Huir por las trochas hacia Colombia vuelve a ser una opción para los venezolanos

Denis Colina salió caminando de Valencia, estado Carabobo, el jueves 29 de octubre a las 4:30 pm. Su destino es la ciudad de Cali, Colombia, ubicada a 1.633 kilómetros de distancia.

De acuerdo con TalCual, Colina emprendió su trayecto acompañado de tres sobrinos menores de edad, sobre sus espaldas cada uno lleva un morral tricolor, y en sus pies solo uno calza zapatos; los demás van en cholas.

Es la segunda vez que Denis Colina abandona Venezuela en busca de mejores oportunidades. La primera fue en 2018 cuando partió a Bogotá. “Estuve siete meses y me regresé porque no me gustaba estar separado de mi familia, pero esta situación está demasiado fuerte y me toca salir otra vez a luchar por ellos”, dice el hombre de 37 años de edad, quien deja a su esposa, a sus dos hijos de 12 y 9 años, y a su mamá.

La historia de Colina y sus tres sobrinos es similar a la de los demás venezolanos que empezaron a salir del país en las últimas semanas. Según una evaluación rápida de necesidades del Grupo Interagencial sobre Flujos Migratorios Mixtos (Gifmm), el porcentaje de caminantes que ha estado cruzando por trochas para huir de la crisis venezolana en medio de la pandemia por el coronavirus y con intención de permanencia en Colombia pasó de 41% a 60%, entre finales de agosto e inicios de septiembre.

En este sentido, David Smolansky, Comisionado de la Secretaría General de la Organización de Estados Américanos (OEA) para la crisis de migrantes y refugiados venezolanos, afirmó en entrevista con TalCual que “las autoridades colombianas registran, hasta la fecha, aproximadamente unas 500 personas que están cruzando diariamente la frontera entre Venezuela y Colombia por las trochas”.

Alarmas

El ingreso de venezolanos por pasos ilegales hacia Colombia ha levantado las alarmas en este país y llevó a que se reforzara la seguridad en estos puntos, también para evitar que los migrantes se desplacen sin control en medio de la pandemia y causen problemas sanitarios como el de Pamplona, donde las autoridades colombianas aseguran que hay una emergencia sanitaria por falta de protocolos de seguridad y la acumulación de connacionales.

El Secretario de Fronteras, Asuntos Migratorios y Cooperación de Norte de Santander, Víctor Bautista, aseveró que en la actualidad “Colombia no está lista para atender el flujo migratorio como se está viendo en la carretera hacia Pamplona”.

Asimismo, el 14 de octubre de este año dijo que conversaron con la Gobernación del Táchira para solicitarle que comunicaran a lo interno de Venezuela “la situación de inconveniencia de entrada irregular en condiciones sanitarias sensibles y que logística humanitaria no está lista. No podemos atender irregularidad”, enfatizó el funcionario.

En referencia a los desplazamientos de venezolanos dentro del territorio colombiano, el comandante de la Policía de Norte de Santander, coronel Jhon Harvey Alzate Duque, indicó en rueda de prensa que “Colombia sigue siendo humanitaria para el tratamiento de la crisis migratoria, pero bajo condiciones legales”; por lo que aseguró que estarán verificando quiénes se están desplazando y a dónde van.

Los peligros a los que se enfrenta Denis Colina y los tres menores de edad que viajan con él no están solo en cruzar el río Táchira, que en los últimos días ha estado crecido por las lluvias, y pasar por trochas a Colombia. Comentan que irse caminando y pidiendo cola desde Valencia hasta San Antonio (unos 676 kilómetros) fue bastante dificultoso.

“El viernes nos conseguimos un grupo de tres personas por Acarigua (estado Portuguesa) y empezamos la odisea por todo el camino de Barinas que se nos hizo bastante difícil: en este trayecto conseguimos pocas colas, pero nos sirvieron”, relata el hombre, quien admite que gracias a las manos amigas que se encontraron en la ruta pudieron comer, pues van de mochileros sin nada de dinero.

