Reportajes

Migración se reactivó a través de rutas inseguras y con grupos familiares completos

Según investigaciones de la Ucab se han podido ver grupos familiares completos trasladándose a pie, pero también un aumento de niños y adolescentes solos / Foto: Cortesía

Chamel Eid hizo un trabajo de hormiga frente al gobierno de Chile para que le permitieran la reunificación familiar. Y lo logró: el 4 de mayo de este año, el venezolano de 45 años – que en 2018 abandonó su Maracaibo natal para pasar la página de la falta de oportunidades -, se fundió en un largo abrazo con su esposa y sus tres hijos en el aeropuerto de Santiago.

La familia se reencontraba en el país austral después de estar tres años separada. “Aún no lo podemos creer, pero es un hecho. Ya estamos aquí”, cuenta su esposa Diana, una trujillana de 39 años y madre de Mónica, Sofía y Chemil, desde la provincia de Curicó, al norte de la región del Maule, en la zona central de Chile, en compañía de Chamel y sus cuñados.

Entre los pocos venezolanos que en el último año han conseguido, de forma excepcional, la aprobación de la Visa de Responsabilidad Democrática (VRD)  para viajar a Chile con todas las de la ley están Diana y sus tres hijos.
Fue una batalla de casi un año que creyeron perder en noviembre de 2020, en plena pandemia del Covid-19, cuando la Cancillería chilena, sin previo aviso, decidió suspender su tramitación.

“Todo eso generó ruido en ambos países, porque muchos niños quedarían separados de sus padres o madres (…) A través de una carta planteamos nuestro caso a las autoridades chilenas y es después de cuatro meses cuando nos llega la buena noticia de la reactivación de nuestras solicitudes y la aprobación de las visas para la reunificación familiar”, refiere la venezolana.

El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) registró en el Anuario 2020, con base sobre datos de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), una disminución de 88% en el número de venezolanos que entraron a Chile por pasos fronterizos regulares, puertos y aeropuertos entre 2019 y 2020, al pasar de 249 mil 960 a 30 mil 870 personas. Este descenso es atribuido principalmente al cierre de las fronteras para contener el Covid-19 y a la imposición de la Visa de Responsabilidad Democrática desde 2018.

Sin embargo, el número de venezolanos que ingresaron a territorio chileno, por trochas o caminos no habilitados, subió 288% en el mismo periodo (entre 2019 y 2020), al pasar de 3 mil 333 a 12 mil 935. Y solo en enero de 2021 se notificaron 3 mil 463 casos.

Una pausa
El flujo de migrantes del país se frenó entre marzo y septiembre de 2020 a raíz de la pandemia por Covid-19. Incluso, un grupo de venezolanos regresó al país a causa de la paralización de la economía en  la región. Pero, según especialistas  consultados por El Tiempo, a partir de octubre se reactivó la salida de connacionales, aunque con ciertas particularidades: las condiciones se volvieron más precarias e incluso más riesgosas. Por otro lado, se produjo el fenómeno llamado “reflujo”; esto es, la salida de personas desde Venezuela después de haber regresado a pie desde Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Otra particularidad ha sido el desplazamiento de grupos familiares completos.

Pero, este tránsito de caminantes en plena pandemia avanzó a varias velocidades. Si en el primer trimestre de 2020 cruzaron por las trochas 1 mil 101 venezolanos, entre abril y junio – después del inicio de la pandemia – la cantidad disminuyó: 537. Fue un freno momentáneo del flujo migratorio hacia Chile, porque los registros saltaron a 2 mil 588 entre julio y septiembre para alcanzar el pico más alto de ingresos por pasos no habilitados entre octubre y diciembre: 8 mil 709 personas.

Lo ocurrido con Chamel, Diana y sus hijos no es un caso aislado; al contrario, resulta representativo de lo que ha ocurrido desde hace algunos meses. Si bien la salida de migrantes del país se había detenido durante una parte del primer año de pandemia, posteriormente se reactivó, aunque con ciertas particularidades: las condiciones y manera de emigrar se volvieron más precarias, mientras el desplazamiento de grupos familiares se hizo más frecuente. Adicionalmente, algunos de los que habían regresado al país en medio de la incertidumbre económica generada por la cuarentena, optaron por volverse a ir.

De regreso al país

De acuerdo con la más reciente actualización de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela R4V -adscrita a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)-, existen 5 millones 363 mil 986 connacionales bajo la figura de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo reportados por los países anfitriones. Es este el mayor porcentaje  en los últimos cinco años.

