Venezuela

Pdvsa contamina más de lo que produce

Montañas de coque y azufre se acumulan en el Complejo Petroquímico de Jose / Foto: Samir Aponte

Cae la producción petrolera de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) pero sube la contaminación, con resultados muy serios para el ambiente y para la salud de la población y de sus trabajadores. En el oriente de Venezuela todos hablan de las altas montañas negras de desecho del petróleo, el coque. Pero otro peligro alberga en sus entrañas: el azufre que comenzó a acumularse y a formar cúmulos de polvo verde-amarillento. El venteo, la quema de gas y los derrames de crudo emergen también como responsables de generar desde enfermedades respiratorias hasta plomo en la sangre.

El 2020 se ha convertido en uno de los años de peor contaminación ambiental de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). En nueve meses ocurrieron importantes derrames petroleros que han llegado a parques nacionales, arrecifes de coral, campos de cultivo y hasta a las casas de la gente; pero también dentro de su infraestructura continúan creciendo las montañas de desechos tóxicos y siguen expulsando a la atmósfera altos volúmenes de gases de sus mechurrios.

Solo en agosto, y en menos de una semana, varios estados del país fueron afectados por grandes fugas de crudo: dos en Anzoátegui (oriente del país), uno en Carabobo (centro) y otro en Falcón (occidente). Uno de ellos es considerado uno de los desastres ambientales más graves en la historia venezolana debido al vertido de al menos 22.000 barriles de crudo que se extendió por 12,5 kilómetros en el mar, desde la refinería El Palito (estado Carabobo), e impactando cuatro kilómetros de costa y ocho de los 11 cayos que componen el Parque Nacional Morrocoy (ubicado en Falcón), un lugar turístico rico en manglares, arrecifes coralinos y una fauna especial y vulnerable como pelícanos, tortugas marinas y delfines.

Este reportaje realizado por TalCual, en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas del International Center for Journalists (ICFJ), en alianza con CONNECTAS, explica que en Pdvsa las posibilidades de contaminación están latentes, como en toda petrolera en el mundo. Pero la estatal venezolana parece haber olvidado las normas para disminuir el impacto de sus operaciones tanto en el ambiente como en la salud de sus trabajadores y de los habitantes cercanos a sus infraestructuras.

Fue considerada en los años 90 como la empresa petrolera estatal más importante de los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Su prestigio se basaba en su capacidad para explorar, producir y exportar tanto crudos livianos como pesados en gran cantidad. El manejo gerencial, operacional y laboral de Pdvsa elevaba a Venezuela como uno de los grandes productores del mundo.

Hoy, la industria no solo es un actor empequeñecido en el mercado petrolero internacional debido a la debacle de su producción, a una infraestructura dañada por falta de mantenimiento y de recursos; sino que también, enferma.

En los últimos 20 años han ocurrido cientos de incidentes operacionales y accidentes laborales, con la ocurrencia de dos a tres sucesos semanales desde 2006; además de la peor tragedia petrolera en la historia del país: la explosión en 2012 de la refinería Amuay, en Falcón, que dejó al menos 55 muertos, 156 heridos y decenas de desaparecidos.

De todas las áreas de Pdvsa, la División Oriente es la más contaminante. Es allí donde se ha permitido la acumulación de grandes montañas negras de coque y de varios cúmulos de azufre, un polvo verde-amarillento que resplandece ante el inclemente sol de la región. Ahí también están presentes el venteo y la quema de gas que contribuyen al efecto invernadero. Todos estos factores impactan a la atmósfera, afectan a la fauna local y generan desde enfermedades respiratorias hasta altos niveles de plomo en la sangre en sus trabajadores.

En esta región se encuentran las refinerías de Puerto La Cruz y de San Roque, el Complejo Petroquímico José Antonio Anzoátegui (llamado también Complejo de Jose) y cinco mejoradores, todos ubicados en los estados Anzoátegui y Monagas.

“Todo el oriente está repleto de desechos petrolíferos”, sentencia Rafael Ramírez, exministro de Petróleo y expresidente de Pdvsa entre 2004 y 2013.

Refiere que en esa zona además existen miles de fosas de crudo. “Las trasnacionales y la vieja Pdvsa sacaban el petróleo sin especificación (sin certificar) por tuberías y lo echaban en las fosas. Hay 13.000 fosas a cielo abierto en el oriente del país. A veces esas fosas se incendian, caen animales y mueren”.

La contaminación de Pdvsa sigue siendo significativa en todo el país, aun cuando la compañía registra la producción petrolera más baja desde la década de 1930. Pareciera que, mientras menos produce, más contamina.

La estatal llegó a producir en promedio un máximo de 3,2 millones de barriles diarios (b/d) en 2008, desde ese entonces comenzó una imparable caída hasta mostrar en julio de 2020 una producción de 339.000 b/d, una cifra equiparable a la de 1935.

