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Estudio: Ciclones tropicales están acercándose más a tierra

Expertos investigan extraños desplazamiento de ciclones / Foto: AP

Los ciclones tropicales en el mundo han estado acercándose cada vez más a tierra en las últimas décadas, a excepción de los huracanes del Atlántico, según un nuevo estudio.

Dichos ciclones, también conocidos como tifones, se han estado desplazando en general hacia el oeste a razón de unos 30 kilómetros (18 millas) por década desde 1982, aproximándose más a tierra y tornándose más peligrosos, de acuerdo con el estudio publicado el jueves en la revista Science. Cada década desde la de 1980, dos ciclones más han llegado hasta a 200 kilómetros (124 millas) de la costa, señala el texto.

Los investigadores no comprenden muy bien por qué está ocurriendo esto, pero se suma a otras tendencias inquietantes en la actividad ciclónica. Según estudios anteriores, la mayoría de las tormentas intensas están incrementando su fuerza y las tormentas en general están volviéndose más húmedas, virando hacia los polos, desplazándose con más lentitud y conservando su potencia por más tiempo después de tocar tierra.

Sin embargo, aunque el nuevo estudio halló que las tormentas se están acercando a las costas, los investigadores aún no han visto un aumento considerable en las ocasiones en que sí llegan, lo que “continúa siendo un enigma”, dijo el principal autor del estudio, Shuai Wang, un científico de ciclones en el Imperial College de Londres.

“No es únicamente la recalada lo que causa daños. Cuando un ciclón se aproxima lo suficiente a tierra también puede causar destrozos como los huracanes Sandy y Dorian hace unos años”, afirmó Wang, que también mencionó al tifón Lekima de 2019, uno de los más costosos en la historia de China. “Si se examina su ruta antes de que tocaran tierra finalmente, esos ciclones bordearon la costa estadounidense por largo tiempo y eso definitivamente generó destrozos. Ésa es una razón por la que examinamos la actividad costera”.

Es un misterio que, a diferencia de otras regiones, la cuenca de huracanes del Atlántico no registró ningún desplazamiento considerable hacia el oeste, pero eso podría deberse a que ese océano está rodeado por continentes más próximos, según Wang. La cuenca más intensa de ciclones tropicales se ubica en el Pacífico occidental, donde suceden la mayoría de las recaladas y el desplazamiento hacia el oeste es dos veces mayor que el promedio global.

Wang y sus colegas continúan intentando averiguar por qué está sucediendo ese desplazamiento. Las tormentas generalmente avanzan de oriente a occidente debido a los vientos alisios en los trópicos, así que un mayor desplazamiento hacia el oeste por lo general las acerca más hacia la costa, señaló Wang. Las tormentas que se forman al oeste de un litoral, como en el Pacífico frente a California y las costas mexicanas, por lo general ya se están alejando de la costa, así que en ese caso el desplazamiento no suele afectar a tierra.

Los cambios en las corrientes atmosféricas que desvían a las tormentas tienden a empujar los ciclones más hacia el oeste, pero por qué ocurre continúa siendo una pregunta abierta, señaló Wang. Indicó que podría ser explicado sólo parcialmente por algunos ciclos climáticos naturales de largo plazo.

Otros cambios en los patrones atmosféricos han sido vinculados con el cambio climático causado por el hombre, y tal vez ése sea un factor en el desplazamiento, pero no es algo que los investigadores puedan demostrar aún, agregó.

Kerry Emanuel, experto en huracanes del Instituto Tecnológico de Massachusetts, dijo que el estudio es verosímil, en especial porque los científicos ya han advertido un desplazamiento mayor de las tormentas hacia los polos norte y sur, pero plantea interrogantes que requieren un seguimiento, en especial por qué no se ha detectado un respectivo aumento en las llegadas a tierra.

Debido a todos estos extraños desplazamientos, los ciclones se están alejando de sus ambientes preferidos de aguas tropicales cálidas lejos de tierra, afirmó Brian McNoldy, investigador de huracanes de la Universidad de Miami.

Atlántico / AP

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