Reportajes

El hampa no perdona ni las sardinas en Las Carmelitas

Hurtos. Ladrones se metieron dos veces en la Escuela Argimiro Gabaldón de Las Carmelitas para sustraer ollas, comida y un ventilador / Fotos: Arturo Ramirez

El poblado Las Carmelitas está ubicado en la zona rural del municipio Juan Antonio Sotillo, a unos 30 minutos de Puerto La Cruz.   

Son 937 los grupos familiares que residen en este valle de clima agradable y que limita con San Diego y Sabana Larga.   

Pero, allí, la gente está consciente de que cualquiera puede ser víctima de la delincuencia que se mantiene al acecho.   

El vocero de la Unidad de Batalla Hugo Chávez (UBCH), Ismael Plaza, confirmó que la seguridad es pésima y no funciona el Cuadrante de Paz.   

“Los funcionarios de la Policía del estado Anzoátegui (Polianzoàtegui) del puesto de San Diego raras veces hacen recorridos por Las Carmelitas. Ellos no tienen patrullas, o no tienen gasolina”.   

Además, según indicó Plaza, los vecinos se abstienen de formular denuncias ante los cuerpos policiales, pues se han visto casos de oficiales que van a negociar con los hampones y salen con los bolsillos llenos.   

Acotó que cuando se presentan situaciones irregulares, piden apoyo a los efectivos del Destacamento 521 de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

Los militares tienen un punto de atención al ciudadano frente al Centro Social Portugués y de la urbanización Canta Claro.   

Plaza mencionó que en marzo pasado, les informaron que oficiales de la Policía Municipal de Sotillo (Polisotillo) iban a  ocuparse de custodiar los módulos asistenciales y los planteles educativos. Pero, un día llegaron varios uniformados a la Escuela Argimiro Gabaldón, preguntaron por el nombre de la institución, y se retiraron para no regresar.   

Refirió el vocero que en 2019, los ladrones se metieron dos veces en el plantel, situado entre los tramos asfaltados de las calles Los Palos Grandes y Bolívar.    Rompieron el vidrio del aula de preescolar, cargaron con las ollas del comedor, con la comida y un ventilador.   

A raíz de ello, integrantes de la comunidad se reunieron para decidir que los vecinos se encargarían de cuidar el colegio que pertenece, no solo a esta generación, sino también  las futuras.   

Los sujetos no han vuelto a meterse en las instalaciones, pues dejaron de preparar comida desde marzo del año pasado, fecha en el Gobierno nacional decretó la cuarentena social para evitar la propagación del coronavirus.

Tardanza del clap   

El comerciante Marco Amudaray dijo que en Las Carmelitas se tar-  dan hasta siete meses en    dar las cajas del CLAP. El 15 de junio recibieron  una bolsa con   cuatro paquetes de harina  de maíz, tres de arroz, uno de espaguetti, otro de azúcar y un cuarto de kilo de leche. Pagaron 2.150.000 bolívares.

Parada de buses   

 Ismael Plaza dijo que tres meses atrás, los residentes colaboraron para comprar, por 18 dólares, un reflector que colocaron en las cercanías de la escuela, donde está la parada del transporte público.   

La gente comienza a llegar al lugar, a las 4:00 de la madrugada, para esperar los colectivos a fin de dirigirse a sus sitios de trabajo o para hacer cualquier diligencia.   

Plaza, quien es además coordinador de transporte de la Unión de Conductores Las Carmelitas, precisó que la línea cuenta con 19 afiliados, de los cuales sólo nueve están activos. Los demás tienen sus vehículos parados por falta de gasolina o fallas mecánicas.   

En la línea trabajan desde hace dos meses el chofer Ernesto Rodríguez (55) y el colector Carlos Rengel (35), quienes nunca han sido asaltados “por cosa de Dios, porque no nos ha tocado”. 

A quien si robaron fue al transportista Richard Leiva (45),  uno de los 15 afiliados de la Asociación Civil Sabana Larga. Él mismo contó que hace un año dos individuos se montaron en su autobús marcaYutong,  de 24 puestos.

 Uno de los sujetos le rompió la cabeza al golpearlo con un revólver, mientras que el otro le quitó el celular que le había mandado, desde Perú, su hijo Ángel Leiva, un barman de 26 años.   

En la calle Principal, la única que está pavimentada por completo, reside el agricultor Jesús Guilarte (55), quien recordó que en 2020, unos hampones lo golpearon en su casa, de donde se llevaron los cables y los víveres   

El hombre añadió que tiene vecinos que le piden que les cuide las viviendas cada vez que van al Mercado Municipal de Puerto La Cruz.   

 “No se puede dejar las casas solas porque se meten los ladrones. Se llevan neveras, cocinas y la comida”.   

Guilarte resaltó que este mes, el director del Consejo de Seguridad Ciudadana de Anzoátegui, Nelson Moreno, ha enviado a los militares de la GNB y oficiales de Polisotillo para que hagan recorridos por la comunidad.   

 En la calle Bolìvar vive el vigilante retirado Pedro González (66), quien contó que limpió unas sardinas, les echó sal y las puso al sol. Cuando fue a buscarlas para preparar el almuerzo, se dio cuenta de que se las habían robado.   