En septiembre de este año, 90% del crudo que se produce en el país proviene de los estados Anzoátegui y Monagas, 7% desde Zulia y 3% desde los estados Barinas y Apure.

Cuando esto sucedía, fue constante el crudo derramado por la industria en playas, ríos, lagunas y tierras en todo el país. Los registros de la empresa desde 1979 hasta 1999 señalan que el volumen total vertido por fugas, derrames y filtraciones fue de 24.233 barriles. Mientras que las cifras oficiales revelan que el volumen derramado entre 2009 y 2016 fue de 1.098.936 barriles. Por cierto, desde 2017 la estatal dejó de publicar esta información.

Para este trabajo, se pudo documentar, a través de la búsqueda de información en varios medios nacionales, la ocurrencia de 49 importantes derrames de crudo en el oriente del país entre 2013 hasta agosto de 2020. De esos, 16 fueron en varias ciudades y poblaciones de Monagas, 12 solo en la ciudad de Anaco (Anzoátegui), nueve en el Complejo de Jose, seis en Puerto La Cruz y otros seis que llegaron hasta el río Guarapiche, importante afluente que surte de agua a Maturín, la capital del estado Monagas.

Adicionalmente se observaron 30 fugas de crudo en el occidente venezolano, de las cuales 21 afectaron al ya mancillado Lago de Maracaibo en Zulia, mientras que cuatro ocurrieron en la refinería Cardón (Falcón), otras cuatro en la refinería Amuay (Falcón) y uno en la refinería Bajo Grande (Zulia).

Desde hace casi un lustro es imposible conocer las cifras oficiales de incidentes de la estatal, ya sean derrames o filtraciones; así como los niveles de quema de gas o venteo, el volumen de las montañas de coque o la cantidad de accidentes laborales o enfermedades ocupacionales. A Pdvsa se le solicitó información al respecto para este reportaje, pero hasta el cierre de la edición no fueron respondidas las dos comunicaciones enviadas a su Departamento de Prensa en agosto y a comienzos de septiembre.

Para Ramírez, otrora “hombre fuerte” de la industria petrolera venezolana, como lo llamó el fallecido Hugo Chávez, “el problema con Pdvsa es que no está rindiendo cuentas a nadie”. Detalla que la empresa arrastra muchos pasivos ambientales, sumado a la práctica depredadora de la industria con el medio ambiente y la falta de información sobre este apartado desde 2016, aunque no hace un gran mea culpa de los incidentes surgidos durante su gestión.

La gran montaña

Pdvsa no solo contamina con las filtraciones de crudo que emanan de sus tuberías y oleductos, también ostenta un peligro latente en sus entrañas: las grandes montañas negras de coque y amarillo-verdosas de azufre ubicadas en el Complejo de Jose, en Anzoátegui.

El coque es un producto derivado cuyo origen proviene del tratamiento del crudo extrapesado que se extrae de la Faja Petrolífera del Orinoco, donde se encuentran las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo. Desde hace ya unos años, la empresa estatal no ha sabido qué hacer con ese desecho que simplemente se acumula riesgosamente.

“El coque es tóxico y peligroso particularmente en Venezuela porque contiene mucho azufre. En contacto con la humedad puede formar ácido sulfúrico, que es el responsable de la lluvia ácida. En contacto con procesos propios de deshidrogenación —el proceso de refinación de crudo produce mucho hidrógeno—, genera el ácido sulfhídrico que es muy temido por la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, por sus siglas en inglés)”, explica Mónica Kräuter, una profesora jubilada de la Universidad Simón Bolívar con doctorados en Química y Desarrollo Sostenible.

Cuando la Faja estaba en plena producción, se generaban unas 15.000 toneladas diarias de coque. Para tener una idea, un camión volteo puede cargar unas diez toneladas, de tal manera que los desechos producidos diariamente eran el equivalente a 1.500 camiones volteo.

Informaciones de Pdvsa revelan que en 2017 existían unas 12 millones de toneladas métricas de coque. De acuerdo a una nota de la agencia de noticias internacional Argus Media, en 2019 se alcanzaron las 15 millones de toneladas. A quien pase por la carretera Troncal 9 de Anzoátegui, vía Píritu, esa suerte de cordillera negra no le será indiferente.

“Las montañas de coque son impresionantes. Ese coque acumulado enferma a los trabajadores, respiran los gases tóxicos que emana y se les mete por la piel”, afirma Eudis Girot, director ejecutivo de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Futpv).

Resalta que los trabajadores de la División Oriente son quienes tienen la más alta incidencia de enfermedades respiratorias como asma y bronquitis, además de enfermedades coronarias y cáncer.

