Reportajes

Venezolanos en La Palma viven en la incertidumbre a pocos kilómetros del volcán

Erupción del volcán de Cumbre Vieja es la primera en los últimos 50 años / Foto: Getty Images

El pasado 11 de septiembre, en La Palma se comenzaron a sentir los temblores que, según los científicos, anunciaban el despertar de un “monstruo” representado hoy en día por el volcán de Cumbre Vieja. Sin saberlo, más tarde se viviría uno de los peores episodios en la historia de las Islas Canarias, en España, aun cuando ya se había registrado este tipo de fenómeno anteriormente.

En entrevista exclusiva para El Tiempo, tres venezolanos, dos de ellos residenciados en la “Isla Bonita”, y un viajero aventurero, relataron sus experiencias tras vivir de cerca la erupción de la formación geológica que obligó a la evacuación de más de 10.000 mil habitantes ante el riesgo mortal que  representa.

Fotos: La llegada al mar de la lava del volcán de Cumbre Vieja, en imágenes  | Sociedad | EL PAÍS
El volcán de Cumbre Vieja ha sido considerado como una de las peores tragedias en La Palma / Foto: El País

Jéniffer Hernández nació en Lechería, estado Anzoátegui, y vivió en la ciudad de Barcelona. En noviembre cumplirá seis años de estadía en la nación europea. Sus abuelos eran españoles, pero se conocieron en Venezuela. De niña, sus vacaciones de verano las pasaba en La Palma, donde ahora hay zonas consumidas por la lava y una lluvia de cenizas cubre calles y avenidas en otras.

La crisis política, económica y social que enfrenta la patria de Simón de Simón Bolívar llevó a Hernández a migrar, como lo han hecho 5,7 millones de venezolanos, según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Su parentesco con gente de nacionalidad y residencia europea, le facilitaron el proceso.

“Mi abuelo era de La Palma. A mi abuelo yo no lo conocí, pero mi abuelo era de aquí  y su familia estaba aquí, entonces veníamos mucho a La Palma a pasar el verano. Cuando yo decidí salir de Venezuela por la situación, pues era lo más cerca de algún familiar que yo tenía. Por eso salí de Venezuela directamente a La Palma, que era donde tenía a la familia de mi abuelo”, dijo.

Hernández aseguró que la erupción del volcán la tomó por sorpresa, porque a su juicio no había ningún indicio de que esto sucedería, a pesar de saber que el archipiélago español, ubicado frente a la costa noroeste de África, está conformado por islas volcánicas. Sin embargo, sí había cierta preocupación pero por el volcán Teide, que aunque está activo, permanece dormido.

“Nunca en mi vida me imaginé que podía activarse o salir la boca de algún volcán. Comenzaron los sismos y entonces la gente se dio cuenta de que podía haber uno, pero no sabían dónde. Según los enjambres sísmicos, podían medio ubicar por dónde saldría. Sin embargo, donde habían evacuado a la gente, porque pensaban que era por ahí, era más o menos como a 10 kilómetros de donde realmente salió. No dio tiempo de nada, porque ahí la gente no estaba evacuada y, desde que explotó, los que estaban más próximos al volcán tuvieron que salir corriendo”.

Al ir a su trabajo y regresar a su casa, que se encuentra a 10 kilómetros de la zona del volcán, la oriental de nacimiento señaló que debe caminar por las cenizas esparcidas en la vía.  Y no sólo sus días se han visto afectados, también sus noches. Afirmó que el rugir del “monstruo” le impide conciliar el sueño al ver desde la ventana de su casa “en primer plano” la lava,  sumado a los retumbes de las ondas expansivas y la incertidumbre, ya que ni siquiera los expertos pueden predecir lo que pasará.

“Hemos tenido días bastante estresantes, con bastante ansiedad. Yo creo que me cuesta un poquito dormir porque, encima, desde mi casa se escucha perfectamente el retumbe del volcán. A veces crea ondas expansivas y se mueve todo: ventanas, cristales, puertas. Los primeros días yo sentía que me quería ir de la isla, pero no podía porque seguíamos trabajando. No hemos parado de trabajar. Está evacuada la zona muy cercana al volcán. Al menos los primeros 5 kilómetros están evacuados por los gases, por el riesgo, por la lava. Pero la otra parte está trabajando normalmente”, expresó.

La anzoatiguense Jéniffer Hernández debe caminar entre cenizas para ir a su trabajo y regresar a su casa / Foto: Jéniffer Hernández

En alerta roja

La periodista Laura Castro vive desde hace tres años en el municipio de Los Llanos de Aridane, en La Palma, una de las áreas de riesgo. Cuando decidió emigrar a este destino, al que la unen lazos familiares, pues su padre era español, no se imaginó que le tocaría vivir esta realidad, que, aseguró, le afectó emocionalmente.

