Reportajes

Improvisación es lo que impera a la hora de protegerse de las lluvias

Muchas personas tratan de cubrirse con cualquier cosa para no mojarse / Fotos: Arturo Ramírez

Pese al reporte que, el 5 de julio, ofreció  el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh), sobre la llegada a Venezuela de 12 ondas tropicales a lo largo de 2021, la improvisación es lo que impera entre los anzoatiguenses a la hora de protegerse de las lluvias, debido al limitado poder adquisitivo que existe a consecuencia de la hiperinflación registrada en los últimos años.

Ni porque el país se encuentra afectado por el  Covid-19, cuyos síntomas pueden empeorar por estar expuestos, por mucho tiempo, al agua o  la humedad de la ropa en el cuerpo, los ingresos no les permite a unos cuantos tomar las precauciones necesarias.

En este contexto ya no ocurre la preparación anticipada que realizaban muchas personas a través de  la compra  de instrumentos como ponchos impermeables y paraguas; estos últimos, incluso, son utilizados para cuidarse de los rayos del sol.

De acuerdo con los testimonios de varios ciudadanos consultados por el equipo reporteril de El Tiempo, la alternativa si se está en la calle cuando cae un aguacero es refugiarse debajo de un techo y esperar que deje de llover o resolver, metiéndose en  otra parte o con cualquier cosa sobre la cabeza, para no ser tan afectados.

9 millones de bolívares es el precio más económico en que se puede conseguir, por ejemplo, un poncho impermeable de emergencia. Son de material plástico, estilo bolsa, y su presentación es de talla única. Lo suele comercializar, en la zona metropolitana del estado Anzoátegui,  una reconocida cadena de farmacias.

“Si me agarra la lluvia en la calle tengo que buscar un sitio en donde meterme porque, si no, me mojo. Busco bolsas, cajas, uno tiene que ver cómo hace, lo que consiga en el camino para cubrirse, porque el dinero de broma alcanza para comprar comida, por lo que no me he preocupado ni siquiera por preguntar en  cuánto sale un paraguas”, expresó el trabajador del hospital Luis Razetti de Barcelona, José Contreras. 

Similar señalamiento hizo el ama de casa Orianni Martínez, quien confesó  que aunque corre el riesgo de enfermarse, no le queda más opción que someterse a la suerte.

“Yo me meto debajo de algún sitio a esperar que escampe. Siento temor de enfermarme por mojarme, pero lo que se consigue es para comprar los alimentos”, resaltó Martínez.

Comercios

Tal como  existe una baja afluencia de compradores, en gran parte de los comercios del eje metropolitano de la entidad se observa una merma en  la disponibilidad y variedad de los artículos  de protección ante las lluvias.

En la mayoría de los establecimientos asiáticos ofrecen sólo el paraguas de cartera a partir de 4 dólares. Los de  bastón, que suelen ser de un material más resistente,  desaparecieron de los exhibidores.

Los impermeables, algo escasos, se comercializaban en el centro porteño, sobre todo para niños, entre $ 5 y $ 7. 

Donde se logró conseguir mayor variedad fue en los establecimientos de una reconocida cadena de farmacias. Allí, el poncho impermeable de emergencia era expendido en 9 millones 300 mil bolívares, mientras que los normales, de un plástico más resistente, los ofrecían en Bs 28 millones 100 mil. 

Por otro lado, los paraguas oscilaban entre Bs 26 millones 800 mil y Bs 38 millones 400 mil.

Según la obrera universitaria Milena Arreaza, ni uniendo la pensión con su sueldo normal podría adquirir  algún equipo  para resguardar su cuerpo de las precipitaciones. 

“Eso no alcanza para nada. Hace poco pregunté y un paraguas salía en $15. Tendría que trabajar como seis meses y no comer para poder comprarme uno.  Yo siempre salgo con una bolsita plástica para colocármela en la cabeza y una gorra que me la sujete, por si acaso me agarra la lluvia. Lo hago, primero, porque mojarse el pelo en esta pandemia nos perjudica más y, segundo, por higiene”, explicó Arreaza.

Hay quienes optan por pedir prestados estos atuendos a familiares y amigos, tal como suele hacerlo el ama de casa Lucía Mendoza. 

“Si mi hermana no sale y ese día  hay tiempo de lluvia, yo le quito el poncho impermeable prestado. A eso nos ha llevado la situación, a tener que compartir las cosas, porque no podemos darnos el lujo de tener cada quien lo suyo”, manifestó Mendoza.

Puerto La Cruz / Elisa Gómez

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