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“Al mundo le hace falta un poco de humanidad y sensibilidad”

Roxalyn Brito pertenece a la organización Doctor Yaso desde hace ocho años / Foto: Cortesía

Roxalyn Brito entró a Doctor Yaso hace ocho años, con la esperanza de ver cambiar algo en las personas, a través del poder de la risa y el ambiente amigable. Después de participar en algunas entrevistas, quedó seleccionada para cumplir este rol, que hasta el momento no tiene entre sus opciones dejar.

“Está científicamente comprobado que la risa ayuda al sistema inmunológico. Desde el punto de vista social, de lo que está pasando en el momento, te ayuda a romper esa realidad en la que te encuentras”, expresó Brito.

La oriunda de Maturín destacó que estos momentos de felicidad son sinónimo de diversión, amenidad y un gusto capaz de prolongarse, en función del bienestar.

“Te quedas con ese gusto de reírte, de que rompiste la rutina de estar enfermo. Te queda esa idea bonita y al tener un buen ánimo, la recuperación se hace más rápida”, precisó.

La profesional de la fisioterapia explicó que ello no sólo tiene que ver con los pacientes, sino con los de familiares, quienes también pasan por un duro proceso al atender y ver los padecimientos de sus parientes.

“Ahí viene el rol de nosotros como payasos. Generando ese efecto multiplicador de experiencias, con la creatividad que tanto padres como hijos tienen. Lo que se crea en ese ambiente es una magia muy linda e inocente”.

Increíble. Esa es la palabra que utilizó Roxalyn para referirse a la labor de un payaso humanitario, pues nunca saben por dónde se desarrollarán las tareas que les corresponden, pero siempre comprueban que la imaginación en el momento adecuado es capaz de transformarse en un nuevo momento mágico.

Respeto a tu nariz

La función de un payaso es llenar de risas y alegrías a quienes tiene alrededor. Pero detrás de sus narices rojas hay personas, que también sufren, se afligen y tienen malos momentos.

Para ello, la oriental precisó que la preparación es vital,pues antes de vivir la experiencia ellos reciben las herramientas necesarias para sanarse espiritualmente, cerrar los ciclos que correspondan y compartir una sonrisa genuina. “Para llevar bienestar, tú tienes que estar bien”, afirmó.

En el caso de que hayan situaciones que ameriten un poco de tiempo o espacio, lo más sensato es ausentarse, pues un payaso nunca es falso. “Estas respetando tu nariz, estas respetando tu niño interno y estás respetando tu payaso”.

“No hay límites. El límite es la imaginación. Lo mejor de dar asistencia en los hospitales es que sales reconfortado, porque esas personas que están allí tienen a veces mucha más fuerza que nosotros. Sales con más fuerza y agradeciéndole a Dios por lo poco o mucho”, reflexionó.

Para ella, hacer reír a esas personas, cuya realidad es muy distinta a la felicidad es lo mejor de ser un payaso de hospital, a pesar del nombre que se lleve o la organización a la que se pertenezca.

“Lo más difícil es decir ‘no’, porque un payaso nunca dice que no, aunque muchas veces tenemos que poner los pies en las tierra. Como decimos ‘Una chalupa en la tierra y otra en el cielo’, para saber la realidad en la que estamos y no dejarnos llevar por la euforia”.

También se refirió al reto de encarar las limitaciones y momentos tristes de los centros a los que asisten, sin que esas situaciones les afecten tanto personalmente. Asumió que no es cuestión de tiempo, experiencia o preparación, pues el ser humano es empático por naturaleza. “Ponerte esa nariz te hace aún más sensible a la situación”.

“Más son las cosas buenas que las malas. Muchas veces vuelves al hospital y te recuerdan o te buscan. Esa es de las cosas más bellas”, comentó.

Por la mente de la intérprete de la payasa “Lali” nunca ha pasado dejar de ejercer este personaje. Tal vez cambiaría de sede, pero sostuvo que no dejaría de asistir, a menos que sea por fuerzas realmente mayores.

“Más que una labor social es un regalo al alma para uno mismo. Yo veo que al mundo le hace falta un poco de eso: humanidad y sensibilidad. Esto no tiene precio, es de corazón para cada una de esas personas que están en las visitas. Llena y reconforta tanto a ellos como a nosotros”.

La fundación Doctor Yaso, inicialmente integrada por “payasos de hospital”, actualmente maneja la figura de integración de payasos humanitarios, que no solo se limitan a los centros de salud, sino que van hasta albergues, geriátricos y comunidades que requieran su presencia.

Puerto La Cruz / Oriana García Rivas

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