Locales

Altos costos de fármacos ponen en riesgo a pacientes crónicos

Pacientes y familiares suelen caminar, preguntar y comparar precios para poder adquirir las medicinas debido a lo caro que están / Fotos: Rafael Salazar

Inaccesibles. Así se encuentran los precios de los medicamentos para las enfermedades que requieren tratamientos prolongados o de por vida, como es el caso de hipertensión arterial, diabetes y esquizofrenia, entre otras, si se comparan con lo que gana un trabajador, cuyo salario mínimo integral mensual fue fijado el 1ro de mayo en 800 mil bolívares: Bs 400 mil de sueldo y la misma cantidad en bono de alimentación.

Basta con pasearse por las farmacias localizadas en la zona metropolitana del estado Anzoátegui para constatar la realidad que viene golpeando a la población, que actualmente se ubica entre las más vulnerables a desencadenar cuadros graves de salud ante la pandemia por Covid-19 que se instaló en Venezuela desde marzo.

Y es que sólo en la región anzoatiguense se han registrado más de 1.000 casos positivos del virus y más de 150 muertes sospechosas, entre ellas la de 12 médicos (totalizados hasta el 4/9), que han estado en la primera línea de batalla.

Nada más para controlar las cifras altas de la presión arterial (hipertensión), se deben disponer de Bs 341 mil a cinco millones de bolívares para adquirir el Losartán Potásico.

“Yo por lo menos tengo año y medio que no tomo pastillas porque no tengo dinero. No recibo pensión ni por Amor Mayor. No logré cotizar por completo las semanas que pide el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). Me entregué a morir por no tomar los medicamentos”, expresó con resignación Yamili Sosa, de 65 años, quien padece de hipertensión arterial.

Sosa no recuerda el precio de la última vez que compró el Atenolol de 50 mg, pero lo que no borra de la mente es que ahora 10 pastillas cuestan “un dineral” y en su caso necesita por lo menos 30, para cubrir el tratamiento de una dosis diaria por cada mes.

“Tengo un hermano que se fue para Chile y es quien me manda para mantenerme, pero eso no me alcanza para mis medicinas”.

Al consultársele si sentía temor a morir, por su estado de vulnerabilidad ante el Covid-19, con serenidad la sexagenaria respondió: “No le temo a nada ni a nadie, porque Jehová es mi pastor y nada me faltará. Por la fe es que estoy viviendo los últimos años de mi vida, porque el país está como un barco a la deriva, no hay gobierno”.

Consecuencias
En similares condiciones se encuentra la también sexagenaria Marisela Malavé, residente del sector Buenos Aires de Barcelona, ante la imposibilidad de controlar las crisis hipertensivas que suelen darle con frecuencia por no tener los recursos para la adquisición de sus medicinas.

Recordó que hace dos meses, aproximadamente, sufrió una parálisis facial, que no descarta que haya sido a consecuencia de la ausencia de un tratamiento.

“Me dio fue por falta de medicamentos, porque no fue por rabia. Tengo más de 10 años siendo hipertensa y en lo que va de año no he podido tomar bien mis medicinas. Vivo, con mi esposo, del alquiler de unas habitaciones y eso apenas alcanza para comer. Aún no he podido ni siquiera hacerme la tomografía que me mandaron tras darme el ACV (Accidente Cerebro-Vascular). Ni el protector gástrico tomo, que es algo primordial”.

Marisela Malavé considera que sufrió un ACV por no tomar los medicamentos antihipertensivos

Señaló que entre los cinco tipos de pastillas que debe consumir, nada más la caja de 30 píldoras de Asaprol, un antiagregante plaquetario en la prevención primaria y secundaria de enfermedades cardiovasculares de origen trombótico, como lo señala el portal web tumedico.com, lo habría conseguido en $7.

Pero como si fuera poco, Malavé también ha tenido que lidiar con el diagnóstico de esquizofrenia que le dieron a uno de sus hijos este año, luego de varios episodios.

Su hijo está casado y tiene dos niños de 11 y 12 años, y como madre a ella le preocupa que él deba tomarse, en la mañana y en la noche, su tratamiento de Alpram y Quetiapina, y que no lo pueda cumplir al pie de la letra por la misma crisis económica que ha arropado a la mayoría de los venezolanos.

De acuerdo con el portal web de la cadena de Farmatodo, el tranquilizante cuesta un millón 100 mil bolívares y el fármaco neuroléptico oscila entre Bs 134 mil y 16 millones de bolívares.

“Lleva tres meses sin tomarse las medicinas. Cuando consigue algo de dinero las compra, mientras tanto tiene que estar muy tranquilo y no agarrar rabia”.

