Hung Ki Kim: ‘‘Siempre estaré con el taekwondo en cuerpo, alma y espíritu’’

El taekwondo fue una de las disciplinas que más creció en Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX, pues pasó de ser un deporte casi inexistente en el país, detrás de los tradicionales béisbol, baloncesto y fútbol, a convertirse en la segunda disciplina que más victorias le ha dado a la nación en los Juegos Olímpicos.

Tal mejora se le debe a una familia venida del Lejano Oriente, que huyendo de las vicisitudes de la guerra encontró en Puerto La Cruz un nuevo hogar para impartir clases del arte marcial que para muchos es un estilo de vida.

Hung Ki Kim, quien posee el título de Gran Maestro, es el principal causante de que el taekwondo venezolano se haya convertido en potencia dentro de la región, amén de ser uno de los mejores del mundo
durante la década de los 80, 90
y principios del actual
milenio.

De un lado a otro
Pese a nacer en Corea del Sur y vivir gran parte de su infancia en territorio asiático, Hung tuvo que partir al otro lado del mundo para instalarse en una zona tropical, muy diferente en clima al que ofrecía la península coreana.

‘‘Mi padre era un militar que estuvo en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra de Corea a principios de los años 50, mientras que mi madre era una ama de casa que cuidaba de mí, mi hermano y mis dos hermanas’’, contó sobre sus primeros años de vida, muy lejos de la que sería su tierra de adopción.

El primero en llegar a Venezuela fue su hermano Hong, que arribó al país en 1968. Él sería el fundador de la escuela que lleva su nombre, ubicada en Puerto La Cruz, y por la que muchos deportistas han pasado.

Hong hizo en Anzoátegui lo que hizo Howo Kan en Caracas y Cho Kon en Carabobo, convirtiéndose los tres en parte fundamental del taekwondo nacional. Con ellos llegó este deporte, que trajo la comunidad coreana, constituida por poco más de mil personas.

‘‘Un día mis padres visitaron a mi hermano y al parecer les gustó el lugar, la gente, el paisaje y la tranquilidad. Así que decidimos venir todos’’, recordó Hung.

El que se convertiría en la cara de su deporte en Venezuela tenía 11 años en aquel momento. Allí se encariñaría con el fútbol, el baloncesto y el tenis de mesa. Pero sabía que tenía que acompañar la misión con la que llegó su hermano: Difundir el taekwondo.

‘‘Como todo comienzo, es difícil. Hablabas de taekwondo en esa época y la gente pensaba que era una marca de zapatos. Sin embargo, tuvimos la aceptación de la gente, que luego se involucró y eso nos dio mucha motivación para conseguir esa gesta’’, comentó.

‘‘Queríamos hacer de esto un estilo de vida. Estábamos perfectamente conscientes de lo complicado de enseñarle a alguien algo novísimo. Pero hubo mucha curiosidad por parte de la gente en aprender cosas como defensa personal y la filosofía de las artes marciales. Queríamos que ellos fuesen campeones de la vida’’, añadió.

Hung Ki Kim fue uno de los pioneros en la enseñanza del taekwondo en Venezuela / Foto: Internet

Ascenso y consagración
Con la meta de inculcarles el valor de la disciplina a los jóvenes de Anzoátegui, Oriente y el resto de Venezuela, Hung Ki Kim, su hermano y la escuela se asentaron en la zona, gracias a los representantes, a los que califica como los ‘‘Héroes Anónimos’’.

‘‘Nosotros buscábamos que cada muchacho hiciera su actividad en los clubes, que esos clubes se convirtieran en asociaciones, y que ellas finalmente conformaran la Federación Venezolana, para que los atletas pudiesen tener una representación legal en los eventos internacionales’’, dijo.

Esa Federación, que actualmente preside, se logró fundar en 1984, y en los próximos años se vería el fruto de esa cosecha en los torneos continentales.

Tres años más tarde, en los Juegos Panamericanos de Indiana 1987, el taekwondo debutó en este tipo de certámenes.

Carlos Rivas ganó la única presea de oro para la delegación criolla. No obstante, las tres medallas de plata, una de ellas obtenida por Arlindo Gouveia, dejaron a Venezuela en el segundo puesto de la clasificación general, solo por detrás de la local Estados Unidos.

‘‘Los muchachos hicieron un trabajo titánico. Con ocho horas diarias de entrenamiento. Trabajamos para crear algo que no existía. Implicaba tener estatutos, código de ética y una serie de pasos que hicimos convencidos’’.

Una de las cosas que planteó fue que había que crear un estilo de combate propio para poder tener éxito más allá de nuestras fronteras.

