Reportajes

Viejos y nuevos liderazgos emergen en Oriente tras falta de estrategia de la MUD

Un elemento que habla sobre lo relegado que quedó el liderazgo del G4 en la zona oriental fue el resultado obtenido en las alcaldías / Foto: Archivo

¿Existe un nuevo liderazgo político en el país representado en partidos como Fuerza Vecinal y la Alianza Lápiz o, por el contrario, los electores de la oposición prefieren figuras “seguras” de la vieja guardia al momento de votar contra el Gobierno?
Esta es una interrogante que no parece fácil de dilucidar luego de los comicios del 21-N, pero resulta vital de cara a las estrategias y reacomodos políticos que intenten tanto el oficialismo como el antichavismo en el futuro inmediato.

Los triunfos de Morel Rodríguez, Manuel Rosales y Alberto Galíndez en las gobernaciones de Nueva Esparta, Zulia y Cojedes respectivamente, apuntan a que al menos un sector opositor dejó de lado los liderazgos emergentes o trató de sortear el cerco impuesto por el oficialismo a las organizaciones del llamado G4 como Primero Justicia (PJ), el ala de Acción Democrática (AD) liderada por Henry Ramos Allup y la Voluntad Popular (VP) de Leopoldo López.

Se trata de caras conocidas

Rodríguez ha ocupado el puesto de gobernador en más de cinco oportunidades desde la década de los 80; Galíndez había tomado las riendas del ejecutivo regional en Cojedes en 1996 y Rosales fue alcalde de Maracaibo en 1995 y escogido mandatario estadal por primera vez en el 2000.


Fuerza Vecinal, una organización emergente con mayor representación en el estado Miranda, respaldó la candidatura ganadora de Morel Rodríguez para la gobernación de Nueva Esparta /Foto: Notiespartano.com

El politólogo Raniero Cassoni apuntó a El Tiempo que la elección de estos tres gobernadores pareciera responder a una necesidad de volver a lo básico y a lo que estos liderazgos representaron en su momento.

“Hay que evaluar con cuidado por qué la gente ha vuelto a ellos y qué ha pasado con los relevos generacionales que se habían desarrollado en estos estados. En el caso del Zulia, Manuel Rosales puede representar el liderazgo que gobernó durante una época que fue buena para la entidad. En Nueva Esparta hay que tomar en cuenta que había un gobernador de oposición, de una nueva generación, y que definitivamente parece no haber cumplido las expectativas”.


Politólogo Raniero Cassoni apunta que Fuerza Vecinal y Alianza Democrática no son los únicos que representan el nuevo liderazgo. “El voto independiente llegó hasta 1 millón 300 mil electores”, apuntó / Foto: Noticiero Digital

Votación oriental

Al evaluar la votación por tarjetas para los cargos de gobernador en los cuatro principales estados orientales del país –Anzoátegui, Monagas, Nueva Esparta y Sucre–, se encuentra que entre los símbolos más votados están, en primer lugar, el del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) con 40,01% de los sufragios válidos, mientras que en el segundo lugar se ubica la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con 18,2%. De hecho, la tarjeta de la MUD respaldó las opciones de Galíndez y Rosales.

Sin embargo, de allí en adelante se pueden observar ciertas particularidades que pueden extrapolarse al resto del país, como el tipo de atomización de las fuerzas no chavistas. En el caso de la región oriental, la tercera tarjeta más votada – con 5,4% de los sufragios–, fue la de AD representada por el sector que encabeza Bernabé Gutiérrez. La tolda blanca obtuvo una votación constante en las cuatro entidades.

Pero no ocurrió lo mismo para el cuarto y quinto lugar de la lista de los más votados, ocupados por las tarjetas del Movimiento al Socialismo (MAS) –con 4,48% de los votos globales en Oriente–, y Primero Venezuela –agrupación disidente de PJ–, con 3,13% de los sufragios. Ambos casos se vieron impulsados por la votación de un solo estado. El MAS obtuvo el favoritismo principalmente en Sucre, al respaldar la candidatura de Ramón Martínez –otra figura de la vieja guardia–, que al final llegó en segundo lugar en la carrera por la gobernación.

El otro caso fue el de Primero Venezuela, con una tarjeta que logró 8,21% de votos en Anzoátegui, con la postulación de José Brito, quien se autocalifica como alternativa de renovación. Brito superó al aspirante a la reelección por la MUD, Antonio Barreto Sira, con el respaldo de otras organizaciones de la llamada Alianza Democrática –agrupaciones antichavistas con representación en la Asamblea Nacional, como Avanzada Progresista, de Henri Falcón; El Cambio, de Javier Bertucci; Cambiemos, de Timoteo Zambrano, y el grupo de las juntas ad hoc designadas por el TSJ tras la intervención de AD, Copei y VP.

Un elemento que habla sobre lo relegado que quedó el liderazgo del G4 en la zona oriental fue el resultado obtenido en las alcaldías. En los municipios de Anzoátegui, Monagas, Nueva Esparta y Sucre, la tarjeta de la MUD salió en desventaja en comparación con la de otros partidos. La Unidad ganó en tres municipios mientras la Alianza Democrática y factores independientes, se alzaron con 13 localidades, para un total de 16 triunfos antichavistas. De 60 municipios del Oriente, el PSUV se impuso en 44. 