Comentó que pese a que su hijo es soldador, por su condición se le ha dificultado conseguir empleo para cubrir sus gastos y los de su familia.

Fluidez
A pesar de los elevados precios de los fármacos en los establecimientos del ramo, Steven Dezso, trabajador de la farmacia Supertodo, ubicada en la avenida Caracas de Barcelona, aseveró que diariamente, al menos dos personas acuden en busca de estos tratamientos porque allí los ofrecen más económicos que en otros sitios.

“La gente pregunta, compara y regresa después. Vendemos desde presentaciones de 10 pastillas, como es el caso de los medicamentos importados, porque son muy costosos y nadie tiene, por ejemplo, para comprar una caja de Daflon, que sale en 11 millones de bolívares”, expresó.

La Metformina, para tratar los niveles altos de azúcar, allí está en Bs 780 mil (30 pastillas), mientras que en otros locales del ramo, esta presentación se puede ubicar hasta en 2 millones de bolívares.

Para brindarles atención a los pacientes con enfermedades crónicas, la Alcaldía del municipio Simón Bolívar abrió, a finales de agosto, la primera farmacia comunal “Dario Vivas”, la cual ofrece medicamentos a precios por debajo de los que rigen en las farmacias privadas.

Alcaldía de Barcelona inauguró recientemente la farmacia comunal “Darío Vivas”, para atender a pacientes con patologías crónicas (Foto: Cortesía)

Inicialmente fueron favorecidos los que residen en los 11 consejos comunales de la comuna Bicentenario de la Independencia de Barrio Sucre, pero luego se extendió a los 23 consejos comunales de la comuna Luisa Cáceres de Arismendi y los 17 de la Gruta San Felipe Neri.

En su momento, el alcalde Luis José Marcano informó que las personas que no estén registradas, pueden presentar constancia de residencia e informe médico para adquirir las medicinas.

Por ejemplo, el Losartán con Hidroclorotiazida, cuya presentación de 30 pastillas normalmente se ubica en las farmacias entre uno y 6 millones de bolívares, en este nueva tienda lo expenden en Bs 868 mil.

En el caso del anticonvulsivo, en el local “Dario Vivas” está en Bs 603.400 y en otros lugares hasta en un millón 460 mil bolívares. Mientras que el psicotrópico, que no se consigue con facilidad en el mercado pero que en el portal de Farmatodo se visualiza hasta en 6 millones 285 mil bolívares, en la farmacia comunal está en un millón 190 mil bolívares.

Dificultades
Pero las personas con patologías crónicas no sólo se han visto afectadas por la crisis económica para adquirir sus medicamentos. Los enfermos renales, por ejemplo, se han tenido que enfrentar a una serie de dificultades para poder cumplir con las tres sesiones de diálisis que les corresponde normalmente a la semana.

La más grave de todas les ocurrió a los 45 pacientes de la unidad de diálisis del hospital Domingo Guzmán Lander de Las Garzas, quienes recientemente duraron cinco días sin ser atendidos por una falla eléctrica que impedía que las máquinas dializadoras realizaran el proceso de lavado para entonces arrancar.

Marlene Méndez, familiar de un paciente, señaló que en ese lapso de paralización de los equipos, la mayoría de las personas se descompensaron. Además, dos enfermos renales murieron y no se descarta que haya sido por falta de atención.

Pacientes renales también se han enfrentado a dificultades para poder dializarse

“La máquina de osmosis la repararon, pero estamos asustados porque de un momento a otro se puede dañar. Hacemos un llamado para que traten de solventar esa situación de una vez por todas”.

Otras de las mayores preocupaciones de estos pacientes han sido las complicaciones para colocar combustible a los tanques de los vehículos que los llevan a las unidades.

A pesar de que les entregaron un carnet QR para agilizar el proceso en las estaciones de servicio, Eurenise Brito, familiar de un enfermo renal, quien lo moviliza desde Píritu hasta Barcelona, aseguró que han pasado más de nueve horas en cola y la última vez les echaron apenas 20 litros de gasolina para una semana, en vez de 30, que era la primera limitación.

“Eso alcanza para un día de traslado. Nos hemos tenido que quedar en casa de un familiar, porque no tenemos cómo regresar”.

Méndez manifestó que ante la situación, algunos han tenido que comprar el litro de combustible hasta en $2 para poder ir a hacerse las diálisis.

“Nosotros estamos en Puerto La Cruz, pero hay gente que viene de Anaco, Valle de Guanape, Puerto Píritu, Aragua de Barcelona, Cumana y San Mateo. 20 litros no alcanza para nada”, resaltó.

Barcelona / Elisa Gómez

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