Venezuela

El lado iracundo del río Táchira

El río Táchira representa un peligro para los trocheros / Foto: Jonathan Maldonado / La Nación

La fuerza del río Táchira se ha hecho sentir en los últimos días en la frontera a causa de las lluvias. El afluente ha mostrado un rostro poco apacible, pues la ira de su corriente se refleja en el sonido de lo que arrastra. El nivel se ha mantenido entre moderado y alto, encendiendo las alarmas por parte de las autoridades, reseñó La Nación.

El aumento del caudal del río ha dificultado, en cierta manera, el acceso de ciudadanos a territorio colombiano. Los caminos verdes han estado cerrados por horas; algunos puentes improvisados fueron arrastrados por la furia del afluente, aun cuando siempre están los osados que se atreven a desafiar a la naturaleza.

El río Táchira no solo marca frontera entre ambas naciones: Colombia y Venezuela. Su naciente, desde Delicias, en el municipio Rafael Urdaneta, hasta su desembocadura en el río Pamplonita, en Cúcuta, es fiel testigo de los virajes fronterizos y del ritmo constante de ciudadanos que van y vienen de Colombia por los caminos verdes.

Puentes improvisados

Esos “puentes”, no oficializados, se han visto alterados por las fuertes precipitaciones, las cuales, de acuerdo con los pronósticos del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh), se mantendrán en los próximos días.

Los motivos que impulsan a cruzar las trochas son variados. Hay gente que trabaja en el vecino país, y también están los que van a hacer diligencias o quienes desean migrar -han bajado las cifras de este grupo-, además de los que tienen alguna cita médica; estos últimos suelen usar el canal humanitario habilitado en el puente internacional Simón Bolívar.

A raíz del actual escenario con el afluente, la Aduana Principal de San Antonio del Táchira ha registrado mayor dinamismo en los últimos días. Además de los pacientes y personas con doble nacionalidad, que tengan la edad exigida para vacunarse contra la covid-19 en Colombia, se dio, en dos ocasiones, el paso para los grupos que estaban varados en La Parada por el cierre de las trochas.

Frente a este panorama, taxistas, mototaxistas y carros “piratas” confluyen en las cercanías de la aduana, ofreciendo sus servicios de transporte a quienes acababan de atravesar el tramo binacional y arribaban a la avenida Venezuela, cerca de la pared metálica, con el anhelo de regresar lo antes posible a sus hogares.

Atrapada en un islote

Melisa Romero Cárdenas fue la última persona en ser rescatada, en horas de la madrugada, de la furia del río Táchira, el pasado miércoles 5 de mayo, cuando el Cuerpo de Bomberos y Protección Civil (PC) de San Antonio del Táchira acudieron al llamado de emergencia.

22 personas se habían quedado atrapadas en una especie de islote. No podían atravesar el afluente, ya que la corriente mostraba su lado más iracundo y, quien lo hiciera, corría el riesgo de ser arrastrado.

Romero, de 67 años, según se conoció, iba hacia Colombia, junto a un familiar. A la dama la acompañaban varias bolsas repletas de carne, un negocio del que muchos viven en la frontera y que les permite tener algunos pesos en el bolsillo.

Rescate

Al momento del rescate, el cuerpo de la sexagenaria temblaba del frío. Ya eran cerca de las 2:00 a.m. y las temperaturas, pese al tradicional calor de la frontera, habían bajado un poco, conjugándose con la fría corriente que aportaba el río.

Ella iba ser una de las primeras en ser sacadas del islote, pero, por decisión propia, se quedó de última, dándole alivio a los nervios que la acompañaban al principio.

“Eviten pasar el río”

El llamado preventivo de las autoridades ha sido constante. El alcalde del municipio Bolívar, William Gómez, ha reiterado en estos días su mensaje a los venezolanos: “no arriesguen sus vidas, eviten cruzar el río Táchira”.

«No sean osados, no sean atrevidos, hay que respetar la naturaleza. Este río, cuando hay crecida, genera una corriente muy peligrosa y hay gente que se queda atrapada en los islotes», resaltó.

La máxima autoridad local, junto a Bomberos y PC, realiza frecuentes recorridos por las zonas de alto riesgo debido a las persistentes lluvias, entre ellas las cercanías al río Táchira.

El comodín de los pacientes

El canal humanitario lleva más de 13 meses activo. Se estableció pocos días después del cierre de los puentes, ante el escenario que se vive con la covid-19. Desde entonces, pacientes crónicos pueden usar el tramo binacional. Igualmente lo han hecho ciudadanos con otras patologías que requieran atención sanitaria urgente.

Ahora, frente a las jornadas del vecino país en torno a las vacunas contra el virus, también están permitiendo el paso a quienes tengan doble nacionalidad y estén en el grupo etario exigido por Colombia.

El ir y venir por el puente ha presentado mayor afluencia en estos días de lluvias. Había pacientes, como el caso de los que reciben el tratamiento contra el VIH, que usaban los caminos verdes. Hoy, ante el caudaloso río Táchira, emplean el tramo binacional.

A partir de las 6:00 a.m., el canal humanitario está activo. La mayoría de quienes lo usan regresan en horas de la tarde-noche.

“Estoy esperando que cruce mi esposo”

Gledys Villalta, de 30 años, estaba sentada, el pasado sábado, en horas de la noche, en la isla de la avenida Venezuela, cerca de la Aduana Principal de San Antonio, esperando a que su esposo arribara a la zona, tras cruzar el puente.

“Primero dejaron pasar a las mujeres. Ahorita están permitiendo el paso a los hombres”, resaltó la joven, mientras indicaba que todos los lunes va hacia el vecino país, por los caminos verdes, por cuestiones laborales.

Allá, en Cúcuta, labora de forma independiente desde hace ya ocho meses. “Es la manera que tengo para llevar el sustento a mi hogar”, señaló.

Villalta pasa la semana en Colombia y retorna a Venezuela los fines de semana para compartir con su familia. “Es rudo, pero ahí vamos”, aclaró.

San Antonio del Táchira / Jonathan Maldonado / La Nación

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