Escasez de hortalizas genera dificultades alimentarias para los venezolanos

La imposibilidad de establecer las transacciones comerciales para la compra y venta de hortalizas, mantiene paralizada la movilización de unas cinco mil toneladas de diversos rubros que se cultivan en los municipios de montaña alta de Táchira y se distribuyen semanalmente hacia los diferentes estados del país, reseñó Norma Pérez de La Nación.

Robert Maldonado, productor de La Grita y defensor de los derechos de sus pares, dio a conocer una de las principales causas por la que se suscita este hecho y radica en que desde hace un mes no se realiza la bolsa agrícola en esa localidad, sitio de reunión donde concurren todos los domingos, los productores que tienen cosecha para ofertar y los comercializadores que son los que compran y se conocen como “ferieros”, por ser quienes transportan verduras y vegetales en sus camiones y gandolas hacia el centro del país.

Este encuentro garantiza las hortalizas que se van a distribuir los ocho días siguientes. La bolsa agrícola en condiciones normales reúne más de mil 200 personas entre productores, intermediarios y ferieros, que van a todo el país con mayor incidencia hacia la capital. Si no hay bolsa agrícola no hay distribución en la semana siguiente.

Baja producción

Con respecto a la producción, Maldonado aportó cifras significativas, que demuestran su descenso, y por ende el de la comercialización.

“Hace unos tres años estaban activos más de 2.500 camiones todas las semanas, esto puede verificarse a través del Instituto de Salud Agrícola Integral (INSAI) ente encargado de expedir las guías de movilización y a través de allí se encuentra la data para saber cuántos son los vehículos que salen semanalmente. Antes de iniciar la cuarentena, en el mes de marzo, salían aproximadamente 500 camiones de los municipios de montaña alta”.

A esto se suma la quiebra de muchos productores agrícolas, debido a la falta de insumos, crisis, hiperinflación, ya que sus rubros hortícolas no cubren la inversión, lo cual genera un considerable descenso en la producción.

La Grita es un centro de acopio de toda la zona de montaña porque allí residen un gran número de” ferieros”. Agrupa seis municipios; Jáuregui, José María Vargas, Francisco de Miranda Seboruco, Sucre y Antonio Rómulo Costa, Toda la producción se destina para acopiarla en los galpones de los comercializadores y después ser trasladada a los diferentes puntos de venta en toda la geografía nacional, donde se realizan las Ferias de Hortalizas.

Ante el decreto de estado de alarma nacional promulgado por el gobierno debido al COVID-19, el cual no permite que se realicen reuniones públicas ni aglomeraciones, se suspendió la bolsa agrícola.

Robert Maldonado señala que los productores están claros que es una medida para cuidar la salud de las personas, debido a que las reuniones los exponen a un alto riesgo de contaminación.

“ Pero también es cierto que en La Grita no hay casos positivos, y la pandemia se debe manejar desde diferentes puntos de vista, porque no es posible que nos manden a encerrarnos en la casa; hay muchos obreros que deben movilizarse, agricultores que deben llevar insumos a sus fincas y no solo es lo que se pudiese perder esta semana por falta de gasolina y que no se puede recoger, lo más grave es que las cosechas que están en tránsito también se van a perder y esto además del perjuicio para los agricultores, incrementará la escasez de alimentos dentro de dos o tres meses. No es solo que no haya gasolina, pues dejan por fuera la alimentación hasta de las personas que deben hacerle frente a la pandemia”, comentó.

Requerimientos

La dinámica para un municipio donde se recogían cinco mil toneladas de hortalizas semanales, tiene sus características propias, ya que exige una flota grande de camiones para ir al páramo, y cada camión requiere 100 litros de gasolina para cubrir el tramo correspondiente.

En estos momentos de contingencia, la Alcaldía del municipio Jáuregui estableció un centro de atención donde surten a los camiones con 20 litros y un máximo de 30 litros, lo que es insuficiente para recolectar las hortalizas que se producen en los páramos. El problema de falta de gasolina surgió cuando comenzó la cuarentena, ya que anteriormente existía un control social, donde estaba repartida de acuerdo a los gremios que la requerían. Se atendía al público y se dejaban once mil litros para los camiones de agricultores, y así se atendían 150 unidades con ese cupo.

Debido a que los agricultores no pueden pagar mano de obra, no hacen la recolección de la cosecha a sabiendas que no van a vender ni poder trasladarla al mercado. Los productos se pierden como el caso de las zanahorias que si no se arrancan siguen su crecimiento, envejecen y se rajan, las papas pueden llegar a pesar hasta un kilogramo, al igual que los calabacines y berenjenas; al cilantro le sale la flor; el repollo se explota y se pudre, y todos estos productos se vuelven no comerciales.

Prefieren dejarlos en la tierra para que se terminen de dañar en su ciclo normal de vida. Después cuando deseen volver a sembrar, solo tienen que pasar el arado. Esto genera el desempleo de muchas personas involucradas con el ciclo productivo, empezando por el sistema de comercialización, constituido por los ferieros. En el caso de éstos que transportan hasta cinco toneladas de alimentos, se usa gasoil, que tampoco se consigue en cantidades suficientes para llevar las hortalizas hacia el centro del país.

“Muchos prefieren no viajar porque exponen la carga y su vida, al quedar varados en la vía sin combustible bajo amenaza de ser saqueados. Por estas razones disminuyeron los viajes. Hay quejas por parte de ellos, que deben cancelar hasta 20 y 30 dólares en algunas estaciones de servicio a nivel nacional, para que les surtan de gasoil, incluso con los camiones cargados. Ahorita solo viaja un 10%. Lo grave de esto es que los agricultores no cuentan con un mecanismo alterno, para hacer la comercialización, entonces estamos todos atrapados en las unidades de producción, sin opción de saber quien requiere los rubros agrícolas para transportarlos”.

El combustible también se requiere para la producción: hay que movilizar la tierra, la semilla, los abonos a las fincas y tener todo lo necesario para comenzar a sembrar. También están los invernaderos donde se lleva la semilla para germinar y ser trasplantada para comenzar el cultivo. Después fumigar, trasladar alimentos para los obreros, y demás insumos. Eso para las cosechas en tránsito.

Necesidad de fumigación

La mano derecha del productor es el motor de fumigar, para que funcione se necesita gasolina y tampoco se cuenta con este recurso. Muchos agricultores decidieron trasladarse en moto, pero en estos momentos no se surte combustible a motos ni a vehículos particulares. Solo algunas emergencias y vehículos oficiales.

“Además de todo este proceso que está paralizado, no se consiguen los insumos, porque la frontera está cerrada y tampoco podemos desplazarnos de un municipio a otro.”

Aunado a ello la inseguridad que se genera en el campo, pues se han desatado los robos en los cultivos, se llevan las reses, los fumigadores y lo poco que conservan los agricultores”, agregó quien también es afectado.

La Grita, capital del municipio Jáuregui, está considerada el centro de distribución más grande del país. En su tierra se cosechan los alimentos que llegan al consumidor en las grandes ciudades venezolanas.

Productos frescos, de calidad y a precio accesible. Si no se busca una solución, en poco tiempo las mesas de los venezolanos estarán vacías.

La Grita / Norma Pérez / La Nación

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