Venezuela

En Ciudad Guayana exigen mayor atención en salud por brote de enfermedades

Al menos 618 viviendas y 765 familias se han visto afectadas por las inundaciones / Foto: Correo del Caroní

“Estamos abandonados”. Esta afirmación la repiten la mayoría de las personas que actualmente habitan en refugios temporales en Ciudad Guayana, a consecuencia de la inundación de sus viviendas por la crecida del río Caroní.

De acuerdo con información de la Alcaldía de Caroní, hasta el 23 de agosto se contabilizaron 618 viviendas y 765 familias afectadas por las inundaciones. De ellas, 105 familias están en 14 albergues temporales activados en el municipio.

51 de esas familias se ubican en cinco refugios visitados por Correo del Caroní. La principal necesidad que manifestaron los damnificados fue la de atención social por parte de las autoridades, en especial con el suministro de medicinas. Desde hace varios días se han registrado casos de vómito, fiebre, diarrea, erupciones en la piel, dolor de cabeza y tos, tanto en los que habitan en albergues como en los que se refugiaron en casa de familiares, vecinos o amigos.

Una de las afectadas es María Centeno, de 64 años de edad. Reside en el sector La Laja, en San Félix. De lo poco que le quedaba, no fue mucho lo que pudo sacar esta vez. En las inundaciones de 2018 perdió parte de sus enseres.

“Es triste porque vemos que cada vez uno tiene que refugiarse y va perdiendo cosas y no lo vamos a poder recuperar más. En 2018 se me dañó el nebulizador, ese es mi pulmón, y tuve que mandarlo a reparar. La lavadora está enterrada allá en la casa, no la pude sacar, y mi máquina de coser que con eso era que yo me defendía porque soy costurera. ¿De dónde saco yo para comprar todo eso? Es mentira que el Gobierno me va a ayudar”, manifestó resignada.

Centeno se refugió en el CEI La Laja, que alberga a cinco familias (13 personas). Entre ellos 3 niños, 2 personas de la tercera edad, 1 adolescente y siete adultos.

“Todo se perdió en el agua. No pensamos que el río iba a crecer tan rápido y las 2:00 de la mañana cuando nos despertamos, teníamos todo inundado. Sacamos lo que pudimos, porque el río arrastra culebras y nos da miedo con los niños. El colchón que teníamos lo perdimos, mi hermana y yo estamos durmiendo en un colchón prestado”, comentó Dayana Márquez, otra de las refugiadas en el CEI La Laja.

Escasa ayuda

Son 11 días que este 26 de agosto cumplieron en el refugio. Las ayudas recibidas consisten en agua potable diaria, mosquiteros, edredones, bombonas de gas, bombillas y una bolsa de comida desde que llegaron al albergue.

En el refugio ya hay casos de personas que presentan fiebre y dolor de cabeza, y asmáticos, quienes no cuentan con las medicinas para inhalación. En la jornada de salud que hicieron en el sector, solo les dieron un récipe.

Mientras tanto, todo el sector se ve en riesgo de otras enfermedades por la proliferación de zancudos. En un envase, María Centeno tiene la evidencia de todos los que llega a matar en el día.

“Imagínese que a cada persona nos piquen 50 zancudos de estos a diario por dos meses, ¿qué puede salir de allí?, una gran enfermedad. Uno tiene que luchar desde las 6:00 de la tarde hasta el amanecer”.

En la escuela José Miguel Sáez, otro de los refugios en La Laja, se ubican 18 familias, un grupo de 53 personas. Allí también han presentado síntomas leves de fiebre, vómito, hongo en la piel y secreción nasal.

A estos síntomas se suman erupción en la piel, dolor de garganta y tos, presentes entre los refugiados en la iglesia Piedra de Agua Viva, en el mismo sector. “El alcalde dijo que fumigaron pero en esta parte no. Aquí somos 11 familias (32 personas) las refugiadas. Hace falta una jornada de salud y que nos traigan las medicinas, no récipes para uno ir a comprar porque no tenemos”, manifestó Nurvis Márquez, una de las refugiadas en la iglesia.