Tras el inicio de la pandemia, los inmigrantes venezolanos -una población altamente vulnerable, según reportan organismos internacionales-, resultaron afectados, ya que muchos no tenían un estatus migratorio estable o no contaban con  suficientes ahorros ni apoyo económico para subsistir en una cuarentena. La paralización de la economía y el quiebre o cierre de empresas y comercios dejaron sin empleos a muchas personas, llevando a algunas a retornar al país.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) reveló en febrero que un estudio realizado por varias agencias internacionales arrojó que cerca de 40% de los venezolanos refugiados y migrantes habían sido desalojados durante la crisis sanitaria y 38% más estaba en riesgo de perder sus hogares en el país de acogida.

Activistas de DD.HH advierten que se ha hecho frecuente ver a personas regresando a Venezuela para buscar a sus hijos y hacer el trayecto de vuelta hacia otros países de la región / Foto: AP

Al hacer un balance de la migración forzosa venezolana en tiempos de la cuarentena impuesta por el Covid-19, la socióloga Ligia Bolívar, investigadora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello (CDH-UCAB), subraya que el comportamiento ha sido variable.

“El flujo de personas se frenó muchísimo durante los primeros meses de la pandemia, entre marzo y septiembre, y luego, en la medida en que los países receptores de población venezolana comenzaron a reabrir sus economías y principalmente el comercio, la gente empezó otra vez a salir, porque lo que están buscando son fuentes de empleo que les permitan rendir los ingresos, cosa que en Venezuela es prácticamente imposible“, apuntó Bolívar a El Tiempo.

Entre marzo y septiembre de 2020, indica Bolívar,  se registró también  el retorno a Venezuela de personas que, de repente, se encontraron sin trabajo ni redes de apoyo en los países que habían escogido para reinventarse.

Según cifras de Migración Colombia, cerca de 150 mil connacionales regresaron desde el vecino país. “150 mil venezolanos no es mucho si se compara con los 5 millones que para la fecha se encontraban fuera del país, pero es una cifra importante”, recalcó Bolivar.

Sin embargo, de septiembre en adelante, el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello registró una corriente constante de venezolanos saliendo a pie, principalmente por la frontera con Colombia a través de trochas. Algunos permanecieron en el vecino país; otros se trasladaron a Ecuador, Perú y hasta Chile sorteando el cierre de las fronteras terrestres.

El “reflujo” de venezolanos

En los últimos ocho meses ha quedado en evidencia que la salida de connacionales no se ha parado. En una encuesta reciente realizada en todo el país por la firma Meganálisis- entre el 20 y el 28 de mayo de 2021,-  64,3% de los consultados aseguró que uno o más de sus familiares, que antes vivían en el hogar, habían migrado. La cifra representa un aumento de 7% con respecto a lo concluido por una encuesta similar hecha entre el 7 y el 17 de octubre de 2020, en la que 57,3% manifestó tener al menos un miembro de su núcleo familiar en condición de migrante.

Mientras, de acuerdo con una investigación del Centro de Derechos Humanos de la Ucab, plasmada en el informe “Caminantes de ida y vuelta”, el volumen de personas que salían del país por vías fronterizas, comenzó, en octubre de 2020, a alcanzar cifras cercanas a las registradas antes de la pandemia.

“Para octubre de 2020 se estima que 600 venezolanos estaban ingresando diariamente a Colombia, mientras se calcula la entrada de al menos 50 personas por día desde Colombia hacia Ecuador”, apunta el texto.

El documento apunta como un factor novedoso en el tránsito de personas que huyen de la crisis en el contexto de la pandemia, el llamado “reflujo”. Esto es la salida de personas desde Venezuela por segunda vez, después de haber regresado a pie desde Colombia, Ecuador, Perú y Chile.

Esta nueva movilización de migrantes tiene varias características resaltantes: por un lado, el flujo migratorio desde Venezuela se produce en condiciones de mayor precariedad -principalmente caminando- debido a las restricciones impuestas por la pandemia, además de la falta de combustible.

Registros de la Policía de Investigaciones de Chile indican que, en ocasiones, los venezolanos fueron conducidos al país austral por coyotes o traficantes de inmigrantes, en su mayoría (43%) a través de Colchane, en la región de Tarapacá, frontera con Bolivia, soportando un frío intenso, a más de 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar, durante el año 2020.

El Servicio Jesuita para Migrantes advierte que esta es la expresión de un cambio en la dinámica del flujo migratorio desde Venezuela, con una tendencia hacia rutas más inseguras para llegar a Chile, convertido en uno de los principales destinos en América del Sur, después de Colombia y Perú.

