Reportajes

Anzoatiguenses apelan a la venta de chatarra para mantener a sus familias

Comercio. Ciudadanos recolectan hierro para venderlo en los establecimientos de compra de chatarra que han surgido en la entidad / Fotos: Arturo Ramírez

La compra y venta de chatarra se ha convertido en un negocio tan rentable en el país que ha dejado como consecuencia negativa el desmantelamiento de edificaciones y la desaparición de alcantarillas, ventanas y puertas de sitios públicos. Se cuentan también piezas de sistema eléctrico y otros elementos ferrosos que se encuentran al aire libre.

Sin embargo, existe otra cara de la moneda con personas que se dedican a recoger hierros y venderlos para adquirir ingresos de supervivencia ante la crisis económica que las afecta, sin que eso implique daños a bienes públicos ni constituya un delito.

En Anzoátegui, son cada vez más los ciudadanos que se incorporan a este trabajo para sostener a sus familias y es que, dependiendo del tipo de metal, el precio del kilo puede oscilar entre $0,50 y más de $2.

La mayoría de los consultados se mostraron inseguros al hablar de su trabajo debido a que muchos de sus compañeros de oficio han sido detenidos por transportar este tipo de materiales. Sin embargo, reconocen que gracias a este oficio logran llevar un bocado de comida a sus casas.

José Guzmán, de 32 años de edad, es uno de los anzoatiguenses que desde hace aproximadamente un año se dedican a la venta de chatarra. Comentó que le ha resultado un salvavidas para mantenerse, pues está desempleado. Señaló que diariamente sale de su casa con una carrucha observando entre la maleza, en los terrenos baldíos e incluso busca entre la basura cualquier objeto de hierro que pueda ser de valor. Posteriormente los almacena en el patio de su casa hasta reunir una cantidad de cuya venta pueda obtener buenas ganancias.

“Mis dos hijos me acompañan todos los días porque ese es nuestro trabajo: con eso comemos, nos vestimos y cubrimos nuestras necesidades. Muchas personas se han dedicado a agarrarse lo que no es suyo, pero nosotros tratamos de recolectar lo que otros han desechado”, aseguró. Sostuvo que en una semana puede llegar a obtener hasta $150 porque recorre largas distancias buscando el material.

Rebusque familiar
Aunque la comercialización de chatarra ha provocado el robo, sin importar las consecuencias, de materiales ferrosos de instituciones educativas, entes públicos y edificaciones, hay familias como la de José Guzmán que se han dedicado a recolectar el hierro, aluminio y cobre que otros han botado al aire libre. Guzmán, que mantiene a su esposa y dos hijos gracias a este oficio, dijo que se han limitado a recoger los desechos metálicos para evitar problemas con la justicia.

Rolando Caigua tiene una manera distinta de conseguir material ferroso. Según explicó, en su comunidad 1ero de Marzo, ubicada al sur de Barcelona, lo conocen como el “devora carros” porque, con ayuda de cizallas, mandarrias, machetes y alicates, desarma los automóviles chatarra cuando lo contratan. “Por más de 30 años fui mecánico y conozco cada parte de los vehículos. Eso me ha ayudado ahora como chatarrero porque tengo muchas herramientas útiles para desarmar las unidades. Comencé este trabajo con unos amigos derribando paredes de una empresa que está abandonada desde hace muchos años para sacar las cabillas y tubos, pero los dejé porque siempre nos caía la policía”, explicó el ciudadano, quien tiene varias heridas en sus brazos por manipular los hierros.

Caigua dijo que vendiendo todo el material de un carro puede llegar a ganar más de $200. El chatarrero contó que, en marzo de este año, sufrió una infección en la mano por una cortadura y se recuperó de milagro con lo que había reunido en un mes.

Las mujeres también se aplican a este oficio. El ama de casa Yesenia Maicabares sostuvo que, aunque no se considera una comerciante de chatarra habitual, sí ha experimentado en este trabajo algunas veces para darles de comer a sus hijos. “Hace poco estaba desesperada por pagar una deuda y salí a buscar metal con mi esposo en las orillas de la carretera. Dios nos ayudó y conseguimos más dinero del que necesitábamos”, comentó.

Deterioro. El negocio del material ferroso ha dejado como consecuencia el desmantelamiento de instalaciones y hurto de piezas

Destrucción

Si bien es cierto que hay personas que buscan material ferroso de la forma más honrada posible, hay quienes han causado destrozos en numerosas instalaciones sin importarles en absoluto su valor para la sociedad ni las consecuencias que esto puede generar.

En ese contexto, se puede recordar que en 2020 y 2021 el Ministerio de Ecosocialismo (Minec) y trabajadores petroleros han reportado varios derrames de crudo en Anzoátegui por hurto de piezas en los oleoductos; del Núcleo de Anzoátegui de la Universidad de Oriente (UDO) la mayor parte de lo sustraído es de hierro, aunque se incluye también aluminio, cobre y fibra óptica. Por su parte, la Federación de Trabajadores de Anzoátegui (Fetranzoátegui) ha denunciado el desvalijamiento de las obras inconclusas.

Barcelona / Milena Pérez

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