“Ángeles” motorizados que ayudan a salvar vidas en la caótica Caracas

Zully es un “ángel” que vuela, en lugar de alas, con una motocicleta cargada de medicinas y material médico. Una ONG de paramédicos motorizados atiende accidentes viales en Caracas frente a los vacíos de un deficitario sistema de salud público.

Los “Ángeles de las vías”, como se hacen llamar estos doce paramédicos, atienden gratuitamente emergencias en la capital de Venezuela ante la “situación muy difícil” del personal prehospitalario dependiente del Estado, cuenta Zully Rodiz, de 38 años, arquitecta de profesión.

Estos voluntarios con oficios tan variopintos como arquitectos, reporteros y diseñadores están capacitados en el área de salud. Uno de ellos recibe una llamada telefónica: un hombre resultó herido en un accidente vial.

Suben a sus motos de alta cilindrada y llegan con rapidez al sitio de la emergencia. Tardan cinco minutos en inmovilizarle la pierna derecha a un motociclista que chocó contra un auto y que poco después será llevado a un hospital en una ambulancia del servicio de defensa civil.

Atender accidentes de tráfico corresponde a los bomberos, pero sus dificultades presupuestarias abrieron paso a esta ONG. Sus integrantes hicieron cursos de salud en hospitales y ahora, en alianza con médicos, imparten talleres a nuevos aspirantes. Así, las autoridades les permiten actuar.

“Se emocionan cuando ven que llegamos, saben que estamos equipados”, dice Zully.

La fundación nació en noviembre de 2018, con la idea de ayudar ante los bajos salarios del personal prehospitalario y la falta de recursos.

“Aquí los paramédicos son tan mal pagados”, lamenta Rodolfo Alvarado, quien abandonó una brigada de bomberos municipal para ganarse la vida haciendo fumigaciones. Patrulla con los “ángeles” en sus ratos libres.

“Prefiero hacerlo gratis los días que puedo”, se sincera este hombre de 30 años.

Luchar contra el miedo

Con bolsos naranja de unos 15 kilos, llenos de donaciones privadas, los “ángeles” se turnan en guardias desde las 8:00 am hasta las 8:00 pm en una plaza del este de Caracas.

No se dedican a la atención de casos del nuevo coronavirus, centralizada por el gobierno, pero corren “alto riesgo de contagio”, reconoce Zully, una morena de larga cabellera negra.

Por ello usan mascarillas N95, pantallas protectoras, lentes, antibacterial y guantes y también llevan tapabocas para los lesionados.

La ONG registró una caída de los accidentes viales tras declararse en marzo una cuarentena por el virus.

“Uno siente miedo”, pero “no vas a parar de hacer tu trabajo”, afirma Zully.

“Guardia todos los días”

“Cuando estás inmerso en esto, estás de guardia todos los días”, se ríe David Mujica, de 38 años, quien escucha en su radio frecuencias de policías y bomberos, listo para abordar su moto. Se jacta de llegar a las periferias de Caracas en pocos minutos si hace falta.

“Hay días donde no paramos” y otros “estamos todo el día y no sale nada”, explica su compañero Rodolfo.

En jornadas tranquilas atienden a la comunidad: desmayos, gripes y tensión alta son recurrentes entre vecinos, en su mayoría ancianos, que les retribuyen con saludos, agua y café.

Temblorosa, una septuagenaria se acerca al perímetro que marcaron los voluntarios con una cuerda amarilla, frente a una estructura rodante donde guardan material médico. “Es un ataque de ansiedad”, se escucha decir después de que le tomaran la tensión.

“A lo mejor una persona tiene solo un esguince (…), pero ese momento en que tú lo acompañas y le brindas apoyo, cambia vidas”, dice con orgullo Zully.

Caracas / AFP

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