Reportajes

Docentes retoman clases presenciales con bajos salarios y gastos adicionales por Internet y pasajes

Además de la inversión en computadoras y celulares, los docentes deberán ahora pagar pasajes y compra de elementos básicos de bioseguridad como mascarillas y desinfectante de manos / Foto: Cortesía

La semana pasada, luego de año y medio de confinamiento por la pandemia de Covid-19, las escuelas del país arrancaron de nuevo las clases presenciales. La educación a distancia llevó a los docentes a adaptarse a la nueva realidad y contratar servicios de Internet y telefonía móvil, pero los bajos salarios en la administración pública siguen siendo una piedra de tranca para trabajar y un incentivo para hacerlos desertar de sus cargos. En los centros privados los sueldos mejoran, pero aun así los profesores y maestros consultados por El Tiempo indican que es difícil desempeñar su labor y costear algunos servicios. 

Dariela Simoza, quien trabaja para un centro privado en Caracas, relata que los alumnos están muy contentos de regresar, por poder conocer a su maestra y socializar con sus compañeros. “Se ha tratado de que recuerden las normas de bioseguridad. Al principio es bastante agotador porque a algunos les cuesta bastante adaptarse, sobre todo a los más pequeños. También hay un porcentaje de alumnos que no han vuelto por temor y es decisión de sus padres”, dice.

La docente de educación primaria también cuenta que los gastos que contemplan realizar sus colegas, en el transcurso de estos primeros meses de actividad presencial, son los relativos a pasajes, e Internet para los que siguen en modalidad virtual. “A veces tenemos que consumir los datos de nuestros celulares y es bastante costoso porque hay que estar recargando. No todos los colegios implementaron equipos tecnológicos. En nuestro caso, a veces nos piden a los que tengamos laptop que la llevemos por si necesitamos una conexión en el colegio”, indica Simoza.

A partir de ahora, estudiantes en el país participarán en jornadas semipresenciales de enseñanza. Esto significará acudir varios días a los planteles –en algunas instituciones se proyecta actividad dos o tres veces por semana– y otros días quedarse en sus casas y recibir instrucción remota, vía Internet, para continuar bajo ese esquema hasta nuevo aviso.
Este escenario significará elevar los gastos para los docentes, quienes, además de la inversión en dispositivos para la educación a distancia, deberán pagar pasajes y comprar elementos básicos de bioseguridad (mascarillas y desinfectantes de manos).

La investigadora Anitza Freitez, directora del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica Andrés Bello (Iies-Ucab) advierte que con el aprendizaje a distancia se profundizaron las inequidades en el país, entre quienes contaban con equipos como computadoras, teléfono inteligente o tablets y quienes no poseen estos dispositivos; estos últimos “han quedado en desventaja”.

Alejandra Sanoja se dedica a la docencia desde los 18 años. Hoy tiene 24 y sigue prestando sus servicios en el sector público y privado. La maestra vivía en los Valles del Tuy, estado Miranda, cuando se declaró la pandemia en marzo de 2020, y pensó que podía dar clases virtuales desde allá, pero las fallas de electricidad y en la conexiuón a Internet eran tan recurrentes que tuvo que cambiar su domicilio a Caracas para poder cumplir con el trabajo.

La reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) revela que la dotación de computadora está limitada a apenas 24% de los hogares, mientras que las tablets sólo un 8% de las familias las posee. “La disponibilidad de computadora en el hogar está claramente diferenciada según la condición de pobreza”, indica el estudio. Lo más común en los hogares en situación de pobreza es llegar a contar con un celular con conexión a Internet. En ese caso, 78% de las familias dice contar con este tipo de equipos.
El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) indica que la Canasta Básica Digital, que incluye dispositivos como router, teléfono inteligente, entre otros, se ubicó en 1.297,04 dólares hace dos meses.

“Tuve que mudarme de los Valles del Tuy a Caracas y contratar un servicio de Internet privado para que no me sacaran del colegio. A pesar de que es extra cátedra y tengo material preparado, no (todas las veces) son los mismos niños y las presentaciones deben cambiarse. A distancia hay que crear y buscar material nuevo que antes no usábamos. Este año y el anterior hemos tenido que innovar demasiado para que las clases sean interactivas”, relata.

Por una falla que afectó a Cantv en su prestación de servicios de Internet, Alejandra tuvo que contratar un servicio privado que cuesta $50 al mes. Era la única opción para mantener la conexión. Cinco vecinos se unieron y se dividieron los gastos, pues un solo apartamento podría llegar a pagar hasta $300 por el servicio de Internet privado. Una de las primeras inversiones que hizo Alejandra antes de la pandemia fue la compra de un teléfono a través de una cooperativa que les brindó un paquete especial para docentes y descontaba el pago cada mes. Luego tuvo que formatear la computadora para tener más memoria y así poder dar las clases en línea y actualizar programas como Excel. “Fueron gastos que corrieron por mi cuenta: el teléfono nuevo, formatear la computadora y después el Internet, y próximamente unos audífonos. Poco a poco he ido buscando herramientas”, dice.

