Reportajes

Tomás Straka: Las redes exhalan suspiros por Pérez Jiménez

Guaidó no fue el mesías que “esperaba” un sector de la población. “Desechado éste, están a la espera del próximo”, dice Tomás Straka / Foto: Cinco8

Para el historiador Tomás Straka puede que Venezuela se consolide como un “Estado cuartel”, pues la figura del gendarme necesario se mantiene fija en la mente del colectivo, el cual a su vez espera el advenimiento de otro mesías salvador, como lo fueron Simón Bolívar, Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez, Carlos Andrés Pérez y Hugo Chávez. 

–¿En qué página va esta historia llamada República Bolivariana de Venezuela?  

–En su segundo tomo.  Es difícil saber qué tan largo será, pero es evidente que muchos de sus personajes, lemas y hasta sistema, han desaparecido en la temporada anterior de esta serie.

–¿Le quitaría la coletilla de “bolivariana”?  

–A estas alturas, no.  Los historiadores nos rendimos a los hechos, no al revés.  Ya está consolidada una nueva acepción de bolivariano, asociada a ella, y ha sido aceptada de forma más o menos general.  Sí colocaría una advertencia acerca de que se trata de una nueva acepción, entre las muchas que ha habido. Es increíble todo lo que pude significar bolivariano.

–¿Otra revolución netamente semántica en la historia? 

–Todas las revoluciones son semánticas, con neolenguas más o menos congruentes con la realidad.   

–¿Otra época de nepotismo? 

–El período de los Monagas es el emblemático.  También el gomecismo.   

—Si “nació rico y murió pobre”, ¿pensó Bolívar que ser rico es malo?  

–No, de ninguna manera.  No hay nada que indique eso.  Lo primero, no es cierto que murió pobre.    

–¿Aprendió la oposición alguna lección de su pasado reciente?  

–Hay varias oposiciones, unas dentro del sistema y otras más o menos anti-sistema.  Cada una parece haber extraído conclusiones distintas de la experiencia.    

–¿Y el Gobierno? 

–Muchísimo.  Desde el 2002, su curva de aprendizaje ha sido acelerada, descomunal, cosa que explica en gran parte su éxito en lo político.  En lo económico, la realidad que suele asestar sus golpes sin misericordia, parece estar generando también un aprendizaje.  Veremos hasta dónde llega.   

Sempiterno militarismo 

–¿Cuándo no fue Venezuela un cuartel? 

–No sé si de verdad ha sido un cuartel alguna vez.  Una cosa es que gobiernen militares, otra cosa es que toda la sociedad se administre como un cuartel.  Hay investigadores que señalan que lo que se conoce como “Estado cuartel” no ha arrancado hasta hace muy poco.   

–¿El civil más militarista? 

–El que suspira por las charreteras.  Los hay muchos.  Basta pasear por las redes y ver los suspiros que se exhalan por Pérez Jiménez.  No vienen de militares. 

–¿Y viceversa?  

–¿El militarista más civil?…En Tuiterzuela se pueden encontrar algunos. Pero militares civilistas los ha habido, y no pocos, como un Isaías Medina Angarita o un Antonio Briceño Linares.    

–¿Todavía cree el pueblo en un gendarme necesario? 

–Muchos en el pueblo y muchos en las élites. 

–¿Y en un mesías? 

–La popularidad que tuvo en su momento Juan Guaidó y la rabia que muchos le tienen ahora, demuestra cuán difundido está el mesianismo en Venezuela: buena parte de su crítica se debe a que no fue el Mesías que se esperaba.  Desechado éste, están a la espera del próximo. 

–¿El mesías del siglo XIX? 

–Hay varios posibles, desde “el segundo Jesús Cristo” de la canción popular, Simón Bolívar; al hombre que se creyó a sí mismo y al que creyeron casi todos predestinado para la regeneración de Venezuela, el Regenerador Antonio Guzmán Blanco. 

–¿Del  XX? 

–A Juan Vicente Gómez se le atribuyeron connotaciones providenciales.  En 1989, los venezolanos votaron por Carlos Andrés Pérez esperando una especie de demiurgo que les devolviera mágicamente la riqueza, ¡y cómo se decepcionaron cuando él les dijo que es posible ser rico, pero con trabajo e inversión!.  Así, después de defenestrarlo, en 1999 buscaron a otro demiurgo, pero uno que no nos mandara a trabajar.  

–¿De esta centuria? 

–¡Tenemos un comandante eterno que nos comanda desde el más allá! 

Los desagraviados 

 –¿Reivindica la historia? 

–La historia en sí misma no reivindica ni condena a nadie.    

–¿Los más reivindicados? 

–En la memoria colectiva, aquellos “incomprendidos” de su tiempo, a los que años después se les da la razón.  No son los únicos, pero sí los más comunes.  Lo hemos visto últimamente con Carlos Andrés Pérez, en ocasiones pasando de la demonización a la idealización.    

–¿Será posible que los próximos reivindiquen al chavismo? 

–Ya ocurre.  Para una gran cantidad de venezolanos, los años de la bonanza petrolera del chavismo son reivindicados como los más felices de su vida.  Así, con esas palabras: los más felices de sus vidas. Los sondeos arrojan datos consistentes al respecto.  Oí a venezolanos en Bogotá pidiendo limosnas porque “Chávez se murió” y, según ellos, por eso todo se vino abajo.   

–¿Los excluidos en los libros de historia de hoy? 

–En los editados para educación media por el Ministerio de Educación, están excluidas básicamente todas las realizaciones de 1958 a 1999.   Creo que es el caso más notable en estos días. 

 –¿Una revolución bonita? 

