Reportajes

Jornadas de alimentación se han convertido en el salvavidas de muchas familias vulnerables

Hay fundaciones que brindan un plato de comida al día, como Un Regalo al Corazón / Fotos: Rafael Salazar

La pandemia por Covid-19 no sólo sumergió a Venezuela en una crisis sanitaria de la que aún le falta mucho para reponerse, sino que también agravó las dificultades económicas y sociales de las familias de más bajos recursos, las cuales han venido siendo golpeadas en su capacidad de alimentarse dignamente.

Pese a que no existen registros oficiales de la desnutrición en el país a causa de la crisis, la página web del Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos publicó el informe anual de 2020 a través del cual explica cómo en ese periodo se acentuaron negativamente los indicadores.

Señala que la pobreza tocó a 96% de los hogares venezolanos, el doble de la cifra registrada en 2014.

“La pobreza extrema tuvo un incremento más drástico, pasando de 20% a 79%. La pandemia por coronavirus afectó gravemente los ingresos de los hogares que dependen de la economía informal. La falta de ingresos en los hogares dificultó la compra de alimentos, intensificó el hambre y la vulnerabilidad en la población”, expresa el escrito.

Ante estas complicaciones de tipo alimentario, en el eje metropolitano de Anzoátegui son cada vez más las fundaciones cristianas y Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que se dedican a realizar jornadas para garantizar que las familias vulnerables reciban, al menos, un plato de comida al día.

500 comidas
diarias, compuestas por proteínas, vitaminas y minerales que equivalen a 40% de calorías que requiere el organismo al día, entrega en Anzoátegui, la Organización No Gubernamental (ONG) Alimenta la Solidaridad, como lo da a conocer a través de su cuenta en la red social Instagram. Su prioridad es ofrecer almuerzos nutritivos que permitan el desarrollo saludable de los niños más necesitados.

Algunas de las actividades llevadas a cabo por estas instituciones han surgido antes las necesidades alimentarias que han crecido durante la cuarentena; mientras que otras que tienen años han ajustado las estrategias para atender la demanda bajo el cumplimiento de las medidas de bioseguridad.

La Fundación Hay Luz Hay Esperanza es una de las que trata de mantenerse en el tiempo, pese a los inconvenientes. El equipo lleva trabajando cerca de 15 años, pero fue en 2017 cuando logró constituirse legalmente, para poder arropar a más personas. El amor, compromiso y necesidad de los niños son su principal motivación. Así lo dio a conocer la coordinadora Marlenis Silva.

“Nosotros trabajábamos netamente con niños en situación de riesgo y ahorita, a raíz de la pandemia, nos hemos reinventado en las estrategias”.
Silva explicó que anteriormente visitaban los sectores, con el apoyo de los líderes comunales, para realizar operativos completos con los servicios de alimentos, peluquería, baño, suministro de ropa y calzado; enseñando valores cristianos como bandera.

Pero, por las medidas de prevención suspendieron las actividades masivas para beneficiar a los pequeños en sus casas, con la entrega de un mercado balanceado y vestimenta. Tratan de visitar dos sitios al mes.

“A raíz de la pandemia se ha extendido a la familia, ahora no solamente bendecimos al niño, porque ha aumentado mucha la necesidad. Tratamos de unir a los padres para que haya una transformación, porque una comida la da cualquiera, pero llegar a los valores y a la transformación del padre ahí es donde se basa todo”.

“Estamos abiertos a cualquier tipo de ayuda porque la necesitamos, pero fundamentalmente nuestra ayuda viene de los hermanos de la congregación, quienes nos apoyan y Dios nos ha respaldado para que nunca nos falte nuestro banco de alimentos para las jornadas”.


Marlenis Silva – Fundación

De igual manera, desde diciembre, la fundación mantiene un proyecto los sábados, de entrega de alimentos elaborados para los menores con edades comprendidas entre cuatro y 11 años que hacen vida en el mercado municipal de Puerto La Cruz. Esta es una iniciativa en alianza con la iglesia cristiana Rayos de Luz, que presta sus instalaciones. Allí les dan desayuno, almuerzo y educación.

Diaria

En Barcelona, la Fundación Un Regalo al Corazón se encarga también, de lunes a viernes, de brindar, desde hace más de tres meses, un plato de comida a más de 100 personas en un espacio que antes era un vertedero de basura y que lograron rescatar, al final de la avenida 3 del sector 2 de la urbanización Brisas del Mar.

“Ayudamos a los más necesitados. Al principio estábamos abocados a los niños, pero viendo la situación, que venían personas de la tercera edad, jóvenes y madres, no nos negamos a ayudarlos. El presupuesto era para 74 personas, pero tuvimos que correrlo a 100 beneficiarios fijos. Sin embargo, siempre vienen ocho o 15 de manera opcional. Nadie se ha quedado sin almorzar. Tratamos de ayudar a otras personas, pero el presupuesto no nos da”, contó Jesse Garnier, presidente de la organización.

Mientras que en su propia casa habilitó un comedor para 30 pequeños, quienes además haen allí tareas dirigidas.

Garnier señaló que reciben aportes de ciudadanos particulares; sus colaboraciones pueden ser artículos de la cesta básica.

Para el ama de casa Surilka Lara, habitante del sector 6, contar con una comida para ella y sus dos niños es un alivio.

“Mi situación era muy difícil antes, muchas veces no tenía para darles comida. Al menos ahorita estoy segura de que se lleven un plato en el estómago y yo consigo, dando tareas dirigidas, comprar para la cena. Pero antes, lograba sólo una comida al día”, resaltó la mujer de 47 años de edad.

Otra beneficiaria es Edith Pereira, quien está embarazada, así como sus cuatro hijos de 6, 9, 10 y 21 años.

“Gracias a Dios que me ha bendecido y que nunca falta quien nos ayude, porque mi esposo a veces es quien consigue matar tigritos para comer. Antes mi situación era más complicada”, confesó.

Puerto La Cruz / Elisa Gómez

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