Alejandra estuvo dos años con el mismo salario y aunque ahora tuvo un pequeño aumento indica que es poco lo que gana para todo el trabajo que se hace. “Es muy bajo el sueldo, pero me mantengo porque me gusta lo que hago. Este es mi tercer año en el colegio y puedo seguir porque cuento con el apoyo de mis padres y ahorro lo poco que gano, pero para una familia con un hogar constituido es muy difícil”.

El Sindicato Venezolano de Maestros de Caracas pidió al Ministerio de Educación que mejore los salarios de los docentes / Foto: EFE

Ingresos insuficientes

Ya a mediados de año, el gremio magisterial había manifestado que los bajos salarios eran el principal obstáculo para regresar a clases. En aquel entonces, un profesor ganaba en promedio entre 5 y 6 dólares como sueldo básico, representando uno de los ingresos más bajos de este sector en el continente. Posteriormente se hizo un ajuste que, aunque representói una mejora, sigue siendo insuficiente. El presidente del Sindicato Venezolano de Maestros del Distrito Capital, Edgar Machado, explica que un docente en el sector público con un puesto base gana actualmente Bs 39 ($9), mientras que un docente en la máxima escala cobra alrededor de Bs 70 al mes, lo que representa $16,31 a la tasa oficial.

El Ejecutivo nacional argumenta que los profesores y maestros reciben aportes adicionales, como el Bono Simón Rodríguez, entregado a través del Sistema Patria y cuyo último monto en el mes de octubre se ubicó en Bs 15,40 ($4,3) para personal activo y Bs 11, 8 ($2,7) para jubilados. Adicionalmente los docentes reciben un Bono de Alimentación y Transporte que el mes pasado fue de Bs 46 ($10,6). Un docente Grado VI con salario, bonos y otros beneficios, podría recibir alrededor de $40. Aun así, los ingresos están lejos de ser suficientes para costear la canasta alimentaria, que ronda los $300. La diferencia con otros ingresos de la región sigue siendo abismal. Un docente grado 1 nivel A en Colombia recibe mensualmente $475, mientras que en Cuba su remuneración es de $210.

“Nosotros como organización le solicitamos al Ministerio de Educación que mejore los salarios, porque esto es ya como una colaboración. Es difícil mantener un núcleo familiar cuando apenas una quincena nos alcanza para una semana. El Internet y los servicios de telefonía celular han aumentado. Los educadores queremos clases presenciales, pero con bioseguridad para toda la cadena educativa. La mayoría de los centros están en mal estado; algunos se están cayendo, son pocos los que están arreglando en el Distrito Capital”, dijo Machado.

El sindicato de maestros señala que los docentes tienen que hacer trabajos por fuera para poder comprar un teléfono de tercera generación o incurrir en gastos adicionales para mejorar el rendimiento de las computadoras.

El regreso a clases se produce, además, en medio de un aumento en el índice de deserción tanto de alumnos como de profesores. Según cifras manejadas por la Asociación Nacional de Instituciones Educativas Privadas (Andiep), durante la pandemia en 2020, aproximadamente 400 mil estudiantes quedaron fuera del sistema escolar. Mientras, según fuentes gremiales, la deserción docente en Venezuela superó el 50% entre 2018 y 2020. Esta situación continúa agudizándose, ya que muchos maestros prefieren buscar otros trabajos y fuentes de ingreso, ante las dificultades que les significan costearse el pago de pasajes y dispositivos informáticos.

El regreso a clases se produce en medio de un aumento en el índice de deserción de profesores y maestros, la cual superó el 50% entre 2018 y 2020 / Foto: Archivo

Riesgo de contagios

A pesar de que se prevé un año escolar presencial 2021-2022 todavía hay temor de contagios.

La docente Alejandra Sanoja considera que Venezuela no está preparada aún para la presencialidad. “Caracas no lo está, se va a invertir más en pasaje. Es también exponerse; lo que uno cobra no cubre si uno se enferma con Covid por ir a trabajar afuera. No es conveniente exponerse para lo poco que se gana”, dice la educadora.

El Sindicato Venezolano de Maestros considera que algunos centros educativos no tienen las condiciones para recibir estudiantes ni personal. Apunta que en un contexto de pandemia es esencial que haya servicio de agua potable para que se garantice la higiene de toda la comunidad educativa. “Algunos no tienen agua, ni siquiera les llega por tubería y esto es importante para la higiene, para comenzar las clases”, dice Machado. 

Caracas / Ariadna García

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