Venezuela

“Dejamos nuestras casas para resguardar nuestras vidas”

La dama vivió momentos de angustia, debido a los enfrentamientos armados en Apure / Foto: La Nación

A eso de las diez y media de la noche, el estallido estremeció los cimientos de la casa.

Es domingo, 28 de marzo, y en las proximidades del sector caño El Gaital, zona rural del municipio Páez del estado Apure, se registraba un nuevo ataque de presuntos irregulares, específicamente a un puesto de control del Ejército venezolano, ubicado a medio kilómetro, aproximadamente, en un lugar conocido como Las Charcas.

Luego del remezón, que movió con fuerza la cama, el escaparate y las paredes de su vivienda, como si se tratase de un evento telúrico, la dama de 62 años de edad, que para este testimonio vamos a llamar Carmen, corrió despavorida a una pequeña construcción, ubicada a unos metros de la casa, donde dormía su hijo con su esposa y sus dos pequeños nietos.

—Fue una explosión horrible, que lo movió todo. Cuando llegué al cuarto de mi hijo, ellos también estaban despiertos y asustados. Pasamos toda la noche en vela, temiendo que en cualquier momento pudiera producirse una nueva explosión. Entonces, no sabíamos dónde había ocurrido y eso aumentaba nuestra zozobra. Luego empezó a caer una llovizna leve. En medio de nuestra desesperación, comenzamos a imaginar pasos, ruidos de helicópteros a lo lejos. Fue una madrugada fría y larga— relata la sexagenaria a La Nación.

“El miedo nos obligó a huir”

Al siguiente día, una pareja de agricultores de una unidad de producción vecina los visitó. Habían tomado la decisión de huir, de dejar la finca, para trasladarse a la casa de unos familiares en Cordero, estado Táchira. Ellos también habían tejido esa idea, aunque ello significase dejar atrás sus enseres domésticos y unos animales.

—Entre dudas, con miedo, pensando en nuestra seguridad, sobre todo en la de los niños, llegamos a la conclusión de que lo mejor era irnos a donde nuestros familiares, en el sur del Táchira. ¿Y la cochina y las gallinas?, preguntó mi hijo. Yo le contesté que les colocáramos suficiente alimento y agua, y que le pidiéramos el favor a alguno de los obreros de una finca vecina que les echara un ojito. Y así fue— detalla Carmen, mientras entrelaza los dedos y bajaba la voz, mirando por la ventana de manera reiterada.

Ese mismo temor asedió a la población de La Victoria en la madrugada del domingo, 21 de marzo, cuando comenzó el conflicto armado, lo que ha generado un éxodo masivo de estas familias al municipio de Arauquita, en el departamento colombiano de Arauca. En este particular, se estima que unas 5.000 personas han cruzado el río Arauca, algunas apenas con la ropa que llevaban puesta.

“Luego de decidir marcharse de la finca, el hijo de la señora Carmen se dispone a encender el auto, pero este no responde. La batería está agotada. Así pues, para solventar lo del transporte, la señora Carmen y sus dos nietos aprovechan la “cola” con el vecino, mientras que él y su esposa lo hacen en una moto usada, que con esfuerzo pudo comprar meses atrás.

—Cuando veníamos por la carretera, a veces nos quedábamos callados, pensando en que en medio de la ruta pudiera presentarse algún enfrentamiento. Veníamos con el alma en vilo, pero, gracias a Dios, el viaje estuvo normal. Eso sí, nos impactó ver los escombros del puesto del Ejército en Las Charcas. Cuando llegamos al puesto de la Guardia Nacional Bolivariana en El Yaruro nos mandaron a bajar del carro y revisaron todo. Luego nos pidieron algo de gasolina. En ese momento estábamos más tranquilos, pues en pocos kilómetros estaríamos llegando al sur del Táchira, a donde nuestros familiares—indica la dama.

“Tememos perderlo todo”

Varios días después de aquellas horas de incertidumbre, Carmen y su familia temen que, en medio del conflicto, pueda pasarles algo a sus cosas en la finca, al auto, que quedó a la intemperie, y a sus animales.

—Este conflicto armado perjudica a quienes toda la vida nos hemos dedicado al campo. En el Alto Apure hay gente que, a pesar de todo, está dándole duro a la siembra, a la cría de ganado y cerdos, y a la cría de pescado. Hay lagunas grandes, y fincas con mucho ganado en sectores como Caño Hondo, caño El Gaital, el 30, cerca de Ciudad Sucre, Cutufí. Todos tenemos temor en perderlo todo, pero al menos estamos vivos; ese es nuestro consuelo. Ojalá todo esto termine pronto. No queremos que pase como en Colombia, en donde han muerto tantos inocentes por estas confrontaciones —reflexiona la dama con voz entrecortada.

Guasdualito / Raúl Márquez / La Nación

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