Venezuela

Protestas espontáneas se han vuelto recurrentes desde hace cuatro años

Desde 2016 han sido distintas las causas de “mini estallidos sociales”: escasez de comida, falta de efectivo, apagones y gasolina / Foto: Archivo

Venezolanos han desafiado las medidas sanitarias contra el coronavirus para salir a la calle a protestar por el colapso de los servicios públicos y la crítica escasez de combustible, que ha tenido a todo el país parado en interminables colas frente a las pocas estaciones de servicio que están abiertas.

En el último fin de semana de septiembre se registraron masivas protestas en Monagas, Mérida, Amazonas, Anzoátegui, Barinas, Bolívar, Cojedes, Guárico, Lara, Miranda, Nueva Esparta, Sucre, Yaracuy, Zulia, Aragua, Vargas y Distrito Capital.

Entre el viernes 25 y el sábado 26 de septiembre, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (Ovcs) registró 81 protestas pacíficas en 17 estados del país, la mayoría reprimidas por militares y policías. El número aumentó a 96 si se suman las 15 manifestaciones en 12 estados documentadas por el Observatorio Social Humanitario el domingo 27 de septiembre.

Las cerca de 100 protestas en tres días, consistieron fundamentalmente en cierres de vías públicas, concentraciones y pancartazos. Yaracuy fue el estado donde más se reportaron acciones de calle y violencia de las autoridades. En esta entidad del occidente del país, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), el Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (Conas), la policía estadal y civiles armados reprimieron con balas, perdigones y bombas lacrimógenas a manifestantes en siete municipios, incluyendo Bruzual, Nirgua, Peña y San Felipe.

Hasta las 7:30 pm del sábado 26 de septiembre, la organización Foro Penal contabilizó 31 detenidos por protestas en Yaracuy, entre ellos al menos dos adolescentes, de acuerdo con la información suministrada por su director, el abogado Alfredo Romero.

“A mí hijo se lo llevó la Guardia, está preso, se lo llevaron para el comando de la Guardia y no me lo quisieron dar”, denunció, con voz entrecortada y llorando, la madre de Ayverson Carmona, un adolescente de 16 años de edad detenido el 26 de septiembre por la GNB en Yaritagua, municipio Peña.

El lunes 28 de septiembre, la voz de los reclamos en todo el territorio se intensificó. Sólo  ese día se documentaron  76 protestas en 19 estados, según el Ovcs. El rechazo a las fallas de los servicios básicos y a la escasez de gasolina fue la constante. La entidad que sumó el mayor número de acciones de calle fue Nueva Esparta con un total de 22.

La ONG apunta que 40% de las protestas que se reportaron en agosto, estuvo relacionado con la escasez de gasolina y toda la crisis que eso conlleva. Desde enero  hasta ese mes, el país tenía cerca de 6 mil manifestaciones contabilizadas, en el ámbito nacional. La situación viene aumentando exponencialmente pese a que muchas protestas no tienen una gran presencia en redes sociales o no han sido tan visibilizadas; a diferencia de las ocurridas entre el 25 y 28 de septiembre en las regiones del país.

Marco Ponce, sociólogo y director del Ovcs indicó a El Tiempo que ante el aumento de los apagones, las fallas en el suministro de agua potable, la escasa distribución de gas natural y las interminables colas para surtir carburante, los ciudadanos han tenido que levantar la voz.

“Vemos con preocupación cómo han aumentado en estas dos últimas semanas la frecuencia de las protestas. El estado Yaracuy ha sido un ejemplo muy claro de esta situación. El sábado 26 se lograron documentar manifestaciones  en siete municipios de esa entidad, donde las personas tenían unas exigencias muy claras en relación a derechos sociales y políticos”.

Reclamos y estallidos
La actual es una de las tantas veces en los últimos cinco años que se registran “protestas espontáneas” o “pequeños estallidos” generalizados en varias zonas. Son acciones que se dan sin convocatorias previas de organizaciones o toldas partidista, nacidas de las necesidades de la población, ya sea por comida, efectivo, luz, agua o combustible.

En los momentos en los que han ocurrido, muchos analistas y voceros políticos han pronosticado un aumento pronunciado de las protestas de calle que a la larga sería incontrolable para el Gobierno. Sin embargo, esto no ha sido así, ya sea por la represión de los órganos de seguridad del Estado, o, según algunas opiniones, por falta de dirigencia que canalice el descontento.

Una de las primeras manifestaciones –aunque no fue generalizada-, ocurrió el 2 de junio de 2016, cuando un grupo de vecinos se movilizó en la avenida Fuerzas Armadas, en el centro de Caracas, exigiendo la venta de productos regulados, ante la amenaza de que estos sólo serían distribuidos por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap). “Nosotros lo que tenemos es hambre”, “Presidente, el pueblo se está muriendo porque no hay comida”, eran algunos de los reclamos que se escuchaban en aquel entonces.