En efecto, el coque tiene metales pesados como níquel y vanadio, y la toxicología señala que cuando se introducen en cualquier ser vivo en altas concentraciones, ya sea inhalados, ingeridos o en contacto con la piel, tienen efectos nocivos a la salud y suelen producir leucemia y todo tipo de cáncer, entre otras enfermedades. “Esto sucede porque el ser humano no tiene forma de eliminar los metales pesados una vez ingresan al organismo, se acumulan y crean estos efectos”, explica Mónica Kräuter.

Una de las soluciones que se planteó para bajar el volumen del coque era la construcción de una planta de generación termoeléctrica, que incluso llegó a formar parte de los proyectos de la Faja. Pero esta opción nunca se concretó por falta de recursos y decisión política.

En el Complejo Refinador Paraguaná (CRP), ubicado a 797 kilómetros de Jose, se produce coque aunque en menor escala. La solución allí fue hacer ‘mantos de coque’. El exministro Ramírez explica que “hay grandes fosas donde el coque está enterrado y cubierto. Nuevamente, eso fue una solución de echarle tierrita a un problema”, admite.

Gas en el aire

El venteo y la quema de gas de las refinerías y de los complejos petroquímicos —un proceso normal en instalaciones de este tipo— se ha incrementado de manera exponencial, convirtiéndose también en otro factor de afectación al ambiente y a la salud.

El venteo y la quema de gas natural son dos procesos diferentes: el primero consiste en toda descarga de gas que proviene de un pozo de producción de petróleo; mientras que el segundo, ocurre a través de antorchas, incineradores o mechurrios como opción de desecho y no para su uso de energía alternativa.

Ya sea venteando o quemando, además del daño ambiental, hay un cierto daño financiero. Debido a su crítica situación, Pdvsa pierde millones de dólares por no poder utilizar ni exportar el gas asociado al petróleo y a la reserva de gas natural en el país.

Rubén Pérez, ingeniero químico con maestría en Ingeniería de Gas Natural y con 23 años de experiencia en la industria petroquímica, señala que Venezuela viene creciendo en el ranking de 30 países con mayor quema de gas natural, al ocupar el sexto puesto en 2018. “Lastimosamente debido a los niveles que se han registrado, el país se encuentra entre los primeros tres o cuatro con quema de gas de forma rutinaria al cierre de 2019”.

De los países productores de petróleo, Venezuela es el que ha incrementado de manera casi exponencial la quema de gas desde 2017, incluso por encima de los grandes productores como Estados Unidos y Rusia.

Datos recogidos de empresas internacionales como Gas Energy indican que Pdvsa terminó 2019 quemando todos los días unos 2.700 millones de pies cúbicos de gas, casi el doble de los 1.600 millones de pies cúbicos diarios que se quemaban en 2017 y muy por encima de los apenas 600 millones de pies cúbicos al día del año 2010.

“En el norte del estado Monagas, en el oriente del país, se ha venido quemando el 60% de todo el gas que se quema en Venezuela durante los últimos cinco años”, recalca Pérez, y agrega que las emisiones de CO² (responsables en gran medida del calentamiento global) desde Pdvsa debido a la quema, estuvieron por encima de los 40 millones de toneladas métricas anuales versus los 5,1 millones de 2010, según el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambios Climáticos.

Pero hay un evento invisible, el venteo de gas natural, que es mucho más nocivo aunque menos espectacular que la quema. Dicho venteo ocurre en mayor medida en el estado Zulia, al occidente del país, y su impacto ambiental es mayor a la quema, ya que el metano presente en el venteo es 27 veces más contaminante que el CO²..

Las graves afecciones

“En las noches es imposible dormir por el mal olor que hay en el ambiente y que viene de la refinería, es demasiado fuerte”, dice Norelia Campos, habitante de Barcelona, ciudad cercana a las infraestructuras de Pdvsa en la región oriental.

Cuando la población duerme, la quema y venteo de gas es mayor, señalan varios testimonios recogidos en la entidad.

Y es que con base a un análisis sobre datos relacionados a la trayectoria de los vientos en la zona norte de Venezuela, donde se encuentra Anzoátegui, tanto los elementos del gas como las partículas del coque viajan hacia los pueblos empujados por la brisa que viene del mar.

En la región predominan los vientos con dirección este y sureste, que son los denominados vientos alisios. Suelen ingresar hacia tierra firme, especialmente hacia las poblaciones de Píritu, Puerto Píritu, Barcelona, Guanta y Puerto La Cruz, ciudades cercanas a la refinería de Puerto La Cruz y del Complejo de Jose por estar precisamente ubicadas cerca del mar.

