Reportajes

Con menos camionetas, sin gasolina, ni medidas de bioseguridad se agudiza la crisis del transporte

La disminución de rutas de camionetas y buses provoca aglomeración en paradas y unidades /Foto: El Estímulo

Yuraima Sequera vive en Güigüe, en Bucaritos, municipio Carlos Arvelo,  una zona rural retirada de la capital del estado Carabobo. Se levanta poco más de las 4:00 de la madrugada. Su arepa la prepara la noche anterior y la deja lista para desayunar temprano y no perder tiempo. Sale de su casa y a las 5:00 am está en la parada esperando la camioneta. Cuando llega, ya hay muchas personas delante de ella. ¿100, 200? Son decenas de  usuarios que madrugan para ir a trabajar. Ella se dirige a una casa al norte de Valencia, donde se desempeña como empleada de limpieza.

Luego de esperar un buen rato, finalmente llega su unidad. Una vez se monta, busca espacio como puede. Cuando tiene suerte logra tomar asiento, pero por lo general va parada, sujeta al pasamanos del techo, o al borde del asiento, pero es difícil caerse con tanta gente al lado.

En medio de la pandemia, montarse en un autobús repleto es un peligro. Pero ella está tranquila: ya ha sido víctima del Covid. En 2020, el virus la golpeó con fuerza. Los dolores musculares, el cansancio y la fiebre invadieron su cuerpo. Pero salió airosa.

Dentro de la unidad las medidas de bioseguridad son inexistentes. Ve personas con todo tipo de tapabocas y usándolos de distintas maneras. “Hay unos que lo llevan al revés, con la nariz descubierta. Otros están muy desgastados, la gente no puede comprar muchos tapabocas y es entendible.

Muchos están manchados, ya con un color marrón. Pero tú no les dices nada porque la gente anda muy agresiva. Cada quien en su mundo. No hay más remedio que ir amontonados. No hay camionetas, ni autobuses. Es eso o nada”.

La situación se ha agravado en el último año. Las pocas unidades hacen que las personas demoren mucho esperando. Sería más soportable si la ruta que parte desde su casa en Güigüe, la dejara lo más cerca de su trabajo, pero no es así. Debe tomar otros dos transportes, uno en la frontera del municipio San Diego y Valencia y el otro, en una avenida que divide el casco histórico de la zona sur de la capital carabobeña. “En días buenos tomo tres, pero otras veces tomo cuatro”.


Según expertos, a la fecha, existe un déficit de 60% en la producción de combustible, ante lo cual las colas persisten en las estaciones (Foto: Tal Cual) 

Yuraima sale de su trabajo a las 2: 00 pm. En algunas oportunidades le ha tocado regresar a su sitio de labores porque no encuentra cómo irse: en esos días duerme en casa de su jefa, con quien lleva trabajando 17 años.

Los períodos de cuarentena y la restricción del traslado de personas, que comenzaron a aplicarse en el país en marzo del año pasado, “enmascararon” por un tiempo el problema del déficit de transporte. Sin embargo, en la medida en que se ha ido reactivando la movilización, ha quedado en evidencia que la crisis no ha hecho más que agudizarse, sobre todo, por la escasez que combustible que atraviesa el país desde 2020.

Pocas unidades

De acuerdo con datos de la Cámara Venezolana de Empresas de Transporte Extraurbano, al menos 70% de las unidades de traslado de pasajeros en todo el territorio se encuentran paralizadas, a causa de la falta de carburante y la dificultad para encontrar repuestos.

Al ir mermando la cantidad de vehículos, también disminuyen las rutas de transporte urbano. En el año 2011, el área metropolitana de Caracas contaba con casi 600 rutas, pero para 2021 se estima que queden entre 300 y 400 rutas, según  apuntan voceros gremiales.

El representante de la organización Transporte Unido por Venezuela, Ángel Cacique, puntualiza que en todo el país el déficit unidades se encuentra entre 80%  y 90% acentuándose el problema en el interior del país.

La región capital tiene la flota de autobuses más antigua de Latinoamérica –una parte de ellos son camionetas de la década de los 60, 70 y 80. Venezuela es el único país en la región que sigue utilizando autobuses de 1969, cuando lo máximo que este tipo de automotor  puede operar son 30 años. Eso sí, la marca de los vehículos es Encava, los de mejor calidad, según Cacique.

Pero con la pandemia las unidades que viajan entre estados, es decir las rutas extraurbanas, se encuentran paralizadas. Cacique indica que las rutas Caracas-San Cristóbal, Caracas-Maracay y Caracas-Maracaibo están inoperativas. Este panorama va para un año sin variar.  

Colas  interminables

Trabajar como taxista significaba una solución para llegar con dinero a fin de mes. No obstante, la pandemia por Covid-19, y la escasez de combustible han sido un revés para los trabajadores del volante.

Braulio Mendoza espera estacionado en su punto de trabajo. Son las 8:00 am. Frente al puesto del copiloto de su Spark turquesa está pegado un cartel ovalado, color amarillo en el que se lee la palabra “Taxi” en letras negras. Mendoza está ahí desde las 7:00 a.m. y aún no pasa el primer cliente. Las carreras son escasas. Da un bocado a su arepa de carne molida y mira constantemente por la ventana, para ver si se acerca alguien, pero nada ocurre. Tiene el tanque lleno de gasolina, pero esa historia no siempre es así.