Los manifestantes, muchos de ellos amas de casa, se desplazaron por la avenida Urdaneta con dirección al Palacio de Miraflores. Aunque fue una medida espontánea, el Gobierno la atribuyó a sectores del partido Bandera Roja y grupos de bachaqueros.

La acción fue interrumpida por efectivos de la Guardia Nacional apostados en las avenidas Fuerzas Armadas y Urdaneta y colectivos del Frente 5 de Marzo y Francisco de Miranda. Los uniformados lanzaron bombas lacrimógenas.

En aquel momento se consideró que las protestas parecían marcar un punto de inflexión, un antes y un después, sobre la naturaleza de las acciones de calle. El para entonces coordinador de investigación de la ONG Provea, Inti Rodríguez, dijo que lo ocurrido era “consecuencia del descontento y el desespero” de los venezolanos.

“Estas manifestaciones son totalmente diferentes a las realizadas antes, porque no tienen vinculación con organizaciones políticas y sociales, y han surgido de forma espontánea”, explicó.

De igual forma se dieron conatos de saqueos, muchos de los cuales permanecían “invisibles” a la opinión pública. El Ovcs contabilizó, durante el primer cuatrimestre de 2016, 166 saqueos e intentos de violentar comercios.


En diciembre de 2016, la crisis de efectivo generada por la decisión del Gobierno de retirar de circulación el billete de Bs 100 provocó una ola de protestas en el país el viernes 16 de diciembre cuando se implementó la medida. Hubo 405 detenidos, 286 de ellos en el estado Bolívar, durante los hechos en que  fueron saqueados 320 negocios en la capital de esa entidad.    
En los últimos días de 2017 y comienzos de 2018 resurgió la protesta popular espontánea, distinta a las manifestaciones políticas de abril a julio, la cuales dejaron más de 120 muertos. En este caso también se originaron sin convocatoria y obedecían a las fallas de alimentos, gasolina u otros insumos. Diciembre, aunque era un mes históricamente más tranquilo, reportó en 2017 índices de protesta altos.

Más de 100 acciones se realizaron en los días previos al 2018 donde la motivación principal fue la comida. En 63 de ellas los ciudadanos exigían principalmente las cajas del Clap y la entrega de perniles. Analistas políticos avizoraron que, en vista de los reclamos, el 2018 sería un año marcado por una dura protesta social.

Luego, en 2019, otra oleada de manifestaciones espontàneas detonaron por los mega apagones que afectaron al país en la primera mitad del año. En Caracas, el último día de marzo de ese año ocurrieron protestas en al menos 18 zonas de Caracas -muchas de ellas populares-, incluyendo una a pocos metros del Palacio de Miraflores, donde ciudadanos se movilizaron para exigir el suministro de energía eléctrica y de agua potable.    

Lejos de terminar
Para el politólogo Iván Fuenmayor, lo que pasa con este tipo de “mini estallidos” ocasionales es que la sociedad venezolana ha estado por mucho tiempo sometida a la sobrevivencia. “El país ha vivido abandonado por un Estado que no se ocupa de resolver sus problemas.

Sumado a todo eso llega la crisis de gasolina, las fallas en el servicio eléctrico, la escasez de gas doméstico, un sueldo mínimo en menos de un dólar. Todo esto se ha acumulado hasta explotar. Es un fenómeno que se da en todas las sociedades, en todas las épocas de la historia. Hasta la resiliencia tiene un límite.

Otras regiones se levantan para protestar y exigir sus derechos. ¿Que cómo va a parar? Ahí está el dilema. Es un panorama muy difícil, puesto que no hay soluciones próximas para satisfacer las necesidades del pueblo y lo que tiene el Gobierno en la mano es la represión. Detenciones y miedo serán su arma para frenar el inmenso descontento social”, acotó.

Marco Ponce, director del Ovcs, cree que la tendencia está lejos de terminar. “Pudiéramos estar frente a una ola de manifestaciones que tiene que ver fundamentalmente con los pueblos de Venezuela, en vista que no se ven soluciones en el corto plazo para esas demandas entonces lejos de eliminarse se intensifican con mayor fuerza regional”.

Apuntó que el índice de protestas del último balance que publicó el Observatorio de Conflictividad reveló que en el país ocurren aproximadamente 25  diarias y sólo el día viernes 25 en toda Venezuela se reportaron 47 y el sábado 34.

“El domingo 27 hubo manifestaciones en diversos puntos del territorio siendo muy evidente en el estado Guárico, donde a su vez se ha evidenciado la represión con la que han respondido los organismos policiales”, indicó Ponce.

Caracas / Carlos Seijas Meneses / Fiorella Tagliafico

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