‘‘Si copiábamos los modelos de otros países siempre iba a ser una copia. Les decía a los atletas que no sólo debíamos buscar la participación, sino que era necesario dejar una huella. La verdad estoy muy orgulloso de la forma en la que nuestros atletas se entregaron a partir de la fundación de la federación’’.

En los Panamericanos de La Habana 1991 la selección nacional conquistó dos preseas doradas, pues Carlos Rivas repitió lo hecho en Indiana y Arlindo se desquitó al subirse a lo más alto del podio.

Escena mundial
El taekwondo venezolano debía demostrar los éxitos continentales en un escenario de mayor trascendencia.

En Barcelona 1992, el Comité Olímpico Internacional (COI) permitió la participación de exponentes mundiales de ese arte marcial, aunque en formato de exhibición.

El desempeño criollo fue exitoso, con par de medallas. Gouveia se hizo con la de oro y Adriana Carmona conquistó el bronce. Aquel fue el punto más alto en la carrera de Hung como formador.

‘‘Fue un momento importante desde el punto de vista deportivo para el país, porque siempre me sentí en deuda con esta tierra que me acogió. Quería retribuirlo de alguna manera con trabajo y esfuerzo. Así que cuando sonó el himno nacional fue muy emotivo para mí’’.

Después de Barcelona cerró su etapa como entrenador y pasó a la dirigencia deportiva, presidiendo la Federación Venezolana de la disciplina.

Uno de sus mayores logros en los despachos fue hacer que en 2018, el COI reconociera los dos metales ganados en 1992.

‘’No creo que ello haya sido un esfuerzo. Eso fue mi deber porque eso era algo justo con ellos y con el país. Todos estamos muy contentos y orgullosos de lo que consiguieron’’, afirmó.

Además, tres citas después Carmona reditaría el tercer lugar en Atenas 2004 y la misma fortuna le deparó Beijing 2008 a Dalia Contreras.

En los tres últimos ciclos olímpicos la suerte no ha sido la misma, pues sólo clasificó a un atleta a Río 2016.

‘‘Eso fue doloroso para nosotros más que para ningún otro. Creo que con un poco más de preparación y atención seguro que los jóvenes estarían entre los mejores del mundo. Ello nos da ánimos para seguir luchando y retomar los resultados que tuvimos en otras épocas”.

Herencia
A pesar de ser un orgulloso ciudadano de la nación que lo adoptó, el otrora entrenador se mantiene apegado al lugar que lo vio nacer.

Durante el acto inaugural de la VII edición de la Copa Embajador desarrollada en el gimnasio Luis Ramos de Puerto La Cruz, recibió un galardón de parte del cuerpo diplomático de Corea del Sur.

‘‘Darme esa placa fue motivo de gran felicidad para mí y mi familia. Quedamos muy satisfechos con eso. Pero todo se lo debo a la gente que estuvo conmigo dentro del taekwondo venezolano’’.

Durante la Copa Embajador, recibió una placa de reconocimiento por parte del cuerpo diplomático de Corea del Sur

Docencia
Una de las facetas en las que se destaca actualmente Kim es el trabajo de formar a los nuevos talentos en la academia que guía.

Ese recinto se ha transformado en el epicentro del taekwondo en Anzoátegui y el resto del territorio nacional, puesto que desde esa institución parten muchas de las directrices con las que se rige este deporte en Venezuela.

‘‘Hacemos un gran esfuerzo por inculcarles a los alumnos disciplina y responsabilidad. Creo que si ellos las aprenden en esa etapa de la vida nunca se les olvidan, y quizás esa es una de las cosas que menos les gusta a los muchachos. Quitarle un poco la calle y el ocio’’, manifestó.

Muchos de los que han sido alumnos suyos han manifestado su agradecimiento con el coreano-venezolano, no solo por sus resultados, sino por los valores impartidos.

Carlos Rivas, Arlindo Gouveia, Ali Ziade, Adriana Carmona, George Kahakajian y demás representantes criollos en las épocas triunfales han sido guiados por el maestro.

La escuela Hong Ki Kim de Puerto La Cruz es uno de los semilleros del taekwondo en Venezuela

Una manera de vivir
Aficionado a muchos de las actividades deportivas tradicionales del país, nunca vaciló en dedicarse a tiempo completo a las artes marciales.

‘‘Las personas que me conocen y mis amigos, me dicen o me preguntan si el taekwondo es parte de mi vida y les repondo que no es así. Es la esencia de mi vida, y siempre estaré ligado exclusivamente a esto en cuerpo, alma y espíritu’’, aseguró.

Puerto La Cruz / Alejandro Jesús Fernández

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