Reportajes

Adultos mayores aseguran que sobreviven con la ayuda de terceros

Adultos mayores dijeron no gozar de buena alimentación por la crisis / Fotos: Rafael Salazar

Llegar a la vejez para descansar y disfrutar de los recursos obtenidos durante años laborados era la meta de muchos adultos mayores en Venezuela, cuando había estabilidad en la economía.

Sin embargo, con la hiperinflación que se ha acentuado en los últimos años, esta aspiración quedó en el pasado.

Y es que con una mensualidad de la pensión del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), de 7 millones de bolívares (Bs), es poco lo que pueden hacer debido a que la mayoría de los alimentos y demás productos se encuentran cotizados en dólares.

Sobrevivir con la ayuda de terceros ha sido la tabla de salvación de esta parte de la población ante la crisis económica y social que vive el país. Al menos así lo aseguraron, en su mayoría, personas consultadas por el equipo de El Tiempo.

“Con lo que me depositan de pensión, no compro casi nada. Eso alcanza únicamente para adquirir un litro de aceite. De resto, tengo a mis dos hijos que me ayudan”, contó el jubilado de la Gobernación del estado Anzoátegui, Francisco Gómez, de 77 años de edad.

Pese a la manutención forzada, el septuagenario manifestó que los recursos alcanzan para “medio comer”. Aunque cumple con las tres comidas del día, no logra hacerlo de manera balanceada.

“Siempre uno come cosas que no quiere, pero eso es lo que hay. Los granos se han convertido en esenciales porque son económicos y rinden. Siempre hace falta una buena alimentación y medicinas, pero gracias a Dios, la unidad se impone y se solucionan los problemas a medias”, manifestó Gómez.

Recordó que antes solía comer pollo de manera interdiaria y ahora lo hace una vez a la semana, y si acaso. Con el pescado le sucede algo similar, puesto que acostumbraba comprar de los tipos más costosos.

“Para la compra de medicinas, la situación es mucho más grave, pero uno para adelante, buscando soluciones. Yo sufro de artrosis y muchas veces no puedo adquirir la medicina, tengo que aguantar los dolores”, afirmó Gómez, quien con frecuencia se sienta en la plaza Miranda de Barcelona, a pasar el tiempo, en un ambiente que no sea su casa.

“No hay dinero ni para comprar los fármacos. Yo, por lo menos, soy hipertensa y no tomó las medicinas. Desde que llegó esta crisis, como ajo cuando siento cualquier cosa. El ajo me ayuda muchísimo cuando me dan las crisis”.


Beatriz Gago – 81 años de edad

Para Beatriz Gago, de 81 años, la crisis que se vive en el país “la ve hasta un ciego, porque muchas cosas que uno tenía antes, ahora no las tiene”. En su caso, mencionó que si hay come y, si no, no tiene más opción que pasar hambre.

“Uno consume lo que consiga, lo que esté al alcance al momento. No hay una dieta establecida, como podíamos planificarla antes. La alimentación se basa en lo que Dios ponga al alcance. Al mes pueda que coma pollo tres o cuatro veces, todo depende lo que gane mi esposo, que trabaja en la alcaldía, porque ellos no ganan mucho; así como de la pensión que recibo y de lo que me puedan ayudar mis hijos”, señaló Gago.”

En la calle

Pero la crisis económica y social también ha llevado a muchos adultos mayores a incursionar en la economía informal y, en los casos más extremos, a pedir dinero para poder abastecerse de alimentos, tal como se observa con regularidad en el bulevar 5 de Julio de Barcelona y en las calles de Puerto La Cruz.

Desde una silla de ruedas, Luis Guarepe, de 63 años, quien padece de diabetes, vende chupetas en el paseo capitalino, a fin de obtener el efectivo con el que, aseguró, compra más baratos los alimentos.

7 millones  de bolívares es el monto que mensualmente deposita el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) a las mujeres (mayores de 55 años) y a los hombres (mayores de 60), que hayan cotizado 750 semanas. Hay personas independientes que son beneficiadas a través de Misión Amor Mayor

“Estas ventas son para tener efectivo y resolver algo. Vivo con una hermana y la mayoría de las veces sólo comemos dos veces al día. Pero Dios nos beneficia siempre”, acotó.

También confesó que mantenerse en la economía informal le ha permitido conseguir ayuda de terceros, especialmente con los medicamentos para tratar la diabetes y la hipertensión.

“Últimamente los he tomado en pocas cantidades por lo costosos que están. Ya no tengo y no las he comprado, porque un muchacho me dijo que me iba a conseguir unas, pero mientras esté con Dios, él me protege, porque, de igual manera, no me las tomo todos los días”, expresó el sexagenario.

Puerto La Cruz / Elisa Gómez

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