Reportajes

La delincuencia no respeta nada ni a nadie en El Viñedo

Vecinos de El Viñedo manifiestan que la delincuencia no perdona ni la roba tendida en los patios / Fotos: Rafael Salazar

En el barrio El Viñedo, zona sur de Barcelona, los habitantes no pueden descuidarse porque la delincuencia hace de las suyas hasta en sus viviendas. A algunos les han mudado los corotos por completo.  

Así le sucedió al señor Antonio Serrano, quien una noche salió, junto con su esposa e hijo, para la casa de unos familiares, donde se celebraba un cumpleaños. Cuando volvieron se encontraron con que les habían sustraído un  equipo de sonido, aire acondicionado y una laptop Canaima que usaban para los estudios de su pequeño.

El hurto les causó indignación y frustración porque no acostumbran a dejar la casa sola. “Los malandros están escondidos cazando quién sale para meterse a robar. Lo peor es que ese mismo día también ingresaron en otra vivienda para llevarse unos teléfonos y ropa que había tendida en el patio”, relató. 

José Ramón Arellano, habitante de la calle Bolívar  de la Parcela 107, dijo que gracias a Dios no ha sido víctima de la delincuencia en los seis años que lleva viviendo en el sector. Sin embargo, contó lo que les sucedió e impactó la vida de las personas que ocupaban la morada que queda al lado de la suya.

Hace dos meses, sus vecinas, madre e hija, se despertaron a medianoche al sentir la presencia de tres encapuchados dentro de su habitación. Añadió que los desadaptados, no conformes con apoderarse de las pertenencias de la familia, abusaron sexualmente de la muchacha, de 25 años de edad. El hecho causó conmoción entre los vecinos. Ambas mujeres tenían menos de un año viviendo en el sitio y el esposo y padre, respectivamente, acababa de emigrar a Brasil para trabajar.

Arellano dijo que desde entonces, las víctimas abandonaron la casa que ahora es habitada por una pareja y no supieron más de ellas.

El ciudadano denunció que de noche, en varias esquinas se apuestan grupos de muchachos de mala conducta  para detectar quién sale o entra a las casas. Aseveró que este acecho había cesado hace aproximadamente año y medio, cuando un predicador evangélico visitó el sector en una campaña al aire libre y les habló a los delincuentes para que dejaran de azotar a sus vecinos.

“Los de aquel entonces se dispersaron por miedo a la justicia divina. Hubo unos que no hicieron caso y los mató la policía, pero ahora les llegó relevo”, acotó.

 A las viviendas abandonadas les desvalijan puertas, techos y ventanas

Agarran lo que consigan

Yeinys Zambrano, residente de Maisanta, señaló que las láminas de zinc instaladas a modo de cercas tampoco se salvan de los facinerosos, las quitan y se las llevan. A ella misma le pasó dos semanas atrás.

“En estos días me percaté de que me habían robado tres de las láminas de zinc que mi esposo había colocado en el portón para que no quedara descubierto.  En esta comunidad no nos podemos descuidar con nada”,  sostuvo. 

Zambrano agregó que a plena luz del día también cometen atracos en la vía.

Relató que a principios de julio,  fue testigo de cómo dos sujetos le arrebataban el celular de baja gama a una mujer que mantenía una llamada cuando se dirigía hacia la autopista José Antonio Anzoátegui, a fin de esperar autobús porque el servicio  de transporte público es deficiente en el sector.

Para llegar a esa vía rápida, los vecinos de El Viñedo deben  caminar por aproximadamente 10 minutos, en medio de una zona deshabitada y enmontada. Señaló que en parte del trayecto había paredones, los cuales fueron derribados casi en su totalidad para extraer las cabillas y tubos. A ese extremo llegan los hampones sin que haya autoridad que los detenga.

“Eran las 7:30 am y no pasaba mucha gente. La mujer iba caminando lentamente, pero yo pasé rápido, cuando salí a la carretera escuché los gritos y vi a dos muchachos corriendo, ahí aceleré más el paso”, dijo. 

La vecina agregó que tampoco se pueden descuidar con sus sembradíos y cosechas, hasta los racimos de cambur y plátano se llevan de los patios y conucos. Así le ocurrió en abril de este año. Los amigos de lo ajeno también le han llevado las lechosas de sus matas.

Alfredo Salazar, habitante del cercano barrio  Los Jardines, sostuvo que deben estar atentos para no dejar nada mal puesto porque los delincuentes se apoderan de lo que sea. Ni hablar de bajar la guardia ante la presencia de extraños que les toque la puerta para pedir, sean grandes o chicos.

“Aquí hay que tener ojos hasta en la espalda. En estos días llegaron dos niños descalzos pidiendo colaboración para comprar pan  y cuando fui a buscar dinero, se metieron al porche y sacaron la corneta de mi nieto. Cuando salí a llevarles los billetes, ya no estaban. Después me percaté de que habían robado”, comentó. 

Los vecinos manifestaron que, igualmente, se registran desvalijamiento de vehículos estacionados en los patios, el hurto de tuberías de agua, llaves de paso, candados, ollas, bombonas. De las casas que están desocupadas arrancan techos, ventanas, puertas, lavamanos, pocetas y cerámicas.

La falta de alumbrado público en las calles de El Viñedo ha influido para que, además, la delincuencia se mueva a bordo del transporte público. Salazar recordó que en diciembre de 2019, a su hija menor le robaron el teléfono y el bolso cuando, en bus, volvía de la universidad a las 10:00 pm.

“Eran dos hombres y una mujer. Mientras uno de los malandros apuntaba con una pistola al chofer, los otros les quitaban las pertenencias a los pasajeros. Incluso llegaron a golpear a un muchacho por ocultar el bolso que llevaba con una laptop”, refirió.

Agregó que en horas de la mañana suelen conseguir bolsos, carteras y hasta prendas de vestir en el monte y basureros; asumen que son producto de los robos en autobuses y demás transeúntes.

Malhechores se aprovechan de la oscuridad para cometer atracos en la comunidad

Servicios públicos deficientes

La inseguridad no es el único problema que aqueja a los habitantes de este vasto sector del sur de Barcelona. Allí, los servicios públicos fallan continuamente.

Génesis Montoya recalcó que el irregular suministro de agua los hace pasar calamidades, debido a que les llega cada 15 días y a veces demora muchos más, aun cuando la comunidad cuenta con un tanque.

“Hubo un tiempo en el que tardamos como dos meses sin agua y nos informaron que la suspensión en la distribución era por el hurto de una tubería. Fue un proceso reparar eso”, manifestó.

“La electricidad se va sin razón, hasta por el movimiento de la brisa nos quedamos sin luz, sea de día o de noche”, agregó la mujer, quien pidió atención por parte de los organismos gubernamentales, a fin de que les mejoren los servicios y pongan freno al hampa que no respeta nada ni a nadie.

Algunos vecinos han sido víctimas de robo cuando se dirigen al transporte público en la autopista José Antonio Anzoátegui

Barcelona / Milena Pérez

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