Trabaja como taxista desde 2005 y jamás le había tocado tan difícil. Antes, las carreras abundaban y en un día podía hacer más de 10 viajes, pero ahora no es lo mismo. Estacionado en la avenida Paseo Cabriales de Valencia, muy cerca del centro de la ciudad, Braulio cruza los dedos y espera  conseguir al menos una carrera. El día anterior no hizo ninguna. Si o si, necesita al menos $5, lo cual es lo mínimo que cobra por un traslado corto. “Hay que vivir al ritmo de lo que se va presentando”.

En lo que va de año se ha quedado tres veces sin gasolina, por lo que cada vez que surte, le saca un poco al tanque  y la deja en una pimpina por si hay alguna emergencia. “Aquí nadie te socorre en caso de una emergencia, porque nadie ayuda a nadie”.

La última vez que hizo cola estuvo tres días a la espera del servicio. “Me vine en la madrugada y pasé todo el día ahí, y cuando llegué en la noche, me dijeron que no había gasolina y que al día siguiente llegaría otra gandola, pero estuvimos esperando todo el día y nada que llegó. Apareció al día siguiente a las 11:30 am, pero mientras se instalaron y pasó la gente que está enchufada, terminé pasando tarde. Aquí hay una rosca muy grande”.

Otras veces no corrió con tanta suerte, e incluso estuvo una semana paralizado. Se niega a pagar gasolina dolarizada, por lo que a sus 68 años debe soportar horas en un vehículo bajo el inclemente sol, para abastecerse de gasolina a precio subsidiado. “Son tres días que pierdo, más aquellos días en que no hay clientela”.

Según cifras oficiales, en el país actualmente se producen entre 70 mil y 80 mil barriles diarios de combustible, lo que aún resulta insuficiente para los requerimientos del parque automotor.

Antes de la pandemia, en condiciones normales, el consumo nacional se ubicaba en 220 mil barriles diarios, sin embargo, a mediados de 2020, y a causa de las restricciones de movilización, las exigencias disminuyeron ubicándose entre 100 mil y 160 mil barriles diarios.


En el Metro de Caracas y en unidades de transporte se han relajado las medidas de bioseguridad frente al Covid / Foto: Punto de Corte

En aquel momento, la drástica caída de la producción y la paralización de las plantas de refinación, generaron una crisis de abastecimiento de carburante. La misma fue tan grave que a pesar de la baja en la demanda, comenzaron a registrarse largas filas de conductores frente a las estaciones de servicio, que demoraban horas e, incluso, días para surtir en varias regiones del país. También provocaron manifestaciones en distintos estados.

Posteriormente, los requerimientos volvieron a elevarse a los niveles que existían antes de la pandemia, y en opinión de  expertos, a la fecha, existe un déficit de 60% en la producción.  

Metro en crisis

A pesar de usar el Metro en Caracas, Julio Lozado llega agotado todos los días a su casa.  Tanta gente lo hace sentir ansioso mientras espera el tren en la estación Francisco de Miranda, al este de la capital. “He llegado a esperar hasta una hora en días malos. Con esto del Covid es un peligro, pero la idea de caminar desde Los Dos Caminos hasta La Campiña es abrumadora, una vez en un apagón me tocó hacerlo y fueron dos horas. Recuerdo que tenía unos zapatos de mala calidad y cuando llegué a mi casa me tiré en el sofá como si iba a morir del dolor y el agotamiento”.

Una vez que Julio sale a la superficie en la estación Sabana Grande tiene dos opciones, caminar hasta su casa,  unas 15 cuadras hacia arriba, o esperar el Metrobús, que puede tardar mucho más que el mismo Metro.

Según Angel Vivas vicepresidente de la Fundación Amigos Metro de Caracas, el subterráneo siempre ha tenido fallas, pero estas se acrecentaron en las últimas dos décadas, teniendo sus inicios entre 2004 y 2006.

Actualmente, Vivas precisa que la compañía presenta 80% de afectación en su operatividad. “El servicio pasó de ser una referencia mundial en eficiencia, a ser una referencia de mal servicio”.

En la medida en que se fue reactivando la movilización de personas -luego de los períodos de cuarentena que comenzaron a aplicarse en el país en marzo del año pasado-, fue quedando en evidencia que la crisis de transporte no ha hecho más que agudizarse, sobre todo, por la escasez de combustible, la disminución de rutas y unidades, la falta de repuestos y el relajamiento de las medidas de bioseguridad. Ya sea en camioneta, taxi o Metro, los  ciudadanos han  encontrado  que, luego de 15 meses de iniciada la pandemia, los problemas se han agravado. 

Las primeras fallas estuvieron vinculadas a daños en el sistema de aire acondicionado de los vagones y después  comenzaron a multiplicarse comprometiendo la operatividad de los trenes, por lo que en estos momentos de los 120 vagones que recorren las cinco líneas del metro, solo 15% o 10% funcionan. Esto deja  entre 7 y 12 trenes solamente en la línea uno, generando retrasos de hasta una hora, cuando lo ideal son 93 segundos entre tren y tren. En las otras líneas sólo operan de cinco a siete trenes y los retrasos son mayores.

Vivas comenta que en circunstancias “normales” deberían operar al menos 32 trenes, pero esto no se ha logrado. Recalca que cuando hay un esfuerzo muy grande se llegan a los 13 trenes.

En cuanto al Metrobús, de las 565 unidades que hubo en algún momento ahora solo 15% ofrecen el servicio. Para empeorar la situación, de las 96 paradas dispuestas en toda Caracas, solo 15 están funcionando habitualmente.

Ya sea en camioneta, taxi o metro, los  ciudadanos han  encontrado que, luego de 15 meses de iniciada la pandemia,  los problemas se han agravado.

Caracas / Armando Díaz

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