Además, existen rutas como la de Brasil, en menor medida, y salidas marítimas irregulares desde los estados Delta Amacuro y Sucre, fundamentalmente hacia Trinidad y Tobago, vías de escape en las que las personas ponen en riesgo sus vidas.

“Si bien hasta 2018, cerca de la mitad de venezolanos llegaba a Trinidad por transporte aéreo, las llegadas por mar han ido en aumento hasta convertirse en la principal forma de ingreso al país: 55% en 2018 llegó por barco, mientras que en 2019 este porcentaje aumentó a 88%”, subraya la OIM en su informe Monitoring migrants presence: Trinidad and Tobago 2020.

Lo riesgoso y recurrente de esta forma de traslado quedó en evidencia en la segunda semana de diciembre de 2020, cuando fallecieron en un naufragio al menos 33 venezolanos que habían dejado el país a bordo de la embarcación “Mi Recuerdo”, desde las costas de Güiria, estado Sucre, rumbo a Trinidad y Tobago. Un hecho similar ocurrió entre el 23 y el 25 de abril del presente año, tras el hundimiento de otra nave que partió desde La Horqueta, en Delta Amacuro, hacia Trinidad, dejando unos 10 fallecidos.

En familia

El segundo aspecto resaltante del llamado “reflujo” es la presencia predominante de grupos familiares que, en muchos casos, se trasladan a pie y en conjunto. Según lo observado por un equipo de investigación de la UCAB en el terreno, así como por trabajadores humanitarios entrevistados tanto en Colombia como en Ecuador, “las personas están saliendo con el grupo familiar completo y a veces extendido, pues se incorpora una comadre, un sobrino, los suegros y hasta vecinos”.

Esta apreciación fue compartida por Adriana Parra, directiva de la Fundación Tempus 2000 en Colombia.

“Tenemos caminantes a los que les hemos podido hacer seguimiento en la ida (a Venezuela) y en el regreso y los encontramos con su pareja, hijos (…) puede que se acompañen de un abuelo, abuela, suegro, suegra (…) de manera que estamos contando, aproximadamente, cuatro personas por cada venezolano que retornó. Encontramos grupos familiares, algunos muy grandes de ocho o 10 integrantes; incluso grupos de vecinos”.

El tercer aspecto llamativo de la migración de los últimos meses es la “normalización” de la salida del país.

Niños caminantes
Dentro de la reactivación del flujo migratorio ocurrido en los últimos ocho meses, la Comisión de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello (CDH-UCAB) registró el aumento de niños, niñas y adolescentes no acompañados que huían del país caminando . “Según datos aportados por la organización Apoyar, en la región de Arauca se registró un incremento de niños, niñas y adolescentes no acompañados o separados durante 2020, a pesar de la pandemia. La mayoría de éstos son caminantes y viajan en grupos con otros niños y adolescentes que se conocen previamente o en el camino, a veces acompañados por un joven mayor de edad” apunta un informe de la CDH-UCAB publicado en febrero de 2021. En algunos casos, lo menores de edad llegan hasta Ecuador o Perú. Entre las motivaciones se encuentran desde  sentirse responsables por la carga familiar, hasta huir de maltrato.

“El venezolano ya se probó en su resistencia, en su resiliencia, en su capacidad de aguante en las vías. Y eso ahora le hace fácil caminar desde Venezuela. Se confronta consigo mismo: ‘si fui capaz de caminar desde Cúcuta hasta Bogotá, soy capaz de caminar de Caracas hasta Cúcuta y luego continuar’. También se siente impulsado porque ya conoce la vía y ya domina este tema de ir y venir”, señaló Parra.

Esta normalización del trayecto en ambas direcciones también fue confirmada por Lina Mena, encargada de la oficina del Servicio Jesuita para los Refugiados en Tulcán, Ecuador –así consta en el informe elaborado por la Comisión de Derechos Humanos de la UCAB.

 Mena refirió que es cada vez más frecuente ver a personas regresando a Venezuela para buscar a sus hijos y hacer el trayecto de vuelta hasta Ecuador. Aseguró que, entre junio y septiembre de 2020, retornaron muchas familias a Venezuela, pero manifestaban que no tenían intenciones de permanecer en el país, sino de esperar hasta que pasara la pandemia, recoger a familiares y devolverse.

De cara al futuro, la investigadora Ligia Bolívar hace otro alerta: en la medida en que las condiciones de Venezuela sean peores que las del resto de los países de la región, la gente va a seguir saliendo, sea como sea.

Caracas / Mardú Marrón

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