Tiempo Libre

Un compromiso que trasciende límites

Los trabajadores de El Tiempo han acumulado experiencias positivas durante sus labores en la empresa / Foto: Archivo El Tiempo

El diario El Tiempo arribó, el pasado 29 de agosto, a 62 años de circulación ininterrumpida, bajo circunstancias sin precedentes por la pandemia de coronavirus, que de alguna manera u otra ha limitado el desarrollo laboral en el país.

Sin embargo, el compromiso de los trabajadores de la empresa con el pueblo oriental ha trascendido más allá de cualquier obstáculo, a fin de mantener informada a la colectividad, más aún en tiempos difíciles como los que se viven actualmente, no sólo en Venezuela, sino también en todo el mundo.

Leomarys Rodríguez, jefa de Ventas y Publicidad, con 24 años de servicio, expresó que “la responsabilidad y el compromiso que están implícitos en el sentido de pertenencia de los trabajadores ha permitido que El Tiempo hoy siga circulando (…) Hemos pasado por muchas vicisitudes, pero el capital humano se ha ajustado a los cambios o, en su defecto, se ha reinventado”.

Familiaridad
Rodríguez agregó que el equipo que ella lidera en su departamento se ha convertido en una hermandad, basada en el apoyo mutuo, para lograr los objetivos laborales. Y es que, para muchos, la empresa se ha convertido en un segundo hogar constituido por personas unidas bajo un sentimiento de familiaridad.

Para Tatiana Rausseo eso significa la institución en la que labora como gerente de Administración y Finanzas, y a la que pertenece desde hace 17 años; una familia llena de sueños, con una fortaleza inconmensurable que ha permitido el empoderamiento de cada uno de los que la conforman.

Las amistades abundan en los espacios del periódico y algunas prevalecen más allá del tiempo, la distancia y las circunstancias.

Gilberto Caraballo, del departamento de Diseño, por ejemplo, recuerda con mucho cariño a los compañeros que ya no se encuentran en este plano terrenal como Chabela Laya, Domingo Matute, Beda Figueroa y Pedro Tovar, personas que “me impulsaron a mejorar como ser humano a través de sus valores y enseñanzas”, dijo.

El trabajador con 34 años en el diario resaltó que valora la amistad de aquellos que han tenido que emigrar y de quienes continúan siendo sus compañeros de trabajo, con quienes, además, comparte la necesidad de seguir luchando en pro de la operatividad de la empresa con las esperanzas de ser mejores cada día más.

Una escuela
“El Tiempo representa una sólida marca, vigente tras 62 años. Su compromiso es con la ciudadanía, con las comunidades, de cuyas necesidades funge de portavoz, ejerciendo además acciones de responsabilidad social, mientras garantiza un suministro informativo veraz”, dijo Zoraida Mosqueda, del área de Corrección de Estilo.

La trabajadora que suma 35 años en el medio de comunicación, agregó que en la empresa se “pulió” en un oficio que nunca antes había imaginado que ejercería; “lo mío, creía yo, eran la física y la geometría descriptiva, pero eso quedó en el olvido. Aquí hasta terminé por estudiar Comunicación Social”, afirmó.

La jefa de Redacción, Magda Llovera aseguró que El Tiempo ha sido toda una escuela para quienes han tenido la oportunidad de pertenecer a sus filas.

“Acá empezamos con los errores propios de los recién egresados o de la poca experiencia como reporteros o simplemente con costumbres que se han venido arrastrando, pero gracias a los jefes que hemos tenido los hemos ido superando con éxito”.

Llovera, que tiene 39 años ejerciendo el periodismo y 37 de ellos en el diario, ha tomado como punto de partida su oficio para soñar en grande con una mejor Venezuela: próspera, donde prevalezcan la responsabilidad, la honestidad, la solidaridad, las ganas de trabajar, en la que todo se conquiste sobre la base del conocimiento, la preparación, el mérito y no el facilismo y, además, donde la libertad de expresión y de información sea una constante.

Anécdotas
La jefe de Administración, Glendy Fermín recuerda el día en el que ocurrió un terremoto de Cariaco, en el año 1997.

Los cimientos de las oficinas en la ciudad porteña también llegaron a estremecerse y el personal de Contabilidad, siempre preocupado por el funcionamiento de la empresa, antepuso la seguridad de los equipos de trabajo a la de su propia vida, por lo que fueron las últimas personas en desalojar las instalaciones.

“Tal vez en aquel momento fue una imprudencia, pero nuestra prioridad fue asegurar aquellos equipos. Sin embargo, rememoro esos instantes y sólo puedo reírme“, dijo.

Elisa Gil contó que llegó a Puerto La Cruz desde la ciudad de Caracas, en el año 1979, con el fin de hacer una suplencia administrativa en la empresa. Ello dio paso a una estadía que acumula, hasta la fecha, 41 años.

Durante ese período, Gil formó y estableció su familia. “El Tiempo es mi vida. Estoy agradecida por la oportunidad de trabajar y permanecer aquí, al menos, hasta que Dios me lo permita“, agregó la actual adjunta a Presidencia.

Puerto La Cruz / Andrea Aroca.

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