Venezuela

Masificación del uso de divisas elevó ingresos de trabajadores informales sobre los $1.000

La dolarización de facto ha empujado a los trabajadores formales, que necesitan más recursos, hacia la informalidad / Foto: Cortesía

“Con esto del pago en dólares sí que me ha mejorado la vida”, asegura Jesús Caraballo, de 57 años, quien actualmente hace trabajos a destajo en Caracas, en viviendas donde se requieran servicios de plomería, albañilería, electricidad o arreglos en general.

“Por revisar lo que necesitan les cobro $10”, relata, “luego les pongo la tarifa del trabajo, dependiendo de la dificultad del problema. Por ejemplo, tengo cuatro familias fijas que siempre necesitan de mis servicios y mensual puedo ganarme sólo con ellas $400. Hace una semana hice un trabajo en un patio y me pagaron $70 por eso. También hay trabajos sencillos que con los $10 que me dan por la revisión, ya no les pido más”, afirma el hombre.

Si bien la adopción informal del dólar en Venezuela, como consecuencia de la crisis hiperinflacionaria que atraviesa el país desde hace más de tres años, ha empeorado la situación de pobreza que enfrentan algunos habitantes, también ha beneficiado a otros.

Este proceso, al que los economistas suelen referirse como dolarización transaccional, ha profundizado la desigualdad en la nación, dividiendo a la población entre los que tienen ingresos fijos en divisas y los que no.

Uno de los grupos venezolanos que se han visto beneficiado de la masificación del uso de la moneda estadounidense, son los trabajadores por cuenta propia, que, según los datos presentados en 2020 por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), representan 45% de la fuerza laboral.

Pagos más recurrentes
La dolarización de facto en Venezuela ha permitido que los trabajadores informales puedan cobrar sus servicios en divisas. Actualmente una parte de ellos tienen ingresos mensuales que superan los $1 mil, una cifra exponencialmente superior a los salarios de los trabajadores formales, sobre todo de los empleados de la administración pública, e incluso se sitúan por encima de sueldos que paga la empresa privada.

“A pesar de la crisis, son las personas que ofrecen servicios profesionales informales las que, de alguna forma, están recibiendo ingresos de manera recurrente”, indica a El Tiempo el economista Luis Arturo Bárcenas, miembro de la consultora Ecoanalítica.

“Un electricista por revisión cobra, al menos, 30 dólares; un plomero lo mismo, una señora de servicio igual. El hecho de que esas personas reciban pagos por cada trabajo que hacen y sean remuneradas con mucha más frecuencia, les da mayores posibilidades de tener ingresos superiores respecto a alguien que recibe los pagos cada 15 días o cada mes”.

En las familias más pobres, donde no se reciben dólares, el salario y los bonos del Gobierno –los cuales tienen cada vez más peso en el ingreso-, no cubrieron en 2020 más de 19% del costo en dólares de la canasta alimentaria familiar, que en promedio se ubicó en $300. Esto ha hecho que se busquen otras vías de ingreso, ya sea a través de transferencias desde el exterior, o asumiendo emprendimientos y trabajos paralelos.

Bárcenas agrega que muchos de los trabajadores informales siguen oficialmente en la nómina de la administración pública y que es en el tiempo libre que tienen, sobre todo ahora con el cese de las actividades de este sector por la pandemia, cuando aprovechan para hacer otras tareas.

“Igual ocurre con la gente que ofrece servicios al tiempo que lleva sus labores formales desde casa”.

Ingresos sincerados
José es un parquero en La India, en el oeste de Caracas, Además de vigilar las motos y carros que se estacionan en los alrededores del Centro Comercial Galerías, sirve como “buscador de pasajeros”, o al menos así lo llama él.

Su oficio consiste en pararse bien temprano para irse a la parada de autobuses y allí grita hacia dónde va cada unidad para atraer a los pasajeros. Algunos choferes de transporte público le llegan a dar un dólar. Él asegura que en un día puede llevarse a su casa $50, lo que al mes sumaría más de $1 mil, un monto bastante alto, especialmente en comparación a lo que gana un profesional, que en la mayoría de los casos no supera los $100.

Actualmente los sueldos de los profesionales universitarios en la administración pública oscilan entre Bs 2 millones 736 mil mensuales y un máximo de Bs 3 millones 648 mil, que equivalen a 1,4 y 1,9 dólares, respectivamente, a la tasa de cambio oficial del 28 de febrero, cuando el dólar se ubicaba en 1.865.613 bolívares.