El caso MIN-Unidad

Sin ser una tolda que pueda entrar en la categoría de la llamada “renovación”, el sexto lugar de las tarjetas más votadas en Oriente para el cargo de Gobernador, lo ocupó el Movimiento Integridad Nacional-Unidad (MIN- Unidad) con 3,05% de los sufragios –41 mil 271 votos válidos. Este fenómeno se replicó en el resto del país: MIN-Unidad se ubicó en el quinto lugar de las organizaciones políticas con mayor cantidad de votos a favor en todo el territorio, por debajo del PSUV, la MUD, AD y Fuerza Vecinal.

Para diversos analistas, la principal explicación de que un partido sin un liderazgo o propuestas políticas muy conocidas haya obtenido un porcentaje importante de votos, tiene que ver con la confusión generada en el electorado por sus siglas y colores. La parte de la población opositora motivada a sufragar por la tarjeta unitaria de la MUD –que agrupa al G4 y otras toldas–, pudo, de manera equivocada, escoger el símbolo de MIN-Unidad (también de color azul) en el tarjetón. Esta última era más fácil de ubicar en la máquina de votación –en el sector inferior derecho.

MIN-Unidad fue objeto de una intervención judicial en 2015 que culminó a comienzos de 2021 y ha sido acusada de formar parte de un plan para debilitar al antichavismo. Sin embargo, voceros del partido afirmaron durante la campaña que no existía tal estrategia y que siguen siendo opositores, a pesar de postular aspirantes asociados al oficialismo en algunos casos. En las elecciones del 21-N, esta organización rondó los 270 mil sufragios. 

Renovación local

En el séptimo lugar de los partidos más votados en Oriente, se encuentra la organización Fuerza Vecinal –con 2,82% de los sufragios–, creada en junio del presente año, impulsada por liderazgos locales y que ha levantado la bandera de la “renovación política”. De hecho, la tolda superó los 400 mil votos en todo el país, posicionándose en el tercer lugar de las tarjetas con mayor número de sufragios por debajo del PSUV y la MUD.

Fuerza Vecinal emergió luego de una división de Primero Justicia, para participar en las anteriores municipales de 2017, y actualmente su mayor zona de influencia es el estado Miranda.

En Oriente, Fuerza Vecinal obtuvo su mayor respaldo en Nueva Esparta con la candidatura de Morel Rodríguez –uno de los fundadores–, que, sin embargo, no representa un liderazgo nuevo en la región. Rodríguez, de 81 años, llegó además con los votos de otras organizaciones que conforman la Alianza Democrática. En la entidad insular, sólo la tarjeta de Fuerza Vecinal contó con el aval de 26 mil 366 electores –13,6% de los votos–, quedando en tercer lugar de organizaciones más votadas. Para sectores vinculados al G4, el liderazgo de Fuerza Vecinal no representa una verdadera “nueva oposición”, como tampoco el de la Alianza Democrática, a quienes se les acusa de tener proximidad con el madurismo.

En esta corriente del “remozamiento de la dirigencia opositora”, también se inscribe la Alianza Lápiz, cuyo abanderado, Antonio Ecarri, quedó en segundo lugar en la carrera por la Alcaldía de Caracas, que ahora ocupa el PSUV. Ecarri obtuvo 15,54% de la votación por detrás de Carmen Meléndez –esta logró el 58,94%–, pero por encima del aspirante de la MUD, Tomás Guanipa, quien totalizó 11,43% de los sufragios.

“Antonio Ecarri había estado anteriormente en Proyecto Venezuela y militó en algún momento en Voluntad Popular. Pero tanto Lápiz como Fuerza Vecinal responden a un interés regional, en este caso en Caracas y Miranda”, señala Cassoni.

Falta de estrategias

Según el también politólogo Piero Trepiccione, lo que demostraron las elecciones regionales del 21-N, más que un tema de rostros conocidos o de partidos, fue la importancia de la actitud movilizadora y la focalización. “Los rostros de Manuel Rosales, Morel Rodríguez y Alberto Galíndez tienen muchos años en la política venezolana. Pero su actitud movilizadora, con focalización y dedicación plena a unos objetivos políticos claros, fue lo que provocó los resultados”. Para Cassoni, luego de las elecciones del 21-N ciertamente se puede hablar de nuevos liderazgos, pero tomando en cuenta que Fuerza Vecinal y la Alianza Democrática no son los únicos actores en este apartado.

“Ellos no fueron los únicos. Recordemos que el voto independiente llegó hasta 1 millón 300 mil electores, y hay otros partidos que no siendo del G4 ni de la Alianza Democrática sacaron una buena cantidad de votos. Esto quiere decir que la gente está buscando liderazgos que no respondan únicamente a la ‘manito’, a la necesidad de votar por la unidad, porque ha habido mucha incoherencia en su narrativa”.

Al final, lo ocurrido con la MUD apunta no a un “voto castigo”. A juicio de los expertos, la desconexión del G4 de las estructuras electorales, le terminó pasando factura. “Fue complicado encontrar la forma de volver a llamar al voto en menos de seis meses, cuando tenían dos años diciendo que ese no era el camino. No hubo una narrativa que convenciera. No hubo un voto castigo, sino una ausencia de estrategias”. Fue esta falta de estrategias lo que permitió que el voto se dispersara y atomizara aún más, incluso en opciones independientes. Pero también permitió que no se explicara mejor al electorado cómo no cometer errores –como el caso de la tarjeta de MIN-Unidad–, y abrió el camino para que otros actores, con mayor ruedo político, canalizaran el descontento en sus estados.

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