–Aquellas que abren las puertas para una mayor libertad y prosperidad.  La de los Claveles en Portugal o la de Terciopelo en Checoslovaquia. ¡Hasta sus nombres son bonitos! 

-¿Un logro oficial? 

–Aprender a vivir sin la renta petrolera, o prácticamente sin ella.    

–¿Por qué los mandatarios tienen sed de historia?  

–Habría que preguntárselo a un psicólogo. Lo que te puedo decir es que es más bien bueno que la tengan, que es un componente básico para el bien común, aunque se puede ser psicópata y tener una gran sed de historia, como Hitler.  

–¿El menos sediento?  

–Muchos de nuestros políticos, a los que las circunstancias a veces pusieron en la primera línea.  Por ejemplo un Juan Bautista Pérez o tal vez un Raimundo Andueza Palacios.  El día de hoy parece haber un montón, tanto en el gobierno como en la oposición, que sacian su sed con muchas cosas, menos con historia.  

-¿La historia necesaria? 

–La que ayude a formar un sentido crítico y un espíritu libre en las personas.  

–¿Qué aporta un historiador adoctrinado? 

–Propaganda. 

 –¿Una referencia histórica para la oposición? 

–Puede haber muchas, pero de momento me quedaré con una historia reciente: la oposición siria.  Sus dificultades para ponerse de acuerdo y tomar el poder, al final la comunidad internacional terminó por entenderse con el gobierno. 

–¿Para Juan  Guaidó? 

–Yogi Berra, o al menos uno de sus grandes apotegmas: el juego no termina hasta que termina.  La historia de los líderes suele estar llena de subidas y caídas. Leer la biografía de Churchill no le vendría mal.  Es bueno recordar que no siempre se gana. Figuras como Haya de La Torre o Antonio Leocadio Guzmán nunca llegaron, pero para un hombre tan joven como él, en efecto, el juego no termina hasta que termina. 

–¿Un personaje como Maduro? 

–Muchos en la historia, de Joaquín Balaguer hasta Gorbachov.  Aquellos en los que nadie piensa al principio, a los que sus enemigos subestiman, pero que  terminan jugando papeles claves. 

–¿Otra época de desconfianza electoral? 

–Esas siete décadas de autocracia prácticamente continua que vivimos entre 1870 y 1935. Hubo elecciones casi siempre, pero pocos confiaban en que sirvieran para algo realmente medular.   

Frustración histórica 

–¿La historia irreversible? 

–Hay fenómenos que se consideraban irreversibles y no lo eran, como la modernidad.  Los venezolanos creímos que la democracia, la integración territorial, la clase media, la educación, todos esos grandes logros del siglo XX eran irreversibles… Y no, demostraron que se pueden revertir. 

–¿La historia sin fin?  

–Todo tiene su final, como decía el gran Héctor Lavoe. 

–¿Cuándo se torció el camino? 

–Dios escribe recto sobre líneas torcidas.  Así es la historia de la humanidad.  Siempre anda por caminos torcidos: la rectitud es un anhelo y un esfuerzo de las personas.  

 –¿Existen historiadores de izquierda y de derecha?  

–Absolutamente, como los hay médicos e ingenieros.  O conductores de autobús y chefs. Lo que pasa es que, por nuestro oficio, esas posturas se notan más.  

–¿Un miedo colectivo parecido al actual?  

–No veo ni un solo miedo actual que no tenga una larga historia.  El del Covid, por ejemplo, es sólo la reaparición de uno de los más viejos y arraigados miedos de la humanidad: el de las pestes.  La higiene, las vacunas y los antibióticos hicieron que, por más o menos un siglo, nos olvidáramos de ellas, pero helas acá otra vez.   

–¿Descarta una guerra civil? 

–Si vis pacem para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra). Este sano principio hace que ningún gobierno, de ninguna parte del mundo, descarte nunca esa posibilidad. Chávez hizo otra versión del aserto: la revolución pacífica, pero armada.  Pareció funcionarle.  

–¿Otra sinergia entre un gobierno y el hampa común? 

–Todos los grandes reinos de la historia otorgaron patentes de corso. 

–¿La locura histórica?  

–La de querer cambiar sin que se sea necesario ningún cambio en lo medular, como en 1999. 

–¿Las próximas estatuas?  

–Serán las de los vencedores de esta hora.  Salvo que cambie radicalmente la tendencia, es lo que suele ocurrir. 

–¿Imagina el chavismo como oposición? 

–Yo sí lo imagino.  Lo que no sé es si los chavistas se imaginan a sí mismos en eso.  That’s the question.  

–¿Qué pasaría en Venezuela si no se pasase la página del revanchismo? 

–La balcanización. Algunos creen que ya comenzó.

“Algunos creen que comenzó la balcanización de Venezuela”, señala Tomas Straka / Foto: El Ucabista

De perfil 

Tomás Helmut Straka Medina nació en Caracas el 25 de octubre de 1972. Doctor en Historia por la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab).  Magíster en Historia por la Universidad Central de Venezuela (UCV).  Profesor de Ciencias Sociales, egresado del Instituto Pedagógico de Caracas.  Director del Instituto de Investigaciones Históricas “Hermann González Oropeza, sj”, de la Ucab, donde también dirige sus maestrías de historia. Es Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia. Colaborador en diversas publicaciones y portales, como Nueva Sociedad, Debates Iesa, El Nacional y Prodavinci. Ha publicado, entre otros: La voz de los vencidos.  Ideas del partido realista de Caracas, 1810-1821 (2000);  La épica del desencanto.  Bolivarianismo, historiografía y política en Venezuela (2009) y La República fragmentada. Claves para comprender a Venezuela (2015). 

Caracas / Jolguer Rodríguez Costa

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