Al comparar estas ganancias se observa cómo esta distorsión de la economía ha convertido a los trabajadores formales de Venezuela en casos de pobreza extrema sin oportunidades de cambio en el futuro inmediato.

El economista Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis, explica que la dolarización informal sinceró los ingresos de la mayoría de los profesionales que trabajan por cuenta propia, empezando por médicos que cobran sus consultas en divisas y otros trabajadores autónomos y prestadores de servicios, como, por ejemplo, plomeros, electricistas, profesores particulares, entrenadores y jardineros.

“Quienes la tienen mucho más difícil son los empleados, porque su capacidad para equilibrar su ingreso es más complicada y rezagada. Ellos llevan la peor parte”.

Según Datanálisis, cerca de 20% de la población percibe montos que van desde 250 dólares hasta 1 mil 400 dólares. Estos provienen de ahorros en el exterior, remesas, repatriaciones y/o pagos por sus trabajos en dólares. Señala que en este grupo pueden encontrarse constructores y electricistas de alto nivel.

Un segundo grupo, compuesto por otro 20% de la población, gana entre 150 y 250 dólares al mes. Estos tienen ingresos en divisas -pero mucho más bajos que los primeros-, por transferencias y remesas del exterior y/o hacen trabajos básicos que cobran en dólares.

El otro 60% de la población tiene ingresos muy bajos. Datanálisis clasifica este grupo en dos tipos: uno cuyos ingresos pueden estar entre 60 y 80 dólares, y el segundo, “muy marginal y pobre” de la población, que recibe muy por debajo de un dólar diario, es decir, 30 dólares al mes.

“Esas sí son las personas más excluidas y afectadas. ¿Qué puedes comprar con 30 dólares en un mes? Mantener una familia es imposible. Estas personas tienen transferencias del Estado, como bonos y cajas CLAP, las cuales se deben considerar en los cálculos de ingresos. Este subgrupo, que lo podemos llamar realmente marginados, no es tan grande, no es superior al 15% de la población total”, señala León.

Riesgos en la informalidad
Los vendedores ambulantes de pastelitos o empanadas también se han visto beneficiados con la dolarización de facto que se produjo en el país.
“Yo vendo dos empanadas (o pasteles) y un jugo en $1. Traigo diariamente de mi casa 100 empanadas y es raro cuando me queda alguna. La gente siempre compra porque está barato. Invierto al mes unos $200.

Lo demás es para mantener a mi familia y estoy tranquila, trabajo mediodía nada más. Ya a las 11:00 de la mañana no me queda nada”, indica Chela Blanco.

El aumento del comercio informal es una de las más evidentes consecuencias de las múltiples distorsiones en la economía que ha presentado Venezuela desde finales del año 2013, protagonizadas por la recesión, el proceso hiperinflacionario y, recientemente, la pandemia por el coronavirus, que han generado que la economía venezolana actual sea drásticamente distinta a la de pocos años atrás, de acuerdo con Ecoanalítica.

Reporta la Encovi que el año pasado, 46% de los trabajadores se encontraban empleados por firmas privadas (22%) o el sector público (24%). Esto representa una caída de 16 puntos respecto a la medición de empleo de esta misma encuesta en 2014 (62%).

“Estos cambios pudiesen indicar un aumento en el sector informal venezolano y, consecuentemente, un deterioro del sector formal, todo ello en medio de una contracción en el empleo global desde el 2014, guiado principalmente por una contracción económica”, señala Ecoanalítica en un reciente informe.

La firma sostiene que, en el contexto de la pandemia, esta transición hacia el mercado de la informalidad es particularmente preocupante, ante la pérdida de beneficios contractuales ligados tradicionalmente al trabajo formal, además de los salarios periódicos –cómo por ejemplo el pago de seguros médicos.
“Con casi la mitad de los trabajadores venezolanos en estas condiciones, se hace vital encontrar esquemas públicos que apoyen a este sector”, agrega Ecoanalítica.

Caracas / Carlos Seijas Meneses – Fiorella Tagliafico

Share This:

Comentarios

  




Más vistas


Publicidad




Publicidad

Publicidad

¡NO sigas este enlace o serás bloqueado en este sitio!