Este sexagenario afirmó que los malandros acuchillaron a sus perros llamados Sabana Larga y San Diego, a cada uno en una pata, porque ladraron cuando se metieron en el patio de su residencia.   

Su vecina Josselyn Barrios (22) señaló que a mediados de junio, a las 3:00 de la madrugada,  se llevaron más de 100 metros de cables que se extendían de un poste hasta el frente de su vivienda.   

En la calle Sucre reside la liceísta Marisol García (18), quien manifestó, al tiempo que lavaba ropa en unos tobos, que el agua no les llega por tuberías.   

“Uno tiene que comprar cada tambor de agua por un dólar. El chofer de un camión cisterna, con el logo de Barrio Nuevo Tricolor, distribuye agua gratis en la comunidad”.   

Otro estudiante, Lender Guerra (16) hizo una carretilla de madera, en la cual carga hasta tres pimpinas de agua.   

El chico llenó los envases en la casa de una amiga que vive en la vía Principal, para llevarlos hasta su morada, situada en la calle Esperanza.

10  dólares pagó  el coordinador de transporte de Las Carmelitas, Ismael Plaza, para recuperar un  celular que le hurtaron, tres meses atrás, en una parada de la línea situada en la calle Simón Rodríguez de Puerto La Cruz. El señor refirió que un sujeto le sacó el equipo de uno de los bolsillos del pantalón, y después se lo vendió por $10 a un colectorl. Este comprador vio en el celular  las fotos de Plaza y le devolvió  el equipo luego de que  le retribuyera el pago que hizo.

Hurtan gallinas  

 En la calle Sucre también habita el comerciante Marco Antonio Amundaray (65), quien ratificó que los policías estadales pasan no más de dos veces por semana por las vías.   

Expresó que no ha sido víctima del hampa, pero sí vecinos, a quienes les hurtaron gallos y gallina. Luego, los malandros venden cada ave en siete dólares en el mercado de Sotillo.   

 “Ya uno no puede criar animales en Las Carmelitas”.   

Amundaray indicó que a causa de la crisis económica cerró su bodega hace unos cinco años. En esa fecha, se dañó el transformador de su sector y se le quemaron tres freezer y una nevera.   

Su amigo, el barbero Eric Sarrameda (40) puntualizó que en varias ocasiones, en las calles ha sido interceptado por oficiales que, con el pretexto de revisar sus documentos de identificación, le roban el dinero de los bolsillos.   

“Ahora uno tiene que cuidarse, no de los malandros, sino de los policías”.

Asesinados en Sotillo   

Dos individuos fueron ultimados, en supuestos ajustes de cuentas, registrados el 10 de mayo de este año en el municipio Sotillo. A Miguel Gabriel Gómez Dibu, de 37 años, lo liquidaron a machetazos en un terreno baldío de la calle Principal del sector La Montañita del barrio La Floresta de El Rincón,  en la zona rural. El hombre sufrió múltiples heridas cortantes en el rostro y el cráneo. Gómez poseía un registro por el delito de robo.  En el sector El Rincón del barrio El Paraíso de Puerto La Cruz,  mataron a   Aníbal José Prieto Carrillo (28 años), quien al parecer era consumidor de droga,     Al joven  le propinaron golpes contundentes que le provocaron fractura de cráneo. Además, le infringieron  heridas cortantes en el muslo izquierdo, tórax y abdomen.  

Ultimaron   a “Cinco Lucas”   

·         José Manuel Alfonzo, de 20 años, apodado “cinco lucas”, fue asesinado el 12 de marzo de 2019, en el caserío Las Carmelitas, parroquia Pozuelos, de Sotillo.   

·         El muchacho fue acuchillado y quemado porque, al parecer, ofreció resistencia a unos sujetos.

·         Una comisión del Cuerpo de Investigaciones Cientìficas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) trasladó el cadáver al anfiteatro del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) en Barcelona. Los expertos le observaron  heridas múltiples y quemaduras en 60%.

·         A la semana, familiares fueron a la morgue forense y reconocieron el cadáver de Alfonzo por los tatuajes que tenía en el pecho y hombros con los nombres de sus hijos.

·         Alfonso había sido vinculado con el  homicidio del abogado Nelson Marrero, quien fue ahorcado con un mecate en una mata de mango,  a orillas del río Neverí en el caserío Mayorquín de la parroquia Naricual, municipio Simón Bolívar.

·         En un principio, policías presumieron  que Marrero se había suicidado. Sobre la marcha de las averiguaciones determinaron que el jurista fue ultimado.

·         Según se informó, el joven se habría cansado de entregarle dinero al abogado Marrero, quien  supuestamente  no cumplía con las diligencias judiciales que le prometía.

·         Alfonzo también era señalado de dirigir una banda de piratas de carretera que operaba  en la ruta Puerto La Cruz-Cumaná, estado Sucre. Además,  figuraba como uno de los delincuentes más buscados por los organismos policiales en la entidad.   

·         La viuda, cuya identidad se mantiene en reserva, contó que cuando José Manuel Alfonzo era niño trabajaba como colector en un autobús, junto con su padre. Cuando los pasajeros  preguntaban por  el precio del pasaje, el pequeño les respondía: cinco lucas. Por eso, la gente comenzó a llamarlo por  tal apodo.

Puerto La Cruz / Yraida Núñez 

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