Para Castro, el irse a tierras ibéricas tuvo una razón que fue más allá de la situación de Venezuela. La decisión mayormente fue tomada por los momentos que vivió junto con su progenitor (que falleció hace 20 años) en aquel  lugar que, sostuvo, le ofrecía la posibilidad de legalizar su estatus a corto plazo, de vivir en tranquilidad, con estabilidad económica, opciones de empleo, educación y “buenos recuerdos”.

“En realidad yo no me imaginé nunca que iba a tener que salir de mi casa, de Venezuela, de mi país, dejar mi tierra… Realmente no me fui de Venezuela porque tuviera una mala situación económica, o algún problema, o alguna enfermedad ni nada por el estilo, gracias a Dios. Me fui de Venezuela porque sentía la necesidad de tener un respiro, de encontrar una mejor calidad de vida para mí, para mi esposo, para la familia que yo quería formar, que yo quería tener”.

Según la nacida en la población de Valle de la Pascua, en el estado Guárico, dos semanas antes de la erupción del Cumbre Vieja hubo alertas de temblores y hasta de posibles tsunamis, era el preludio de lo que sería la furia del fenómeno natural que de acuerdo con los últimos datos del Instituto Vulcanológico de Canarias (Involcan), ha destruido más de mil edificaciones.

La erupción volcánica en La Palma llega a Los Llanos de Aridane y ya ha  afectado a un centenar de viviendas
Volcán Cumbre está a pocos kilómetros del municipio Los Llanos de Aridanes / Foto: Eldiario.es

Castro expuso que a sus 38 años de edad no le pasó por la cabeza que le tocaría vivir la experiencia de una pandemia y mucho menos la erupción de un volcán que la obligaría a entrar nuevamente en un confinamiento voluntario, cuando en España la crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19 se encontraba, de cierta manera, bajo control y todo estaba volviendo a la “normalidad”.

“Este nuevo encierro en el que nos vemos obligados a estar, después de la pandemia, no es fácil. Después del confinamiento del Covid ya comenzábamos a tener un respiro. Gracias a Dios, aquí el tema de la enfermedad había estado bastante controlado y bueno, volvemos a estar aquí encerrados. No fue algo que consideré. Del 71 hasta acá han pasado 50 años. Las erupciones volcánicas aquí no han sido episodios recurrentes. La diferencia entre una y otra fue de más de 20 años, y de los otros 50 años. Pero no, no tomé eso en cuenta, no lo tomé en consideración. No lo vi como una posibilidad real, no lo vi como un peligro; aunque conocíamos de la historia de otros volcanes, no lo evaluamos”, sostuvo.

Sufrimiento ajeno y personal

Ser testigo directo de una de las tragedias más terribles de los últimos tiempos en España será parte de las vivencias que tanto Laura Castro como Jéniffer Hernández, afirmaron, tendrán para el recuerdo. Tanto historias personales como historias de gente cercana. Ambas coinciden en que la experiencia ha sido aleccionadora y  de mucha incertidumbre.

“Eso tan increíble y maravilloso pasó a ser tan desastroso, catalogado como una catástrofe. Son sentimientos encontrados, que ves una maravilla que nunca antes has visto en tu vida, pero al final duele ver a toda esas familias sufriendo”, comentó Hernández, quien agregó sentirse impresionada al ver que algunas de las personas afectadas son pacientes de la clínica Dental donde labora como recepcionista. “Esta es una isla pequeña y generalmente se conoce mucha gente”, puntualizó.

A pesar de que a Castro la afectan los testimonios que escucha a través de la televisión, combinado con el rugir “en vivo” del volcán a varios kilómetros de su casa, busca mantener la calma sumergida en un encierro acatado voluntariamente, pues fue diagnosticada con asma y debe mantener cerradas ventanas y puertas para evitar el contacto con la contaminación del aire y las cenizas que envuelve a casi toda la isla.

“Pero para mí es el más mínimo de los males, porque por lo menos yo tengo la satisfacción de poder estar en mi casa con mis cosas, con mi comodidad, con la tranquilidad de que la decisión de estar aquí adentro sea más personal que obligada y no como las otras personas que han tenido que desalojar sus casas, han tenido que ver cómo sus vidas se derrumban en un instante, han tenido que pasar por la difícil decisión de meter en una maleta en cinco minutos lo que pudieras llevar. Yo me pongo en sus zapatos y no sabría cómo hacerlo”, apuntó, tras agregar que su equipaje está preparado por si se presenta algún imprevisto.

La situación también ha despertado el lado humano de quienes viven en España y otras partes del mundo. La solidaridad se ha hecho sentir, quizá, con más fuerza que los temblores generados por el Cumbre Vieja en los últimos días. Además, el trabajo incansable de quienes buscan minimizar los daños con sus conocimientos es una labor que ambas venezolanas destacan.

“He visto cómo la gente se ha abocado a ayudar. De una manera increíble. Demasiada solidaridad con esta isla, de toda España, de todas las Canarias, la gente de aquí mismo ayudando a otras personas a sacar las cosas de sus hogares. Dándoles alojamiento sin siquiera conocerlos, ofreciéndoles sus casas, porque hay familias que se quedaron sin hogar. Hay muchos animalitos que tuvieron que rescatar, porque aquí hay mucha gente que tiene ganado, chivos, aves, ovejas, entonces muchas personas fueron y sacaron estos animales. Gente de afuera se ha quedado anonadada con la solidaridad que han tenido con esta isla”, expresó Jéniffer.