Antes de las inundaciones, parte de los habitantes del sector La Laja manifestaron haber recibido la vacuna contra la COVID-19, pero no toda la comunidad está inmunizada, y tampoco les han informado de una nueva jornada de vacunación.

“No ha venido nadie”

En el sector El Edén al preguntar por la visita de autoridades gubernamentales o alguna institución la respuesta de los vecinos es: “Para acá no ha venido nadie”.

“No ha venido ni a ver si hay un ahogado o no. Estamos aquí en el agua esperando que baje”, manifestó una vecina de la barriada.

La calle inundada se aprecia totalmente verde, porque está cubierta por la bora que arrastra la corriente del río. En El Edén se contabilizan 52 familias afectadas, que equivale a 150 personas y 40 viviendas. Solo 12 familias se refugiaron en la escuela José Ángel Ruiz, quienes tampoco escapan a los mismos síntomas que el resto de los sectores afectados.

“Nos evaluaron nada más, no había medicamento, ni siquiera una pastilla para darle a un niño con fiebre, vómito, porque hasta brotes en la piel les están saliendo. Ellos dijeron que no tenían”, dijo Neria Meneses sobre la jornada de salud que les brindaron.

Alimentos Bolívar ha entregado solo una bolsa de comida desde que estas familias tuvieron que desalojar sus casas. En el caso de El Edén, la entrega se hizo antes de irse al refugio, durante su estadía en la escuela solo reciben agua potable diariamente.

“Yo cuando vi que ya por la parte de atrás de la casa el agua se me estaba filtrando y el inodoro no bajaba, llamé a Protección Civil y a la líder de la comunidad para que prestaran el apoyo a las familias que queríamos salir. Se habló con el equipo político de Justo (Noguera) y nos brindaron la colaboración, y fue cuando habilitaron esta escuela (José Ángel Ruiz)”, comentó Meneses.

En esta institución los baños no están en condiciones de uso. Incluso, el de niñas fue cerrado.

Los damnificados de Sabana de Piedra, refugiados en la escuela Brigada Forestal, son los más desasistidos. Pedro Quijada comentó que en las dos semanas que tuvieron que salir de sus viviendas, les llevaron agua y gas doméstico solo en una ocasión. Desde entonces no han recibido más ayuda.

“Todos somos afectados”

El sector Campo Rojo, sin embargo, no tiene refugio habilitado. Los que habitan en las casas ya inundadas se fueron a casa de familiares. En la calle Los Pinos un tramo está completamente anegado, el agua llega cerca de las rodillas a quienes atraviesan ese trayecto que dejó a una decena de casas aisladas.

La única manera de no cruzar por el agua contaminada, ya que allí se desborda una alcantarilla, es a través de un callejón por el que atraviesan por la propiedad de otra familia que permite el paso de los residentes hasta las 7:00 u 8:00 de la noche, aproximadamente, hasta el otro día.

Quienes salen a las 4:00 o 5:00 de la mañana para dirigirse a sus puestos de trabajo tienen que cruzar por el tramo inundado, exponiéndose a enfermedades de la piel, ya presentes en algunos de los residentes.

Comentaron que, incluso, hay varios casos de paludismo en la comunidad. Aunque sus casas no están inundadas, hay un grupo de viviendas que siguen en riesgo y no los toman en cuenta para el apoyo social.

“A las familias que se les inundó la casa no están viviendo allí, nosotros desde las 6:00 de la tarde empezamos a luchar con las plagas. Me gustaría que el alcalde y gobernador vengan en la noche para que vean lo que padecemos, toda esta calle a oscuras y con zancudos”, denunció una afectada.

Las fuertes lluvias y crecidas de ríos han dejado afectaciones en ocho municipios del estado Bolívar, de acuerdo con el informe del Dispositivo Especial de Seguridad para la Protección Civil y Administración de Desastres, de la Guardia Nacional. El reporte indica que en Bolívar, hasta el 25 de agosto había 2.206 viviendas inundadas, y 2.432 familias, unas 9.732 personas afectadas por las fuertes precipitaciones ocurridas en la entidad.

Ciudad Bolívar / Correo del Caroní

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