“Estamos en la lucha de todos los días, dejando a Venezuela, pero hay que seguir”, susurra entre lágrimas Denis Colina, quien espera que una sobrina que lleva dos años viviendo en Cúcuta les dé hospedaje por unos días para descansar y continuar hacia Cali.

El recorrido que Denis Colina pudo haber cumplido en aproximadamente unas 10 horas en carro, lo cumplió en cinco días. El martes 3 de noviembre, cerca de las 6:00 de tarde, ya estaba en San Antonio del Táchira, cerca de adentrarse en los caminos verdes para cruzar a Norte de Santander.

Para Colina y sus tres sobrinos lo más fuerte de atravesar gran parte de Venezuela caminando. “Es el trabajo que uno pasa”, dice, sin poder contener el llanto. “Me duele dejar a mi familia, a mis hijos, a mi mamá, que se quedó bastante preocupada”, admite, y añade que se va por la situación del país: “Un sueldo no alcanza para nada, no rinde, no da abasto”, resume.

Denis Colina, quien viaja en cholas, reconoce lo arriesgado que es movilizarse por trochas. “Sé que el río está crecido y que es peligroso, pero todo normal. No tengo miedo de migrar con la pandemia, hay que ser luchador. Tengo la fe en mi señor Jesucristo”, confiesa, mientras sigue su andar.

Registros

De acuerdo con el último registro de Migración Colombia, actualizado el 31 de agosto de 2020, en su territorio hay un total de 1.722.919 venezolanos. La mayoría está de forma irregular (956.623) y solo 766.296 están de forma regular. Sin embargo, este número puede ser mayor, tomando en cuenta que “no es tan fácil registrar a todos los que pasan por las trochas”, expone Smolansky.

David Smolansky explica que la emergencia humanitaria compleja que atraviesa Venezuela, y que empeoró con la llegada de la pandemia por el coronavirus, ha llevado que todo tipo de ciudadanos salgan del país. “El venezolano que está huyendo lo hace porque no tiene comida, ni medicinas, ni servicios y busca atenderse y comer en otro país”.

También aclara que entre los que escapan de Venezuela hay perseguidos políticos, pues afirma que “la pandemia ha sido utilizada por Maduro para ampliar la represión y profundizar el control social. Hay quienes han sido amenazados por colectivos armados y por las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) y han tenido que huir en plena pandemia”.

Denis Colina confía en que el abuelo de sus sobrinos, quien los espera en Cali, le deposite dinero para los pasajes para así no continuar el desplazamiento dentro de territorio colombiano a pie. “Allá me están esperando para un trabajo. Soy partidario de meterle el pecho a todo: he sido carpintero, albañil, herrero, plomero; de todo un poquito”, revela.

Muchos de los venezolanos que retornaron a Venezuela cuando se inició el confinamiento en la región por el coronavirus, lo hicieron de forma temporal, pues consideran que en Venezuela aún las condiciones no son adecuadas para vivir tranquilamente. “Una vez que pase la pandemia, ellos van a decidir volver a Brasil o a Colombia, e incluso llevarse a sus familiares. Y ya está pasando, quienes regresaron en abril o en mayo ya están decidiendo retornar”, asegura el Comisionado para los migrantes.

Uno de estos es Denis Colina, quien antes de cruzar la frontera que separa a Venezuela de Colombia dice: “Pienso traerme a mis familiares cuando esté estable y cómodo”.

Incremento

David Smolansky y organizaciones de ayuda al migrante estiman que el flujo migratorio se va a incrementar cuando se abran las fronteras. Considera que “la estampida va a ser muy grande. Creo que los flujos diarios, semanales y mensuales pueden superar los que estábamos viendo antes de la pandemia”.

Antes de la Covid-19, unos 5.000 venezolanos cruzaban la frontera entre Venezuela y Colombia en busca de comida, medicinas, citas médicas y mejores condiciones de vida.

“No me sorprendería que ese número aumente 50% o se duplique después de la pandemia, con la gente desesperada buscando oportunidades en otros lugares”, sentencia Smolansky.

Caracas / Luna Perdomo / TalCual

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