Columnistas

¿Por qué no se dejan ayudar?

Cuántas vicisitudes, tribulaciones, dilemas en nuestro entorno. Cuántas quejas, señalamientos, acusaciones a la gente “que toma las decisiones”, debido a su fallido accionar, a su carencia de visión para “resolver” los problemas, a su incapacidad para trazar una hoja de ruta cónsona con el “deber ser” ciudadano… Lo cierto es, que la Patria reclama en este momento probidad, integridad, profesionalismo, inteligencia, sentido común, y una profunda y desinteresada vocación social.

El actual liderazgo del país (de todos los ámbitos y tendencias), pareciera signado por el destino a fracasar, pues, preso de su “encumbramiento”, se niega a dejarse ayudar actuando como gendarme “en celo” (que nadie los aconseje, que no se metan “en sus asuntos”, que nadie se les iguale), dejando de lado o ignorando, las disimiles propuestas de tanta gente acuciosa, analítica, lógica, ética, sensata, que a través de infinitos estudios, escritos, artículos, han venido realizando planteamientos concretos acerca de nuestros disímiles problemas y sus soluciones, y estos sujetos, como si se tratase de una cadena interminable de frases disonantes, sin sentido y sin validez, han decidido omitirlos dejando muy en claro el desprecio que sienten por el pensamiento cónsono, por la reflexión oportuna, por el humanismo declarado, por el estudio profundo, por la sabia experiencia.

Muchas de estas opiniones se han movido con la libertad e independencia necesarias, con el suficiente sentido de pertenencia, enmarcadas en el respeto y equidad, y en el digno trance de servirle a la patria de todo corazón.

Muchos hemos expresado que es factible unificar a los opuestos, que es viable fundirlos bajo una misma bandera cuando la causa es justa, que es admisible despertar la conciencia de los que yacen dormidos, de los que no saben descifrar la realidad, de los que se conforman con una visión superficial de las cosas; sobre todo en estos tiempos de tanto atolondramiento, desinformación, intrigas, manipulación, y donde muchos actúan como “trapecistas sin red que se mueven por la senda oscura y difícil que separa la apariencia de la realidad”.

Tiempos aciagos, amigo lector, donde se requiere “tensar las cuerdas de la guitarra nacional para que ésta pueda producir sonidos armónicos”… Tiempos de expresa tirantez, de álgidos conflictos, de sucesión de opuestos, de infinitos y finitos, de muerte y vida, que tenemos que enfrentar y superar juntos.

Decía el poeta griego Heráclito: “Aunque todo cambie, algo permanece”, y esa es nuestra fortaleza, lo que aún permanece… Los innumerables “trozos de alma” de la gente buena, su entrega, su sacrificio, su sabiduría, su lucidez, donde su “sentir” siempre será una expedición a la verdad.

Yo por mi parte seguiré escribiendo, proponiendo el orden en medio del desorden, buscando la armonía más allá de los contrarios, empujando esa única trama que se sueña a diario y que vive todavía en el alma de tanta gente decente de este país… Hablo de esa historia sin apellidos y sin nombres, pero que sirve para que todo cuanto se diga o se haga en el marco de lo correcto y en beneficio de las buenas costumbres, sea utilizado para la sana y legítima orientación moral y ética de la Patria del futuro inmediato.

Dejar de opinar sobre cuanto acontece, sería renunciar a mis sueños más nobles, a la construcción de un mejor país para todos.

Me niego entonces a voltear mi rostro y quedarme callado, mientras jaurías mafiosas continúan cavando el sepulcro de nuestra libertad. Así de simple.

Desde Lechería / Antonio Ricóveri

Share This:

Comentarios

  

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!