De acuerdo a la Escala de Beaufort Nº 2 discurren a velocidades bajas, es decir, tienen la característica de una brisa muy débil o ligera. En esta región oriental hay mayor presencia de vientos suaves durante la noche. Esto significa que los vientos no diseminan las partículas sino que las transporta, por lo que pueden llegar a quedarse en los patios de las casas e incluso de escuelas, tal y como lo han señalado los pobladores en el caso del coque.

Debido a estos factores de dispersión, Pdvsa no solo pudiera estar enfermando a sus trabajadores, sino también a los habitantes con los cuales convive. El presidente del Colegio de Médicos de Anzoátegui, Víctor Velásquez, destaca que de las patologías respiratorias en la región se observa una mayor incidencia en los municipios con presencia de industrias y polución del aire.

Según informes de salud obtenidos para esta investigación, entre las 10 principales enfermedades/patologías de la región se encuentran, y en este orden: las asociadas al sistema circulatorio, cáncer de todo tipo, enfermedades de las vías respiratorias, del sistema nervioso central, malformaciones congénitas y anomalías cromosómicas.

Es así como Pdvsa, que acumula una deuda ambiental que superaría los 1.000 millones de dólares —monto señalado por expertos ambientales, exfuncionarios que trabajaron en esta área en Pdvsa y reiterado por el propio exministro Ramírez— , pasivos ambientales que no se han solventado desde la reforma petrolera de 2004 y ante la ausencia de control de los organismos estatales, también lleva a cuestas una gran deuda con la salud de sus propios trabajadores y de la población.

Respirar el polvo negro

“Desde el 2003 empezó a notarse la presencia del coque en la comunidad, debido a que el gobierno no hacía nada para llevarselo. Ellos decían que no era contaminante, pero eso no es así. Las matas que sembrábamos se empezaron a poner negras. Y antes era peor porque trabajaban los cuatro mejoradores de la planta y ahora sólo está activo uno, que igual contamina”, cuenta Frank Rodríguez, de 64 años, habitante de sector El Tejar, en Píritu, y extrabajador del Complejo de Jose.

Afirma que la situación ha comenzado a afectar a niños y ancianos. “Todos tienen problemas respiratorios. Yo te puedo decir que todo Píritu y Puerto Píritu está contaminado. Cuando yo empecé a trabajar allí no había contaminación porque el gobierno de Chávez vendía el petróleo y el coque, pero ahora refinan el crudo y dejan el coque y el azufre ahí, por eso vemos esas grandes montañas”.

Uno de los errores de los directivos de la industria petrolera venezolana fue permitir que las comunidades se fueran acercando a las refinerías, lo que ocasiona un riesgo permanente no solo a su salud sino a su vida ante un posible evento de gran magnitud como lo sucedido con la explosión de la refinería de Amuay, que también afectó viviendas y comercios. Los representantes de Pdvsa hicieron caso omiso o no cuidaron sus propias reglas y límites de sus zonas de seguridad.

Además del coque, las comunidades cercanas a la refinería Puerto La Cruz y el Complejo de Jose se ven afectadas por el dióxido de azufre, otro de los residuos que produce la refinación del crudo proveniente de la Faja del Orinoco y que suele exacerbar los síntomas de aquellas personas que sufren enfermedades respiratorias o cardíacas. Estudios de las universidades Simón Bolívar en Venezuela y Politécnica de Cataluña en España comprueban que la emisión de dióxido de azufre a la atmósfera supera lo que dicta la norma internacional impuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de menos de 20 miligramos por metros cúbicos (<20 mg / m3).

En algunas áreas ha llegado hasta 1.155 mg/m3. Igualmente señalan que las industrias presentes en la zona, entre las cuales se encuentran Pdvsa y empresas cementeras, son responsables del 89% de las emisiones de SO² (dióxido de azufre) en las áreas urbanas.

La particularidad de los vientos en el oriente del país también ayuda a su dispersión. Investigaciones académicas dictaminaron que, dependiendo de la época del año, el dióxido de azufre puede recorrer distancias de 190 kilómetros y llegar hasta la isla de Margarita.

De acuerdo al Estudio de calidad del aire en la costa nororiental de Venezuela realizado por la ingeniero químico Gladys Rincón Polo, doctora en ingeniería de proyectos en medio ambiente de la Universidad Simón Bolívar, las poblaciones de Urucual y Paramayal, ubicadas en Anzoátegui, son las más afectadas por las partículas de dióxido de azufre que emanan del Complejo de Jose.

“La medición supera bastante lo que dicta la norma internacional”, alerta el estudio. “¿Pero qué hizo Pdvsa cuando la gente se quejó? Les regaló tanques de agua”, acota Rincón Polo en su trabajo.

Caracas / Tal Cual / Alianza Shorth and stories

Share This:

Comentarios

  

Publicidad

Publicidad

Publicidad

¡NO sigas este enlace o serás bloqueado en este sitio!