Por su parte, Laura espera que los organismos gubernamentales cumplan con las promesas de reconstrucción de la isla y la donación de viviendas para aquellas personas que de la noche a la mañana se quedaron sin nada, y que continúen los apoyos para quienes están padeciendo en carne propia los estragos de la inesperada actividad volcánica. No obstante, existe un futuro incierto en medio de esta “película de terror”, no de ficción, sino de la realidad.

“Hay incertidumbre también por lo que pueda pasar más adelante, por todo lo que va a ser el esquema del levantamiento de la isla, por lo que pueda pasar con las fuentes de empleo, con los servicios y todo lo demás. Pienso que es un paso a la vez. No hay que adelantarse a los acontecimientos y hay que esperar y que confiar en Dios en que todo esto pase y que poco a poco, como en otras ocasiones, La Palma pueda resurgir de las cenizas y seguir siendo lo que siempre ha sido: la isla bonita”, finaliza la comunicadora social.

“Viajandito” por el mundo

El portocruzano Julián Ruiz, mejor conocido en las redes sociales como @viajandito, es un aventurero que, según su biografía en la red social Instagram, ha recorrido más de 100 países. Pero no sólo eso, también es aficionado a conocer destinos poco comunes y a registrar con su dron imágenes impactantes de los volcanes que se encuentran en algunas naciones del mundo.

La erupción del volcán en La Palma fue una oportunidad que Ruiz, quien ya ha visitado el Eyjafjallajökull y el Fagradalsfjall, en Islandia, no quiso desaprovechar, por lo que decidió emprender rumbo hacia la isla española con la finalidad de capturar el imponente fenómeno al que calificó como una tragedia agresiva, que “asusta hasta al más valiente”.

Julián Ruiz viajó a La Palma para a grabar imágenes del volcán Cumbre Vieja / Foto: Instagram @Viajandito

“Fui específicamente a grabar imágenes del volcán (…) Es una experiencia increíble. En este caso en La Palma, el evento natural está rodeado de tragedia, y hay emociones de todo tipo. Ver en persona el poder de la tierra, nos hace ver lo pequeño que somos”, expresó.

Para conseguir unas tomas impresionantes, que luego comparte con sus seguidores a través de su canal en Youtube, Viajandito debe tomar algunos riesgos, entre los cuales el más expuesto es su dron, que por aproximarse al volcán puede terminar sufriendo daños hasta irreversibles.

“Ya en Islandia perdí uno de mis drones en la lava, y a otro se le derritieron las hélices y las baterías”, dijo. No obstante, añadió que “gracias a esas prácticas, esta vez tuve menos daños, pero el riesgo siempre está presente. En este volcán había explosiones constantes con ondas expansivas que lo podían tumbar, algo nuevo para mí. También había mucho más cenizas. Pero volar a más de 100km/h me ayuda a que no se sobrecalienten los circuitos al pasar sobre la zona de la lava”.

Según recuerda el anzoatiguense, la erupción del Eyjafjallajökull, en 2010, fue una nube inmensa de cenizas  que convirtió el día en noche, mientras que la del Fagradalsfjall, donde estuvo a pocos metros del cono, lo describió como una aventura sin igual, ya que la actividad del volcán fue “amigable” debido a las pocas explosiones que se generaron y la poca ceniza que arrojó. Sin embargo, el de La Palma, manifestó, es una tragedia más violenta y destructora.

“Hace que uno se sienta súper pequeño en el mundo. Es un rugir comparable a estar en medio de una tormenta en el mar, pero con explosiones constantes e intermitentes”, refirió.

El turismo volcánico controlado es una propuesta de este joven venezolano, quien considera que debería explotarse en otros países, como lo ha hecho Islandia. Expuso lo interesante que podría ser el que se creen grupos guiados para ver de lejos este fenómeno, por lo que se cobre un monto significativo que sirva de ayuda a las personas afectadas.

Entre las anécdotas que Julián Ruiz tiene de su estadía en La Palma, habló de lo curioso que le pareció el ver cómo las ratas se alejaban de la zona del volcán, incluso estando en partes relativamente seguras. “Dicen que los roedores son los primeros que huyen de las calamidades (…) El instinto animal es increíble”, resaltó.

Historia

Las Islas Canarias constituyen una de las regiones volcánicas más activas e interesantes del mundo, de acuerdo con el Instituto Geográfico Nacional (IGN). Según el organismo, La Palma ha sido el territorio del archipiélago que ha vivido un mayor número de episodios desde que se tienen registros: El Teneguía (1971), El de San Juan V. de Nambroque, Duraznero y Llano del Banco (1949), y El del Charco (1712).

Puerto La Cruz / Carlos A. Morales

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