Reportajes

Adríán Liberman: el venezolano ya no desea nada para no frustrarse

Para el psicoanalista Adrián Liberman, una nación que aspira a ser “abandonada” por sus habitantes “se convierte en un baldío habitado por recuerdos” / Foto: Diario 2001

Para el psicoanalista Adrián Liberman,  desde el año 1998, lo normal y lo anormal en Venezuela “son lo mismo la mayor parte del tiempo”. A su juicio, el Koki  percibe al Gobierno “como su gemelo, separado al nacer”. Recuerda a la oposición que abandonar la protesta es dejarse avasallar por un “bárbaro” dispuesto a dominarlo todo. El especialista y articulista asegura que “no ve señales de cordura”

–¿Qué pasaba por la mente de Carlos Revete, alias el Koki, mientras estaba en sus andanzas?
–Cualquier cosa excepto culpa, consideración o sentimiento de responsabilidad por el prójimo.
–¿Y por la del psiquiatra del régimen cuando acusa de terroristas a líderes de la oposición?
–Eso se llama “identificación proyectiva”: ver en el otro lo que no se acepta en uno mismo. Es inconsciente, como el resto del régimen.
–¿Cómo percibirá el Koki al régimen?
–Como su gemelo, separado al nacer.
–¿Y en específico a Maduro?
–Como el jefe del cartel que le disputa el territorio. Un igual, pero con bigote.
–¿Y  la percepción del régimen hacia Carlos Revete?
–Es el hombre nuevo, aunque en realidad no es tan nuevo y, quizás, más hiena que hombre.
–¿Es este personaje un ícono en los barrios?
–No solo en los barrios. La pasión por el que depreda y hace lo que le da la gana existe también en las urbanizaciones. Es cuestión de ideales, no de hábitat.
–¿En qué se parecen ambos bandos?
–En casi todo, y solo se diferencian un poquito en la ferocidad. 

Oratoria negligente 

–¿Trasciende el cinismo la versión de que las armas de la Cota 905 fueron suministradas por la oposición? 

–Trasciende el sentido común, pero especialmente la inteligencia de todos. 

–¿Se cree Maduro sus propias declaraciones? 

–Ni en el fondo, ni en la superficie. Pero nunca supo muy bien qué es verdad y qué es mentira, y eso antes de ser Presidente. 

–¿Cree Maduro que le creen? 

–Puede que sí, pero realmente no le importa. De tanto mentir, un mentiroso se pierde hasta de sí mismo. 

–¿Qué debería incluir la inclusión de género propuesta por el régimen? 

–Incluir al género humano, para variar. 

–¿Qué sería de un niño de ser adoptado por una pareja de hombres? 

–Tener la posibilidad de saberse amado por una pareja que lo desea y quiere bien. La orientación sexual no garantiza nada por sí misma… 

–¿Se impondrá la homosexualidad sobre la heterosexualidad? 

–No, solo ganará ser reconocida como una de las tantas opciones que los humanos tenemos para amar. No es mejor ni peor. 

–¿El mundo está loco, loco, loco? 

–El mundo no, pero una buena parte de la Humanidad sí. 

–¿Es normal lo anormal en Venezuela? 

–Desde 1998, normal y anormal han perdido todo sentido, a veces son cosas opuestas, la mayor parte del tiempo son lo mismo. 

–Tras estos 20 años, ¿alguna pérdida irreversible en el venezolano? 

–La dignidad y la consideración por el otro. El ideal de ser el “mejor lugar del mundo” porque sí y no porque se hagan cosas para ello. 

–¿Una ganancia? 

–Desmentir eso de que “éramos ricos y felices”. Hay pérdidas que son ganancias. 

–¿Alguna enseñanza?  

–Muchas, pero ninguna que estemos dispuestos a asumir como propias. 

–¿Algún estado mental que llegó para quedarse en el venezolano?  

–La afánisis, no desear nada para no frustrarse. 

–En un futuro, ¿procedería una evaluación psiquiátrica de quienes asuman el poder en el país? 

–No, pero sí de quienes los eligen. 

–¿Qué recetaría al chavismo-madurismo? 

–Pensar, pero en su sentido de proceso emocional, que implica soportar no saber. 

–¿A la oposición? 

–Lo mismo. 

–¿A la población? 

–Entender que si se se abandona la plaza pública siempre hay un bárbaro dispuesto a tomar nuestro lugar. 

 Locura nacional 

–¿Qué queda de cordura en Venezuela? 

–Casi nada, pero tampoco abunda en muchos otros lugares del planeta. 

–De acostar al régimen en el diván… 

–Será para dormir una siesta. Las personas que son parte de él nunca se hacen preguntas sobre sí mismas. 

–¿Y a la oposición? 

–Es difícil que los que se empeñan en la pasión por ignorar le den paso a la pasión por saber. Así que lo mismo que la pregunta anterior. 

–¿Es el presidente un varón domado? 

–En un país con dos presidentes, primero habría que determinar si el varón es presidente primero. 

–¿Qué delata una información que proviene del G2 cubano? 

–La maldad y perversión de quien la transmite. 

–¿Terminará fulminada la esperanza en cada venezolano? 

-La esperanza es algo individual y variable. Pero seis millones de venezolanos saliendo como sea y a dónde sea responden mejor que yo. 

–¿Son los países el reflejo de sus gobernantes? 

–No necesariamente. Países y gobernantes son síntomas mutuos, intentos de llegar a un compromiso para dar cuenta de saber qué hacer con nosotros mismos. 

–¿En qué termina una nación que inspira ser abandonada por sus habitantes? 

–En un baldío habitado por recuerdos, un parcelamiento listo para desmembrarse o desaparecer en la niebla de la Historia. 

–¿La patología de el “mesías” venezolano? 

–Todo mesías, venezolano o no, es una desgracia. Desear que alguien siempre sepa lo que te conviene te hace esclavo, aunque creas que eliges. 

–¿De Biden? 

–La decrepitud. 

–¿De Putín? 

–Creer que Rusia necesita un “padrecito” a la manera de los zares o Stalin y no libertad y derechos. 

–¿De Trump? 

–Un narcisismo tan grande que aún no conoce lo que la realidad le puede enseñar. 

–¿De la tiranía cubana? 

–Ser crueles, porque quieren y porque pueden. 

–¿Del papa Francisco? 

–Negar la realidad por un sentido de lealtad “familiar” que no da espacio a cuestionarse y cambiar. 

–De cesar este marasmo nacional, ¿una terapia para Venezuela? 

–Insistir en la palabra como vía para dirimir conflictos. Cuando dejamos de hablar solo queda barbarie y locura. Asumir que somos lo que nos hacemos.

De Perfil 

Adrián Liberman es licenciado en Psicología, egresado de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab). Es especialista en Psicología Clínica, la cual ejerció en el Hospital Militar “Dr. Carlos Arvelo”; Psicoanalista  especializado, es miembro asociado y profesor asistente de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas. Fue supervisor de prácticas clínicas de los post-grados de Psicología Clínica de la Universidad Católica y de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido columnista del diario El Nacional y autor de numerosos artículos sobre psicoanálisis. Su email es: adrianliberman@gmail.com 

Caracas / Jolguer Rodríguez  Costa 

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