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Procrastinación (El dilema “procrastinativo” del liderazgo opositor)

¿Cuántos estudiantes posponen la entrega de sus trabajos hasta el último minuto del día de entrega? ¿Cuántos de nosotros esperamos la fecha límite para pagar nuestros impuestos? ¿Qué tan común es que nos paseemos por innumerables opciones como excusa para no decidirnos por ninguna en concreto? ¿Desde cuándo venimos posponiendo trabajos, acciones, citas, lecturas, y hasta reparaciones, porque nunca encontramos el momento para llevarlas a cabo? (aunque los retrasos generen pérdidas, disminución, merma, quebranto o estrago emocional).

Lo cierto es que son muchos los dados a aplazar asuntos pendientes, diferir decisiones, o simplemente, “dejar para mañana lo que podrían hacer hoy”.
¿Y cómo explicamos esto? ¿Se trata de modorra consciente? ¿Obnubilación? ¿Holgazanería? ¿O simple procrastinación?

La Procrastinación es un problema de autorregulación y de organización del tiempo. Quien pospone, posterga, o procrastina una decisión, lo hace por no sentirse preparado, aduciendo que lo hará después, “cuanto tenga tiempo”, evidenciando una conducta evasiva.

La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), “es la acción o hábito de retrasar decisiones, actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras más irrelevantes por miedo a afrontar lo importante”. Se pospone por su relación con el cambio inevitable, con el dolor, con la incomodidad, no en balde, el acto que postergamos nos resulta en muchos casos abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, molesto; es decir, estresante, por lo cual nos autojustificamos al aplazarlo para un futuro, supeditando “lo importante” a lo común.

También la procrastinación es el ejemplo perfecto del sesgo del presente, es decir, esa tendencia de nuestra mente a dar prioridad a necesidades “a corto plazo” en vez de las de “a largo plazo”, porque al parecer “el ser humano no fue diseñado para pensar hacia adelante en el futuro más lejano pues necesita enfocarse en proveer para él y los suyos en el aquí y el ahora”.

También el perfeccionismo extremo o el miedo al fracaso son factores que llevan a “evadir responsabilidades posponiendo tareas” e incluso, muchas personas se enganchan en este círculo irracional de procrastinación crónica debido a una incapacidad para manejar estados de ánimo negativos en torno a una tarea, que lleva al individuo a refugiarse en actividades ajenas a sus intereses primarios, generando dependencia de diversos elementos externos tales como: navegar en Internet, sumergirse en las redes sociales, evadirse con el celular, leer libros, salir de compras, comer demasiado, o dejarse absorber en exceso por la rutina laboral.

Interrogantes rasgan, entonces, el cielo patrio… ¿Cuántos venezolanos están “en las garras” de esta conducta adictiva de evasión llamada procrastinación? ¿Para cuándo quedan las decisiones urgentes e importantes en beneficio del país? ¿Quién posee más conductas procrastinativas? ¿Los empleados públicos? ¿Los policías? ¿Los estudiantes? ¿El ciudadano común? ¿Los políticos?

Finalmente, amigo lector, el liderazgo opositor (ese que toma las “decisiones” en Caracas), posee infinitas conductas procrastinativas, pues ha venido evadiendo reiteradamente las grandes decisiones: “Para mañana es el asunto”, “en tres meses resolvemos esto”, “en seis meses cambia el panorama”… Pero para muchos, “ese mañana” nos resulta una versión nefasta del cuento del gallo pelón.

Así de simple.

Desde Lechería / Antonio Ricóveri

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