener la clásica indumentaria Dobok y usaba su mono deportivo con camisa blanca que utilizaba en el colegio.

‘‘Un día me lo compraron (el uniforme) y no me lo quitaba para nada. Andaba muy emocionada y después de allí todo me fue bien’’, relató.

Éxitos internacionales
La carrera como taekwondista para la oriental comenzó de manera promisoria, con victorias en las categorías infantiles y juveniles. Tal fue su buen andar que a los 13 años de edad ingresó a la selección nacional, aunque estuvo cerca de dejarlo.

‘‘Ya peleaba con atletas que tenían un rango internacional. Pero hubo un momento en que pensé dejarlo, porque mis padres habían hecho un sacrificio enorme para que yo fuese a clases de taekwondo y llegó un tiempo en el que no podían costearlo’’.

El profesor Domingo Aguilera, su descubridor, decidió visitarla en su casa para hablar con sus padres y ofrecerle una beca para que prosiguiera su trayectoria deportiva.

‘‘Volví a practicar, a ir al gimnasio y empecé a ganar medallas no sólo a nivel nacional, sino también en torneos internacionales’’.

El éxito fuera de las fronteras venezolanas le llegó rápido a la criolla. Debió mudarse de Guanta a Puerto La Cruz para entrenar en la escuela Hong Ki Kim. Allí estuvo rodeada de atletas de la talla de Arlindo Gouveia y Carlos Rivas, quienes se coronaron en certámenes panamericanos a finales de los años 90.

‘‘Para mí fue un orgullo aprender de ellos. Eran muchos viajes juntos y yo era una niña de 17 años que nunca había salido de Guanta y que de repente conocía otras culturas. No fue fácil alejarme de mi familia, pero aprendí a luchar por lo que quería, sobretodo como persona’’.

Historia en Barcelona
El taekwondo era una disciplina de exhibición en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, por lo cual lo sucedido allí no fue reconocido por el Comité Olímpico Internacional (COI). Eso no impidió que se haya disputado y que tanto Arlindo Gouveia como la propia Adriana se hicieran de dos medallas.

Gouveia conquistó la segunda presea dorada en la historia del país, tras la dorada de Francisco Rodríguez en México 1968, y la guanteña se inscribió en los libros como la primera mujer venezolana en ganar un metal en la magna cita del deporte.

En la primera fase superó de manera reñida a la rusa Ala Bychenko y de la misma forma cayó en semifinales contra la neozelandesa Susan Graham por 3 puntos contra 2. De todas maneras se había subido al podio. Sin embargo, sopesaba el hecho de que tuviese el asterisco de no ser oficial para el COI.

‘‘Cuando conseguí el pase no me lo creía y siempre estaba presente eso de que era difícil lograr una medalla olímpica. Iba a toparme con los mejores
y en ese momento recuerdo que cuando obtuve el bronce fue algo indescriptible, grandioso. Fue importantísimo para nosotros porque Arlindo
ganó también y cuando volvimos la gente de Puerto La Cruz nos dio un gran
recibimiento. Igual siempre había muchos ataques porque eran de exhibición’’, rememoró.

Caída y resurrección
Ocho años más tarde, en los JJ.OO. de Sidney, Australia, ya era un deporte homologado por el COI y era el momento de demostrar que lo de 1992 no había sido casualidad, sino producto del trabajo de años de entrenamiento.

La anzoatiguense compitió en la categoría +67 kilogramos y dado su ránking fue encasillada para entrar directamente entre las ocho mejores del torneo. En los cuartos de final se midió a la francesa Myriam Bavarel, a la que derrotó de manera categórica, pero no logró repetir la actuación contra la china Chen Zong en semifinales. Una vez, instalada en el repechaje por el último lugar en el podio se quedó a las puertas de otra presea al caer 9-8 contra la canadiense Dominique Bosshart.

‘‘Lamentablemente, en Atlanta 1996 el taekwondo no estaba dentro del programa y llegó la oportunidad en Sidney 2000. Como era la única clasificada todos estaban pendientes de mí y fue bastante duro caer porque tenía todo el peso de la selección. Me afectó mucho y pensaba en mi retiro. Estaba decepcionada de mí misma’’, dice la deportista oriental sobre ese periodo en el que casi deja los combates de forma definitiva.

Con 28 años de edad alejarse de las artes marciales estaba en su mente. No lo hizo, y cuatro años más tarde estuvo la posibilidad de acudir a sus terceros Juegos Olímpicos, en Atenas 2004, a los que arribaba con más de tres décadas de vida.

‘‘Mucha gente me pidió que no me fuera y me mentalicé en clasificar a Atenas, pero fue un camino bastante largo.
Hubo un mundial en el que todos mis compañeros clasificaron menos yo y me tocó seguir entrenando en Navidad. Luego conseguí el pase y me propuse trabajar más duro antes de la competición’’,
afirmó.

En Grecia comenzó con una victoria sobre la británica Sarah Stevenson, aunque la alegría duró poco, pues volvió a salir derrotada en su combate contra la china Chen Zong. Volvió a ir al repechaje y en esa ronda superó con contundencia a la japonesa Yoriko Okamoto, la jordana Nadin Dawani y la brasileña Natalia Falavigna para quedarse con ese tercer lugar.

‘‘Ganar en Atenas fue reafirmar y decirles a todos que mi medalla olímpica ya era oficial, que la había trabajado por 12 años. Fue algo muy importante, porque me convertí en la primera atleta que logra eso dos veces. Muy emocionante y safisfactorio, un momento único que ni con todo el dinero del mundo se puede comprar. Lo recordaré por el resto de mi vida’’, aseguró.

En el siguiente ciclo volvió a plantarse en unos JJ.OO. con 36 años de edad y una larga trayectoria a cuestas, pero quería retirarse con una medalla más para su palmarés personal.

Por tercera vez de forma consecutiva, la china Chen Zong dio cuenta de ella en la cita más importante del deporte al derrotarla en primera fase. Fue el final de la carrera de Carmona en el escenario internacional.

Además de las gestas olímpicas, también destacó en otros torneos como los Panamericanos, pues hizo sonar el Himno Nacional en Mar del Plata 1995 tras imponerse en la categoría de peso pesado, y se instaló en par de finales, sin el mismo éxito, pero con dos medallas plateadas en 1999 y 2003, citas efectuadas en Canadá y República Dominicana, respectivamente.

En mayo de 2018 el COI avaló de forma oficial los resultados de Barcelona 1992, convirtiendo a Carmona, de forma oficial, en la única atleta venezolana, entre hombres y mujeres, que ha vivido la experiencia de subirse al podio en par de oportunidades.

Hasta la llegada de Yulimar Rojas, también poseía el récord de ser la única atleta formada en Anzoátegui que consigue el objetivo de volver con ese galardón.

Puerto La Cruz / Alejandro Jesús Fernández

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