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Anzoatiguenses se reinventan para conseguir dinero en tiempos de pandemia

Vendedores optan por vender mercancía demanda durante la pandemia / Foto: Rafael Salazar

La cuarentena social decretada en el país por el gobierno de Nicolás Maduro, tras la llegada del  Covid-19, ha obligado a los vendedores informales y trabajadores en general a reinventarse para conseguir dinero ofreciendo los artículos y productos más demandados para la protección y prevención del virus. Basta con salir a la calle para constatar esta realidad.

Nélida Suárez es una costurera que, desde el bulevar 5 de Julio de Barcelona,  ofrece tapabocas elaborados con tela. Sostiene que aunque estar en la calle para vender cualquier mercancía no ha sido tarea fácil, dadas las restricciones de permanencia en espacios públicos aplicadas  por parte de las fuerzas policiales que frecuentemente practican desalojos, ha podido trabajar allí por más de tres meses.

“El año pasado empecé en la economía informal vendiendo suspiros, galletas, besos de coco y catalinas, pero cuando empezó la pandemia vi que ya eso no resultaba porque la prioridad para las personas era protegerse del coronavirus,  así que me puse a coser tapabocas con ayuda de mi abuela y salí a comercializarlos. Veo que me ha ido mejor que con los dulcitos”, comentó la mujer de 24 años de edad.

Suárez señaló que debido  a la proliferación de otros vendedores de tapabocas artesanales, le ha tocado volver a innovar para ganar la preferencia de los clientes. “En el bulevar hay aproximadamente 15 personas ofreciendo lo mismo. Una doctora se me acercó para recomendarme que envolviera los tapabocas porque en este tiempo lo más importante es mantener la higiene y, desde que lo hice, se han incrementado las ventas a pesar de que los aumenté de Bs 40 mil a Bs 70 mil por efectivo y de Bs 60 mil a Bs 100 mil por pago móvil. Antes vendía 10 en el día y ahora duplico esa cantidad”, sostuvo Suárez.

Nelson Rodríguez encontró un negocio en la confección de bolsos para cargar compras, a partir de sacos de detergente en polvo. “Inicialmente vendía cigarros, café y condimentos en las paradas de autobuses, pero como eso ya no me permitía conseguir dinero, decidí cambiar de fórmula. Mi suegra arma las bolsas con su máquina de coser, yo las vendo y ambos le sacamos provecho al asunto. Pero eso sí, hay que saber dónde ubicarse para venderlos porque tampoco se vende mucho en cualquier parte”, explicó el comerciante informal que se instala en la entrada del supermercado Hiper Líder, zona sur de Barcelona.

Productos de limpieza

La profesional de la Enfermería Luisana Pérez consiguió en la venta de químicos de limpieza por litros el ingreso monetario para complementar el salario mínimo integral de Bs 800 mil que devenga en un hospital público de la zona norte de la entidad.

Manifestó que “en vista de que la desinfección de manos y del hogar es lo que ha cobrado mayor fuerza, sumado a que la mayoría de los líquidos de fábrica tienen un costo muy elevado, decidí invertir en artesanales para venderlos a mis compañeros de trabajo, vecinos y amigos, a través de redes sociales y a domicilio. Así los ayudo a ellos y me ayudo a mí”.

Traslado de bultos

Cargar bolsos, bultos o cualquier otra cosa se ha convertido en un trabajo cada vez más extendido en la zona norte de la entidad, principalmente en los sitios aledaños a los centros de comercio y mercados municipales. Y es que debido a las restricciones de acceso vial, los consumidores deben caminar extensos tramos para conseguir unidades de transporte.

Jordan Hernández, de 22 años de edad, es uno de los “carrucheros” que se dedican a llevar compras desde el centro de Barcelona hasta el mini terminal de pasajeros Hugo Chávez, ubicado frente al mercado bolivariano. Dice que el cobro del traslado depende de la cantidad de bultos que lleve el cliente y el sitio desde el que se movilicen, pero que lo  mínimo son Bs 30 mil.

Leña

Paliar la crisis del gas doméstico en la entidad es otra de las principales hazañas que el venezolano intenta lograr. Es por ello que Carlos Maiz, habitante del sector La Orquídea, se dedica a cortar árboles en terrenos baldíos para posteriormente vende leña para cocinar.

“En este tiempo hay que buscar la manera de reinventarse de acuerdo con lo que está cobrando demanda. Yo soy constructor. pero en vista de que ahorita están paralizadas las obras, busco la manera de mantener a mi familia. Empecé a vender palos por sugerencia de una vecina que siempre andaba buscando cómo cocinar porque es un problema conseguir bombonas. Como yo me la paso en el monte y tengo dos hachas, ella me dio la idea y de verdad que me ha ido bien”, sostuvo.

Barcelona / Milena Pérez

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